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Ensayo literario
Eyaculaciones (Sexto flujo)

por Petronio Rafael Cevallos
 

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  • Nunca pasa la hora de un beso, me dijiste, sino que aumenta el deseo. También me dijiste: No hay nadie como yo; habrá alguien mejor o peor, pero nadie como yo

  • Sabor a nombre me sabe a Dios.

  • Algas en el agua son algo: un gato con espadas sin filo, son nalgas con paraguas, una espada sin pez, la Nada en vilo.

  • Tu nombre significaba Irlanda. Juntos volamos una noche sobre Los Ángeles. La ciudad iluminada y nosotros abrazados en el vuelo, en esta noche como aquélla, en otra vida.

  • Los ojos son los hijos y a la vez los padres del amor.

  • Los hijos son los ojos del amor.

  • Podrán borrarse tu presencia y tu recuerdo, pero tu nombre es imborrable.

  • Pequeña grande mía, nada existe: la punta del témpano, la profundidad del mismo, el gélido océano sideral; ni tu padre ni mi madrastra; aquí no hay nada; hoy no hay ni nunca habrá nadie sino dos. Ud. y yo.

  • La vida otorga a los seres nobles la vasta capacidad de amar, en una persona, a la humanidad completa y, entre toda la humanidad, a una persona especial, privilegiada. Ningún mediocre, ningún mezquino, ningún individuo anquilosado podrá jamás amar a la altura de los grandes espíritus. En un ser humano, lo más tenebroso es la incapacidad de amar, mientras que la capacidad de amar en grande es lo más excelso. Sin una formidable fortaleza espiritual uno jamás podría ni siquiera concebir, peor aun contener y soportar un amor sublime. El gran amor es exclusivo de las grandes almas, porque sólo ellas son capaces–no sólo de engendrar sino también–de contener y soportar la magnitud y el poderío de las grandes pasiones. Hay que estar en posesión de una mente de elevada lucidez y hay que ser grande de corazón, intenso de alma y noble de espíritu para ser digno de un gran amor.

  • El ser humano es el ser más inhumano de todos los seres.

  • Al regresar de Queens, mientras el carro se deslizaba bajo la nevisca, contemplaba las luces de la ciudad en la noche. Pensé que en algún punto estabas tú, que una de esas innumerables luces era la tuya. Esa luz, entre tantas y tantas otras, hacia la que me oriento, inexorablemente. En medio del trajín cotidiano, mi pensamiento te busca sin descanso y mi memoria, llena de gratitud, atesora tu imagen. No hay culpa para los que aman en grande. Me siento sereno, seguro, a la vez firme y tierno sobre todo lo que es esta vida que me ha tocado y que he escogido vivir. Alguna vez utilicé la metáfora del árbol de raíces profundas para describir nuestra unión. Fue una metáfora acertada y, por tanto, feliz; lo sigue siendo. Por igual, nuestra unión es añeja, como el buen vino; no es una improvisación, es una maduración y un proceso de búsqueda, un acercamiento a través del tiempo y el espacio, por encima de convencionalismos y prejuicios. Nuestra fuerza está en esta unión. Ella nos sacará adelante, nos llevará en sus alas, como el viento a la hoja. Me felicito por el solo hecho de haberte conocido y por saber que una de esas infinitas lucecitas en la ciudad inmensa está encendida para mí. Debes saber también que, humilde e incondicionalmente, la luz que soy yo, en esta y todas las noches que viva, jamás se apagará para ti.

  • Infiernillo de ladrillos rojizos, entonces ella. Creí haberla superado, pero aún está allí, tras las paredes de estas viviendas pequeño burguesas. El canto de los fidelísimos infieles, entonces yo. Cada palabra que cae, como un rayo, del cielo gris. Tardes, noches, entonces nosotros. Guarderías de adultos, largas sesiones de amor sin hartazgo; taxis, lecturas públicas, recitales, restaurantes, teatros, hoteles, el nido de ella; caminatas, calles y malecones; conversación interminable. ¿Dónde se esconden los corceles en celo? Un sí y un no, simultáneos. Un sí categórico de lunas compartidas. Un no insaciable. Un no a las distancias, a los soles separados. Somos simplemente eso: Un sí y un no, compenetrados. Así de sencilla y fatal, tu profecía se ha cumplido: Eres la encelada, eterna y sin remedio, de aquél que siempre será, para ti exclusivamente, el último hombre sobre el planeta.

  • Ameriquita.

  • Un vaso de agua: mi oración matutina.

  • La elíptica de la palabra que toca el módulo de tu cuerpo es igual a mí.

  • Tú eres el gran tema, guillotina; tu aliento de acero, filoso y helado, sopla en cada nuca impenitente. Sonrisa metálica despeñada, que nos deja sin cuerpo una cabeza sin pena y despeinada.

  • Tus buenos días serán mis buenas noches. No te argentines por mí, lágrima amiga. ¿Será belleza tanta verdad?

  • Lobo viejo se mete a fraile. Loba fea, a feminista.

  • Cule/arte. (Ahora y siempre.)