corner
Archivo/Artículos
     
   
a
 


Inicio

 
Sociedad
¿Bioética? Métetela por donde.

por Johnny B. Goode
 

Pórtico Luna

Estos días se ha estado hablando mucho de bioética. Todo ha venido a razón del anuncio hecho por una empresa estadounidense de que habían desarrollado un proceso para obtener células madre de un embrión clonado.

Y claro, medio mundo ha puesto de nuevo el grito en el cielo ante tamaña transgresión. Que si han violado las leyes divinas y de la naturaleza. Que si se han arrogado el papel de creadores de vida, como un Frankenstein cualquiera. Que si se acercan peligrosamente a las tácticas reproductivas del nazismo... De todo.

Personalmente no tengo ningún problema con los que basan sus objeciones en argumentos religiosos o políticos. Allá ellos si deciden cerrarse al progreso científico. Quedarán como los menonitas o los amish, anclados en el pasado mirando con horror como el mundo sigue girando a su pesar.

Además, si tienen razón, si de verdad estamos quebrantando la voluntad de Dios, entonces supongo que recibiremos nuestro justo castigo, en esta vida o en la otra. ¿No?

Y respecto a las comparaciones con los nazis, bueno, es un argumento estúpido, pero no tanto como para no merecer una contestación. Como por ejemplo, recordar que también fueron los nazis los primeros en retransmitir unos Juegos Olímpicos por televisión, en volar a reacción o en desarrollar los cohetes modernos que harían posible el viaje espacial. Y no por ello hemos renunciado a esos avances.

No. Lo que de verdad me saca de mis casillas son esos individuos, algunos con formación científica, que se oponen a las investigaciones más prometedoras del campo de la bioingeniería en nombre de la bioética.

¡¿Qué carajo es eso de la bioética?! ¡Si hay algo que carece de ética es la vida! Es el juego más despiadado y cruel del mundo. Se trata de sobrevivir por todos los medios. No hay lugar para más consideraciones.

¿Piensa el tigre si es ético saltar sobre un antílope que está bebiendo en un riachuelo? ¿Piensa la vaca si es ético alimentarse de la hierba, un ser vivo como ella?

¿Piensa el espermatozoide si es ético que mueran millones de sus hermanos por ser más lentos que él? ¡Diablos! ¡Si cada eyaculación es un genocidio!

Pero por muchos expertos en bioética que haya, los espermatozoides seguirán compitiendo para llegar los primeros, los tigres seguirán saltando sobre acariciables animalitos indefensos ( si es que no han visto Bambi, ¡leches!) y las vacas seguirán causando estragos y pavor en las praderas.

De hecho, la hierba reirá la última. La vaca y todos le terminaremos sirviendo de adobo.

Y seguro que tampoco se cuestiona si es ético.


Probablemente se regocija pensando en el día que sus raíces se hundan en el cadáver en descomposición de su torturadora mientras esta la devora ignorante del destino que le aguarda.

¡Es muy dura, la vida!

Pero pese a ser algo tan obviamente contradictorio, la bioética avanza imparable en el frente ideológico. Hasta se han constituido cátedras de bioética en muchas universidades. En todo el mundo prolifera ese extraño espécimen, híbrido entre un hippie extraviado de Woodstock y un cura preconciliar que nos advierte que el camino de la perdición nos lleva de cabeza al fuego del infierno. Todo aliñado con ciertos tintes académicos.

Pero pese a sus pretensiones de ser una nueva disciplina científica, el discurso final es siempre el mismo y no puede ser más pobre: "Niños, cuidado con la ciencia, que hay unos límites que no se pueden pasar."

En su día se pudo oír lo mismo respecto de la energía nuclear, de la exploración del espacio o de los ordenadores. Incluso Cristóbal Colón tuvo que oír algo parecido.

Pero ha sido en el campo de la bioingeniería donde más éxito ha tenido este discurso apocalíptico.

Y es que ya tenían el terreno abonado por milenios de prejuicios religiosos.

Recordemos que todavía hay gente, como los Testigos de Jehová, que rechazan las transfusiones de sangre aún cuando peligre su vida, y que muchos católicos no aceptan el uso de ningún tipo de anticonceptivo. Porque según ellos, la vida y la muerte son cosa de Dios, y el hombre no debería interferir en sus designios.

La medicina siempre se ha topado con mucha resistencia ante cualquier avance. Ayer fueron los bebes probeta. Hoy es la clonación de embriones.

En Estados Unidos, el Presidente "Cara de Cuero" (el hombre que elevó la factura de la electricidad de la penitenciaria de Texas por las nubes) ha impuesto el bloqueo de la financiación pública a la investigación con células madre. Se permite la investigación con fondos privados, claro. Así, cuando dentro de muchos años, se obtengan resultados, sólo estarán al alcance de los más pudientes. Y los estados no podrán reclamar la extensión de los nuevos tratamientos a la población general porque no aportaron fondos a la investigación.

Ese es el verdadero objetivo de toda esa propaganda sobre la bioética. Lo sepan sus portavoces o no.

Nada va a detener las investigaciones. Se harán en un sitio o en otro. Nunca faltarán países dispuestos a permitir que se desarrolle en su territorio la industria más revolucionaria de la historia del hombre. Y nunca faltarán individuos dispuesto a invertir hasta el último centavo en la promesa de una cura milagrosa.

Si todo ello tiene alguna utilidad para la vida humana, no duden que prosperará. Verán proliferar los tratamientos con células madre, el cultivo de órganos para el transplante, e incluso los clones humanos.

No como los de las películas de ciencia-ficción, claro. No al menos hasta que se pueda madurar un clon hasta la edad adulta y programarle con los recuerdos del original.

Pero si que verán un padre y un hijo increíblemente parecidos. Salvo por, quizá, cuarenta años de diferencia de edad.

Y seguro que encima sale respondón.

- No, hijo. Tienes que estudiar informática para hacerte cargo de mi imperio mundial de sistemas operativos.
- Pero papá, yo quiero jugar al fútbol americano.
- Pero si eres un canijo con gafas. Como yo.
- Pues se me da muy bien en la X-box.