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Ensayo literario
Mensaje

por Juan Diego Incardona
 

Pórtico Luna En el desierto ventoso del IX milenio a. C., cerca de un manantial, una mujer sale reptando de su vivienda circular. Se arrastra unos metros sobre el pedregoso suelo de Jericó hasta que finalmente muere, delirante de fiebre, bajo una estrella roja.

Unos instantes antes de morir en ese lugar y en un lugar del tiempo, varios siglos de lugares del tiempo antes de que la ciudad fuera amurallada y luego, en un rincón diáfano de los papeles santos, destruida por el sonido de la trompeta de un hombre que cobraría fama, la mujer tomó una pequeña piedra del piso, manchando ese polvo rígido con el ardiente sudor de su mano.

Cuando otros hombres de Jericó retiraron su cuerpo, la piedra quedó sobre su última huella, abandonada en las arenas.

Después de algunas guerras, algunos libros y algunas noches, en el jardín de una casa del siglo XXI d. C., un escritor jordano encuentra aquella piedra y se le ocurre un cuento. Se le ocurre escribir sobre una mujer que vivirá en el año 3.000 d. C. en una nueva colonia que la humanidad habrá instalado en Marte y que morirá, junto a otros, bajo el signo de una epidemia.

Después de algunos renglones, algunos ojos y algunos recuerdos, en el planeta Marte del año 3.000 d. C., una mujer sale reptando de su vivienda circular (mucho más aptas para el clima de Marte que las cuadradas o rectangulares). En la cuna de aquella civilización, la mujer, con los dedos hundidos en el suelo pedregoso y seco, cree reconocer un objeto húmedo: la piedra, manchada, la había encontrado.

Cuando otros hombres de la colonia retiraron su cuerpo, la piedra quedó abandonada en las arenas del pasado de Marte, lugar de la huella de un cuerpo, bajo una estrella azul.