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Sociedad
Fórum Barcelona 2004

por colectivo Fotut 2004
 

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22 de marzo de 2004

El Fórum Barcelona 2004 se presenta a sí mismo con el lema “Un encuentro que moverá al mundo”. No es casualidad que el Ayuntamiento de Barcelona recurra al tema del movimiento. Ya nos han regalado otras veces con lemas publicitarios como “Tots movem Barcelona” o, simplemente, “Barcelona: no paris”. Los gestores de Barcelona tienen la obsesión del movimiento perpetuo, como ya adelantó el alcalde Clos hace algunos años al declarar que la población debía acostumbrarse al hecho de que la ciudad estaría permanentemente en obras. El movimiento continuo, la actividad imparable, la movilización de la ciudadanía, su implicación en el funcionamiento de esta máquina, parece describir hoy la idea que los gestores de Barcelona tienen en la cabeza.

El fascismo clásico fue un movimiento político construido en torno a la movilización total de la población. Se movilizaba a los ciudadanos en la consecución de los objetivos del régimen totalitario. El partido único, sus juventudes, el sindicato, las organizaciones de mujeres, el reclutamiento militar y laboral, todas las energías de la población se movilizaban. Y se movilizaban de manera consciente y premeditada hacia la muerte: la guerra, la expansión imperial, el exterminio de los diferentes, las purgas políticas. Todos los individuos debían estar dispuestos a sacrificarse por el estado totalitario, “hasta la última gota de sangre”, según decía algún himno militar. La movilización total de la población tomaba la forma de la fábrica de armas, del cuartel, del frente de guerra, del campo de concentración, y los ideales perseguidos eran ideales de muerte.

El fascismo postmoderno también se construye en torno a la movilización total de la población. Pero, a diferencia del fascismo clásico, esta movilización no se hace en torno a unos ideales de muerte, sino de vida. Se intenta movilizar a la población en defensa de unos ideales obvios difícilmente rechazables: la ecología, la diversidad, el diálogo, la participación ciudadana... El discurso cuartelero y chulesco del fascismo clásico ha sido sustituido por el discurso de lo políticamente correcto. Pero el objetivo es el mismo siempre: movilizar a la población, movilizar las reservas de energía para ponerlas a producir en la gran máquina de la economía. En los manuales y cursos de organización empresarial pueden leerse y oírse cosas del estilo: “es necesario reorganizar la empresa con el objetivo de movilizar todo ese potencial de energía, saberes e inteligencia que ocultan los trabajadores; se trata de que los trabajadores se identifiquen totalmente con los objetivos de la empresa y se impliquen en ellos totalmente”. Hoy la empresa trasciende los límites de la fábrica o de la oficina. Hoy una ciudad entera puede funcionar como una gran empresa, una gran empresa donde se borra la frontera entre el tiempo de vida y el tiempo de trabajo, donde cada instante de nuestra cotidianeidad añade valor al sistema económico. Una gran empresa a la que entregamos nuestros saberes y afectos, y a la que difícilmente podemos boicotear, pues los gestos de nuestra vida cotidiana reproducen y alimentan esta sociedad.

Barcelona es un campo de experimentación pionero en este sentido. Barcelona es una ciudad-empresa. No es un lugar para vivir, sólo, sino un centro de producción. Y no sólo un centro de producción de terciario avanzado, sino un lugar donde se ensayan las formas de la nueva economía de la producción inmaterial, nueva economía que pone todas nuestras vidas a su servicio. Ahora ya no sólo producen valor los trabajadores asalariados en su horario laboral. Ahora todos, trabajadores, parados, precarios, tanto los incluidos como los excluidos del sistema laboral producen valor en cada uno de los actos y gestos cotidianos de sus vidas, y se pretende que todos aportemos nuestra inteligencia, nuestros afectos, nuestros deseos, para alimentar y reproducir cada día este orden de tristeza. En esta ciudad, este diseño recibe el nombre de “la marca Barcelona”. Barcelona no sólo es un modelo de gestión de la metrópoli, no sólo es una ciudad-empresa que quiere poner a todos sus ciudadanos a producir, es una marca, y como tal marca debe publicitarse y venderse.

El Fórum Barcelona 2004 es el spot publicitario que intenta vender la marca Barcelona. La ciudad del diseño, la ciudad moderna, la ciudad de la paz, la ciudad del civismo, la ciudad de la participación, en fin, la ciudad de los negocios, donde la estupidez se puede convertir en dinero, y el dinero en más estupidez.

Tras la destrucción de las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, algún gestor municipal afirmó que el Fórum 2004 era más necesario que nunca. Evidentemente. La mentira era más necesaria que nunca. Tras la destrucción de las torres, se desveló la forma que adopta el Estado en esta nueva etapa: el Estado-Guerra. Nos han dicho que desde entonces vivimos en una guerra global permanente contra enemigos invisibles a los que genéricamente se llama terroristas, y terroristas podemos ser todos en el momento que convenga. Una guerra que, como dijo el vicepresidente americano Cheney, hemos visto comenzar, pero nadie que actualmente esté vivo verá terminar. Una guerra que no sólo transcurre en Afganistán, en Irak, o donde toque el próximo capítulo, sino que también vivimos en nuestra modélica y chupiguay ciudad. Todos vivimos una guerra cotidiana: la guerra de la precariedad laboral, de la soledad, de la tristeza, de la impotencia, de la especulación, de la persecución a los sin papeles, del control, de la videovigilancia.

La modernidad era una época que se caracterizaba por la fe en el triunfo de la razón humana en la búsqueda de un mundo mejor. Las utopías políticas, los grandes discursos emancipadores, la fe en el desarrollo científico-técnico, constituían un paradigma focalizado en un horizonte histórico de cambio y progreso. Las revoluciones francesa y soviética eran hitos de un mismo camino de avance hacia un futuro mejor: la humanidad, guiada por su sola razón, estaba embarcada en un destino histórico de continua mejoría y progreso, y sólo era cuestión de tiempo la construcción de un mundo mejor. Lo que caracteriza a la postmodernidad en la que hemos entrado es el fin de ese proyecto. Ya no se cree que la humanidad tenga un destino manifiesto de continua mejoría y progreso, ya no se cree que la consecución de un mundo mejor sea un proceso histórico inevitable. Los grandes proyectos políticos de cambio y transformación han muerto. Los horizontes de revolución han desaparecido. El capitalismo parece haberse instalado en una especie de eterna juventud y el sentido común nos dice a todos que no se ve venir ninguna alternativa creíble en mucho tiempo. El fin de la historia. Cuando algunos inventan el lema “otro mundo es posible”, es cuando se nos impone la íntima convicción de que no hay más mundo que éste. Frente a las luces de la modernidad, en la que la evolución histórica y sus etapas parecían estar claras y todo se veía iluminado con los potentes focos de las ciencias sociales y los proyectos políticos, estamos ahora en la noche, en una noche larga y gélida que no sabemos cuándo terminará. Pero esta noche necesita ser iluminada con luces de feria, pues los escaparates de las tiendas tienen que exhibir sus productos. Esta globalización armada necesita teñirse con los colores del arco iris para que resulte un poco más simpática. El Poder necesita construir un consenso social para proyectar la imagen de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. La revolución ya no es posible, el cambio social no es necesario, ya vivimos en un bonito mundo de colores. Esto es lo que viene a decirnos el Fórum Barcelona 2004.

Tres grandes ejes: paz, diversidad cultural y desarrollo sostenible. La paz: la paz es lo que viene después de la guerra, la paz son las condiciones que impone el vencedor. Cuando se negocia la paz, lo que se negocia es la rendición del que ha perdido. Pacificar un territorio, una sociedad, es controlarla hasta anular al enemigo. Barcelona se declara ciudad de la paz, es decir, ciudad pacificada, ciudad controlada, ella que es un campo de control, con sus cámaras de videovigilancia y su doctrina del civismo. El civismo es la versión barcelonesa de la paz del vencedor tras una guerra. El civismo es el catecismo del buen ciudadano, que se da por satisfecho con lo que tiene y acepta con una sonrisa bobalicona el discurso de la participación ciudadana promovido por un ayuntamiento que especula, desaloja y expulsa a sus ciudadanos más pobres.

La diversidad cultural. Una ciudad donde los inmigrantes sin papeles son acosados sin piedad. Una ciudad cuyo ayuntamiento de izquierdas organizó una cacería de inmigrantes por las calles de la ciudad para expulsarlos. Una ciudad donde se derriban grandes edificios para que los multiculturales inmigrantes no puedan okuparlos. Un país donde la gente se ahoga en el mar tratando de llegar a él. La diversidad cultural del Fórum es la celebración de un carnaval, el gran carnaval de las culturas, un baile de disfraces aderezado con platos de comida exóticos. Mientras, fuera del recinto del Fórum, fuera de la pista de ese baile de disfraces, los inmigrantes se esconden, malviven, mueren.

El desarrollo sostenible: la eterna juventud del capitalismo. El sufrimiento soportable. El capitalismo es crecimiento continuo, a una velocidad acelerada, intentando siempre conjurar sus límites. El desarrollo sostenible es la ciencia del cálculo de ese límite que conviene no traspasar: ¿cuál es la máxima velocidad posible de desarrollo capitalista antes de que el sistema explote? ¿Cuál es el mayor ritmo posible de acumulación capitalista, el mayor ritmo posible de realización de beneficios? Si traspasamos ciertos límites, si aceleramos demasiado la máquina, ésta estallará. Tal cosa no debe suceder, el capitalismo debe durar siempre, el capitalismo debe ser sostenible, y el sufrimiento que genera soportable.

En los panfletos publicitarios del Fórum 2004 se nos dicen cosas como “acontecimiento inédito”, “encuentro de diálogo y fiesta”, “contribuir a crear un mundo mejor”, “¿te lo vas a perder?”, “un espacio singular de nuevas sensaciones”, “actividades para todos los públicos”, “un lugar sorprendente, frente al mar”, “¡descúbrelo!”, “comprando antes tu entrada te saldrá más barato”. Por el contrario, la palabra capitalismo no aparece ni una sola vez. Nos dicen que este “encuentro” es para debatir cómo construir un mundo mejor, mientras nos dicen que si compramos las entradas por adelantado nos saldrá más barato... ¿Qué nos están vendiendo en realidad? ¿Se puede tomar en serio semejante carnaval? Ni a carnaval llega, pobre baile de disfraces para ocultar, tras una pantalla de luces de colores, toda la miseria de este orden de tristeza que nos quieren imponer.

http://www.fotut2004.org