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Sociedad
Elecciones EE.UU: Noam Chomsky y la política del "Mal Menor"

rescatado por Tonelli Club
 

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Un artículo en "el Guardian" del sábado informa que el ícono de la izquierda Noam Chomsky ha dado su "apoyo renuente al candidato presidencial del Partido Demócrata, John Kerry". El apoyo de Chomsky a Kerry está lejos de ser entusiasta. Describe la opción entre Bush y Kerry como una elección "entre dos facciones del partido de los negocios" y a Kerry como "Bush-light", apenas "una fracción" mejor que su rival republicano. Pero Chomsky plantea que la actual administración es excepcionalmente "cruel y salvaje" y "profundamente comprometida con el desmantelamiento de las conquistas de la lucha popular del último siglo sin importar los costos para la población en general". Concluye que "a pesar de lo limitado de las diferencias [entre Bush y Kerry] tanto a nivel de política interna como internacional, hay diferencias. En un sistema de inmenso poder, las pequeñas diferencias pueden traducirse en grandes resultados."

La aceptación de Chomsky de la lógica del "cualquier cosa antes que Bush" seguramente será influyente, pero en esta ocasión los argumentos que esgrime representan tan sólo una expresión de deseos en lugar del lúcido análisis político que lo hizo famoso. No hay ninguna duda que las políticas de la administración Bush son "crueles y salvajes", pero John Kerry (junto con la mayoría de los demócratas en el Senado) apoyó la mayoría de ellas, incluyendo la guerra en Afganistán, la "Ley Patriótica", la guerra en Irak, y la ley educativa "Ningún Niño Afuera". Como señaló recientemente Marjorie Williams en el Washington Post, "Kerry votó tantas de las principales iniciativas de Bush que para repudiarlas ahora sólo puede argumentar que estuvieron mal o deshonestamente 'implementadas' Esto se suma a una confesión de que su opositor lo transformó en un zoquete durante los últimos tres años. De hecho, alguien podría decir que Kerry es un pobre ingenuo por todas las formas en las que los congresistas demócratas se han dejado usar por la administración Bush."

La administración Bush ha empujado la política norteamericana fuertemente hacia la derecha, pero esto no representa una ruptura cualitativo con lo que vino antes sino una extensión y una continuación de las políticas "crueles y salvajes" llevadas a cabo por otras administraciones durante los últimos 25 años, tanto demócratas como republicanas. Los ataques de Bush contra las libertades civiles se apoyan en los de su anteecesor Bill Clinton, incluyendo la Ley de Pena de Muerte Efectiva de 1996 y la Ley Anti-terrorista (a propósito, apoyada por Kerry). Y mientras Bush por cierto se compromete a "desmantelar las conquistas de la lucha popular del último siglo sin importar los costos para la población en general", nada de lo que hizo hasta ahora en términos de política social puede compararse con la brutalidad con la que Clinton destripó el sistema de bienestar federal (otra vez apoyado por Kerry).

En términos de política exterior, las diferencias son aún menores. Las críticas de Kerry a Bush son completamente tácticas, como queda claro por demás en una reciente entrevista en la revista Time:

"Mire, estoy preparado para tomar toda acción que sea necesaria para proteger el país, y estoy preparado para actuar unilateralmente si hay que hacerlo," insiste Kerry, haciendo notar que él apoyó el uso de la fuerza en Granada, Panamá, Kosovo y Afganistán. "Pero hay una forma de hacerlo que fortalece la mano de Estados Unidos. George Bush ha debilitado la mano de Estados Unidos."

De hecho, Kerry quiere enviar 40.000 tropas adicionales a Irak, preconiza un "internacionalismo muscular" en la tradición de los presidentes demócratas del siglo XX (cuyo historial de política exterior fue por lejos mucho más sangriento que el de sus colegas republicanos) e incluso se niega a descartar las guerras "preventivas". Chomsky tiene razón al decir que "las pequeñas diferencias pueden traducirse en grandes resultados", pero esto opera en ambos sentidos. Kerry, por ejemplo, puede estar en una mejor posición que Bush para presionar por la reintroducción del servicio militar, de la misma forma que a un demócrata le fue más fácil llevar a cabo la "reforma" del sistema de seguridad social

Tomar decisiones sobre una elección presidencial en base a las diferencias insignificantes entre los dos candidatos de los grandes partidos termina siendo cosa de tontos. Quienquiera que gane en noviembre, necesitaremos a los movimientos sociales más grandes y más combativos en las calles para luchar contra sus políticas, pero cuando los activistas terminan siendo cooptados en el apoyo a los demócratas los movimientos se debilitan y a veces se destruyen. En 1964, cuando los republicanos nombraron al fanático anticomunista Barry Goldwater como su candidato, los activistas anti-guerra pensaron que podían hacer "la mitad del camino con Lyndon B. Johnson". Pero, como comentó el difunto Hal Draper en un artículo clásico sobre la política del "mal menor":

... usted conoce a todos aquellos que se convencieron de que Lyndon Johnson era el mal menor frente a Goldwater, que iba a hacer cosas horribles en Vietnam, como por ejemplo defoliar las selvas. Muchos de ellos han comprendido desde entonces que la bota militar estaba en el otro pie; y ahora se laceran pensando que el hombre al cual votaron "en realidad terminó llevando a cabo la política de Goldwater". (En honor a la verdad, esto es injusto para con Goldwater: él nunca planteó la escalada sostenida de la guerra que Johnson sí llevo a cabo; y más ciertamente, probablemente hubiera sido incapaz de llevarla a cabo con tan poca oposición como el hombre que podía hipnotizar simultáneamente a los liberales con la retórica de la "Gran Sociedad".)

"¿Así que quién fue realmente el mal menor en 1964?" se preguntaba Draper. "El punto es que lo desastroso es la pregunta, no la respuesta. En circunstancias donde la opción es entre un político capitalista y otro, la derrota la conlleva aceptar la limitación a esta opción". Lo mismo es cierto en 2004. La administración más liberal de los últimos 35 años fue la del republicano Richard Nixon, quien se vio obligado a responder a las rebeliones de los ghettos, huelgas salvajes y movimientos sociales radicales. Pero el papel histórico de los demócratas ha sido el de amordazar esos movimientos. Si elegimos a Kerry en vez de Bush, dificultamos más la tarea de hacer la única cosa que puede representar una diferencia para nuestro lado --construir un verdadero activismo en las calles.