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Ciencia
Las "vacas locas"

por Fred Romano
 

Pórtico Luna


LA VACA LOCA

Detrás de este cómico apodo se esconde un mal temible que ha afectado bajo la forma de epidemia el ganado bovino inglés, y luego, a un nivel reducido, a otros países (Irlanda, Francia, Suiza, Dinamarca, Alemania, Portugal, Canadá, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Polandia y Liechenstein), provocando numerosos problemas de contaminación, actualmente sin soluciones, e involucrando a varias industrias. El origen de la contaminación ha sido identificada como alimentaria, pero parece que existen otras vías de transmisión. Aunque hoy en día disminuye, el número de animales afectados se eleva todavía a los 100 por semana (1000 por semana en 92), a pesar de las medidas de seguridad, las más estrictas que jamás hayan sido ordenadas a nivel veterinario, y de la interdicción del alimento incriminado. El problema por otro lado se amplificó mientras el mal saltaba la barrera de las especies, desde que en 1996 anunciaran la muerte de cuatro personas (34 víctimas, 12/12/98) de una enfermedad similar, debida a una contaminación por la EEB (Collinge, sept 97).

Sin embargo, la Encefalopatía Espongiforme Bovina o EEB no es una nueva enfermedad: existen relaciones (muy escasas) de casos ocurridos antes de 1985. De forma general, las encefalopatías espongiformes transmisibles (EET) "naturales" afectan a todas las especies animales, incluyendo al hombre, aunque se dan pocos casos. Son todas afecciones neurodegenerativas, demencias transmisibles caracterizadas por un mismo agente contaminante, el misterioso y poco ortodoxo prión. Una enfermedad rara y un agente infeccioso no convencional, son algunas de las razones que puedan explicar el desinterés de los científicos y la ligereza de las autoridades públicas, al menos hasta 1985. Este mismo año, en Inglaterra, se declaran los primeros casos de "enfermedad de las vacas locas" o EEB.

 

EL DESARROLLO DE LA EPIDEMIA

Empezó en el zoológico de Londres, entre animales exóticos. La extraña muerte de un nyala llama la atención hacia los rumiantes en general. Debido al muy largo periodo de incubación de la enfermedad (de 2 a 5 años en los bovinos), y la muy corta duración de vida de las "vacas de carne"(1 a 2 años), será entre el ganado de las "vacas de leche" (viven de 3 a 5 años) que se notará. (La enfermedad sólo se puede diagnosticar en cuanto aparecen las síntomas clínicos, en fase terminal). Los científicos ingleses actuaron y rápidamente determinaron la causa de la contaminación: se trataba de la alimentación, de las harinas proteinadas, fruto del reciclaje de los desechos de matadero, las FVO (sin embargo, no estarán prohibidas para el consumo animal y humano antes de julio de 1988). El hecho es que el gobierno de Magaret Tatcher había sido seriamente avisado por las autoridades sanitarias islandesas (1979) del peligro de usar estos desechos de carne, tanto en la alimentación humana como en la animal, especialmente en Inglaterra, debido a una enfermedad ovina, la scrapie. En este caso, ésta se fue "reciclando" entre los bovinos, comiendo desechos de bovinos que habían comido ovinos contaminados. Esta noción de "reciclaje" es muy importante en el transcurso de la contaminación inter especies, como si el prión necesitase estar constantemente "en contacto" con priones con el objeto de adaptarse a una nueva especie animal.

 

LA EXPORTACION DE LA EPIDEMIA

La práctica alimentaria a base de FVO, sin embargo, estaba en uso en Inglaterra y en numerosos países, sin que se declarase la enfermedad anteriormente. Hay que volver cinco años atrás para entender la situación. En ese momento, estamos en plena crisis del petróleo. El gobierno de Margaret Tatcher decide entonces bajar las temperaturas de calefacción de estas harinas, con el fin de ahorros en cuanto a presupuesto social (sistema de matanza). Las temperaturas de calefacción menores favorecieron al misterioso agente contaminante, y contribuyeron a la selección de una matriz de prión siempre más resistente. Poco antes, el ganado ovino en Inglaterra ha sido contaminado por la scrapie de forma masiva, debido a una vacuna (Looping-Ill) (1976). Sin embargo, esta enfermedad no es de declaración obligatoria y un numero incalculable de animales contaminados entra en la cadena alimentaria.

Estamos ahora en 1990, la ESB acaba de ser ordenada enfermedad de declaración obligatoria, y las FVO, prohibidas para la alimentación bovina (88). La leche de las vacas contaminadas sólo puede ser utilizada para la alimentación de sus propias crías (nov 89). Los despojos están prohibidos, primero para la alimentación 1er edad, luego para la alimentación humana (nov 90). Entonces ¿qué hará el Reino Unido de sus desechos de carne? Se plantea un problema económico: el reciclaje de estos productos es una verdadera industria, que permite al sistema de matanza sobrevivir de forma autónoma y que soluciona un enorme problema de desechos (les desechos de carne se cuentan en decenas de miles de toneladas diarias -por país-). Le Reino Unido rebaja entonces sus FVO, que vende a Irlanda, Francia, y otros países europeos. La EEB pasa entonces las fronteras. Los Estados Unidos se inquietan. El informe de la OMS resulta alarmante: establece la indestructibilidad del prión, y subraya que existe un riesgo de contaminación a otras especies (sin embargo, en este informe de 1991, ni la leche ni la carne están señaladas como peligrosas). No obstante, los productos derivados bovinos entran en la composición de numerosos productos de consumo corriente (medicamentos, vacunas, cosméticos, fertilizantes, preparaciones alimentarias, etc...). Prohibirlas significa paralizar un sistema entero. Y las autoridades inglesas se niegan a eso, gastándose millones de libras en campañas publicitarias clamando "El buey está sano!", o ridiculizando públicamente a los científicos que denuncian el peligro. Igualmente se niegan a reconocer que la enfermedad ha sido contagiada del ganado ovino, y intentan minimizar su papel (la scrapie sólo se volverá enfermedad de declaración obligatoria en 1993, cuando se sabe desde 88 que ha sido la causa de la EEB). La epidemia sin embargo se propaga, hacia otras especies, como los gatos (1990), contaminados por preparaciones alimentarias, o las ardillas, salvajes, población en torno de la cual es muy difícil establecer un seguimiento epidemiológico. También entre los rumiantes salvajes -ciervos-, entre los que varios casos han sido señalados en Estados Unidos, bajo el nombre de Chronic Waste Disease, o enfermedad de la defecación crónica.

 

UN VIENTO DE PANICO

Mientras en Inglaterra los casos de EEB se declaran a ritmo de 1000 por semana, la paranoia colectiva se extiende por el todo el país, el consumo de carne bovina está en caída libre, el curso del bovino se derrumba, los stocks se acumulan. Las escuelas intentan quitar la carne bovina del menú de sus comedores, pero el trust de la carne ejerce una fuerte presión. Las vacas sacrificadas llenan las cámaras frigoríficas del país. ¿Qué hacer con ellas? Algunos proponen echarlas al mar. Pero los científicos avisan: los peces podrían ser contaminados. Los ecologistas se oponen a la cremación. Resultaría una polución enorme: se trata de un millón de vacas muertas. Mientras tanto, ciertos científicos dimiten de su puesto, declarando que no pueden más con la indeterminación del gobierno y sus maniobras para minimizar el impacto de sus investigaciones. La situación resulta tan dramática en Gran Bretaña que la CEE ha de comprar decenas de miles de toneladas de carne con el fin de que toda la economía del país no se venga abajo. No se sabe lo que ha ocurrido con esta compra. A partir del 1991, la CEE, después de que otros estados miembros hayan sido contaminados, reglamenta, presionada por Alemana y Francia, países que preconizan un embargo muy estricto (que sin embargo no será adoptado por la CEE). Interdicción total de las FVO y despojos tanto en la alimentación animal como humana. Destrucción de las manadas contaminadas. Restricciones a la exportación de los bovinos vivos y de los FVO y despojos procedentes de los países contaminados. En fin, una discreta circular confidencial, tan reveladora como concisa: "... recomendación a los países miembros: arreglárselas para que este tema (la enfermedad de las vacas locas) no sea mencionado en la prensa... argüir que la prensa siempre exagera... intentar impedir que Gran Bretaña publique sus informes...". Es de pesadilla. Para proteger la industria de la carne, los funcionarios de Bruselas no han encontrado mejor solución que enmudecer a la prensa. Es decir toda la importancia de esta industria, discreta, casi invisible ante los ojos de los consumidores, es decir el peso del bovino (y sus subproductos) en nuestra sociedad post-industrial, frente a la cual hasta la salud pública no parece pesar mucho. Sin embargo, el Benelux está lejos de quedarse libre de sospecha en el asunto: entre estos tres países, y principalmente en Bélgica, se concentra el negocio de las FVO. Venidas de toda Europa, son centralizadas allá y luego vendidas en todo el mundo. Ahora bien ¿cómo diferenciar una bolsa de FVO inglesas de una bolsa de FVO españolas (país no contaminado)? Resulta imposible; hasta los funcionarios del ministerio belga de Agricultura reconocen su impotencia: sólo se diferencian mediante la etiqueta. En el 1997, aparecieron casos "inexplicados" de EEB en el Benelux.

 

LOS TRÁFICOS

A pesar de las prohibiciones, el negocio de las FVO siguió adelante. Las cifras del Office des Statistiques du Luxembourg muestran claramente que a partir de 1991 el tráfico, proveniente de los países contaminados (Inglaterra, Irlanda, y luego Francia) se orienta hacia los países no europeos: Brasil, India, Tailandia, Israel, Egipto, Taiwan, etc... Contactado entonces, el MAFF, cínicamente, reconoce vender estas harinas como fertilizante, y no se hace responsable del uso que se haga de ellas. En este caso, los servicios aduaneros de Tailandia contactados admitieron utilizar estos productos con fines de crianza :"...para desarrollar un ganado bovino moderno, como el vuestro..." respondieron ingenuamente, ignorando del todo el riesgo inherente a estas FVO, peligro que las autoridades inglesas habían evitado comunicar cuidadosamente a sus homólogos tailandeses. El problema resulta grave: si la EEB había podido ser detectada en animales de exportación ingleses en el Sultanado de Omán, ha sido gracias a su avanzada tecnología y sus servicios epidemiológicos y veterinarios competentes, lo que no es el caso de Tailandia, donde podrían así desarrollarse epidemias latentes de EEB. En un país en vía de desarrollo, ¿qué veterinario se preocupará de la misteriosa desaparición de un animal? Existen tantas fuentes de demencia en el fondo de la jungla… (las FVO inglesas no serán prohibidas a la venta como fertilizantes antes de abril 96). Se organizan otros tráficos, más negros aún: en Francia, por ejemplo, el tráfico de las placas de oreja. ¿Cómo transformar una vaca inglesa en vaca española (país sin EEB), y así devolverle un valor mercantil? Tan sólo cambiando su placa de oreja, la interpelada no podrá más que presentar este documento.

 

LOS ÚLTIMOS DESARROLLOS

El escándalo explota en abril de 1996, cuando en Gran Bretaña el periódico Daily Mirror, precediendo al gobierno, anuncia la muerte de una decena de jóvenes, debido a una nueva versión del SCJ. La situación resulta absolutamente anormal, porque ninguna de las víctimas no tiene más de cuarenta años. Por otro lado, otro índice turbador aparece durante la investigación epidemiológica: tres de ellos son ganaderos y han tenido casos de EEB entre su ganado. La cosa resultaba difícil de admitir para las autoridades inglesas, pero los científicos lo demostraron (sept 97): es la "enfermedad de las vacas locas" que se ha contagiado al hombre. Sin embargo, sólo se trata de un desarrollo lógico: el SCJ es una enfermedad "de prión", y el prión salta la barrera de las especies animales. Mientras más de cincuenta países prohiben la importación de bovinos y subproductos bovinos provenientes de Gran-Bretaña, y luego de Europa (Estados Unidos en 1997 incluyó en este embargo los bovinos vivos y sus subproductos provenientes de Europa, intra y extra CEE), en Inglaterra se deciden por fin a tomar medidas de seguridad extrema (en 1996, más de diez años después de que se haya declarado el primer caso de EEB), y todos los despojos animales quedan prohibidos tanto para la alimentación humana como animal, y ni siquiera pueden entrar en la composición de fertilizantes, o de cosméticos. La carne mamaria también será prohibida (no se reglamentará la leche). ¿Qué ocurre con todos estos desechos? No se sabe. Su masa impide que se quemen, por lo de la polución atmosférica, y también porque el proceso no resulta seguro del todo en el caso del prión: el residuo después de una incineración parcial podría revelarse más peligroso aún. En fin, los animales que hayan recibido más de dos incisiones profundas son declarados impropios para el consumo humano. La escarificación, práctica extremamente corriente en el ganado europeo, es susceptible de contaminar enfermedades "de prión", mediante el material utilizado (el prión resiste a todas las desinfecciones tradicionales), como la scrapie. Pero no hay que olvidarse de la verdadera meta de estas últimas medidas: en la actualidad, no se trata de sólo frenar la epidemia animal (que por otro lado no logra erradicarse), si no de evitar de cualquier manera que el verdadero drama se produzca: que el pirón encuentre la manera de "reciclarse" entre la especie humana.

 

¿MAÑANA EL HOMBRE?

Hoy en día, a orillas del 2000, cuarenta y seis personas han muerto oficialmente del Nuevo Creutzfeldt-Jakob (o nSCJ)(nov 98). Estamos lejos de las cifras anunciadas por los más pesimistas. Sin embargo, cuarenta y seis muertos no se pueden tratar como una anécdota. La nueva enfermedad está en progreso. ¿Se transformará en epidemia? Es lo que afirman los profesores Dealler y Lacey en Inglaterra. Citamos la inquietante experiencia del profesor Collinge, que demostró, después de haber "construido" ratones expresando la proteína PrP-c humana, que éstas eran hipersensibles a la EEB.

De entrada, la solución parece relativamente sencilla, puesto que hace mucho tiempo que no somos caníbales: en este caso, el peligro sería muy elevado si comíeramos hombres que hubieran comido hombres que hubieran comido bovinos contaminados. Entonces, con sólo apartar las causas de contacto con el prión bovino ya estaríamos a salvo, aunque el proceso sea costosísimo, aunque la eliminación de estos desechos sea dudosa (estos desechos -incluyendo medicamentos y vacunas- podrían ir a parar al Tercer Mundo). Muy cínicamente, Inglaterra, apelando en la corte europea de Justicia, intentará levantar el embargo (oct 96) sobre sus bovinos vivos, al menos hacia los países del Tercer Mundo "dónde la EEB no ha sido declarada", y conseguirá que se levante el embargo en torno a esperma y embriones (juin 96).

Sin embargo, el verdadero peligro en cuanto a contaminación humana no ha sido todavía apartado ni siquiera considerado, a pesar, una vez más, de los numerosos avisos de la comunidad científica. Se trata de la sangre. Es la transfusión la ocasión real para el prión de "reciclarse" en la especie humana. Peor aún, el prión no provoca, por su naturaleza, ninguna reacción inmunológica en el organismo infectado, y no se puede detectar en la sangre. El SEAC (comité de vigilancia del SCJ) aconsejó en noviembre de 1997 que el gobierno inglés vigilará los productos sanguíneos humanos. Sin embargo, no se ordenó ninguna reglamentación, desde 1986, fecha en la cual se prohibió la donación de sangre de las personas dementes. Asusta imaginar que anteriormente estuvieran autorizadas y da un vislumbre poco agradable sobre las prácticas hospitalarias, las cuales provocaron también el drama (86) de la hormona de crecimiento.

Pero hoy en día, la apuesta resulta algo más elevada: si el prión encontrara la manera de "reciclarse" en la especie humana, ya "adaptada" después de un primer contacto con el prión bovino, entonces tendríamos muy serios problemas. Problemas de los cuales se ha percatado la FDA (Food and Drugs Administration) estadounidense. En diciembre de 1998, ordena la devolución de un cierto numero de productos sanguíneos, derivados del plasma humano, por culpa de un caso dudoso de SCJ, en un donante de plasma de 30 años (Utah). El caso parece debido a una contaminación de CWD (Chronic Waste Disease). El asunto levanta dos angustias principales: que el prión encuentre la manera de "reciclarse" en la especie humana, mediante transfusión o cualquier otra práctica medica intrusiva, y, por otro lado, que una epidemia animal se declare en una población salvaje, imposible de controlar.

El coste estimado del asunto en el Reino Unido ha sido de 1 billón US $ (1998), cuenta pagada en gran medida por toda la CEE (70%), sin contar los gastos ocasionados por la contaminación en otros países.

Fred Romano@1999

www.ictnet.es/+rerafons/eet.htm