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Sociedad
11 de septiembre de 2001

por Darío Fo
 

Pórtico Luna

Lo que ha sucedido induciría al pánico, al silencio, a la desesperación.

El mundo ha sido golpeado por una enésima masacre cruel. Pero es necesario, aunque doloroso, hablar. Intentar comprender.

La primera observación que nos viene a la mente es el absurdo de que explote fuera de la televisión. Delante de este drama, el mundo se quedado atónito. Pero no todo. Las bolsas del mundo no se han cerrado ni siquiera un segundo, han continuado haciendo dinero, buscando beneficios salvajes. Además han intensificado el ritmo. La gente todavía gritaba agarrada a los rascacielos en llamas, antes de colapsar, y ya los grandes brokers gritaban en su celular: "¡Compra petróleo! ¡Véndelo todo! y mientras los títulos de acciones perdían el 10% en pocos minutos el petróleo subía a más de 10 dólares el barril y los astutos sacaban beneficio de miles de millones de dólares. Y mientras los presidentes de todos los países europeos se aprestaban a esgrimir sus condolencias, sus banqueros europeos chupaban decimales al dólar y finalmente el euro sangraba muchos puntos a su favor. Ninguno ha pensado en cerrar la bolsa por decencia y respeto a los cadáveres todavía frescos. La bestia feroz del capitalismo hundía feliz sus dientes en la carne de los muertos y fortunas instantáneas se han construido en pocas horas. Y no hay que asombrarse. Los grandes especuladores se sentían como pez en el agua en una economía que mata cada año decenas de millones de personas con la miseria, ¿qué queréis que representen 20 mil muertos de Nueva York?

Otra imagen que hiela: la gente por la calle, en los barrios palestinos, mutilados por la guerra civil, que festejaban la masacre. Gente que tiene un muerto en cada familia y que no es capaz ya de ver lo absurdo de la muerte, de cualquier muerte. El sistema de la violencia, de la explotación, del genocidio organizado de los indefensos genera insensibilidad a la violencia. Genera la lógica de la venganza. Casi cada día, desde años, los aviones estadounidenses bombardean el Iraq, matando mujeres y niños, con el pretexto de eliminar antenas de radar. Y la televisión occidental no se digna ni siquiera a reportar la noticia. Esta es gente basura, se mueren a miles por los efectos de los proyectiles de uranio que han contaminado su tierra, se mueren porque les falta la medicina a causa del embargo, en el silencio cargado de desprecio de los media occidentales. Las lágrimas de hoy de los comentaristas televisivos son vergonzosas porque siguen al silencio por decenios sobre crímenes del occidente cristiano. Es terrible pero es así: la desesperación genera la locura de la venganza. Una venganza que no sirve de nada, una venganza que llevará a otras masacres entre los desheredados del mundo.

Y atención: esta masacre horrenda de ayer, no ha sido realizada apretando un botón en el avión que vuela seguro a alta distancia. Aquí están decenas de personas que se han vuelto tan locas de suicidarse todas juntas para golpear a "los diablos blancos". Esta medida de la desesperación debería hacer reflexionar. Esta jornada de terror debería haber enseñado a los intelectuales de la fuerza del hombre blanco que no existe seguridad y paz para nadie en un mundo donde la masacre y la prevaricación son la ley. Ahora es un hecho. La tecnología moderna entrega hasta tal extremo potencias a los individuos que ningún sistema sofisticado de seguridad puede proteger. Ya no es posible, ni para los ricos estadounidenses, creer que se está seguro. No hay ningún lugar donde se pueda estar seguro. El perro feroz de la locura puede morder a cualquiera en cualquier sitio.

Los telediarios no se dan cuenta (idiotas) que los supercontroles de USA no habían impedido a los cuatro aviones de ser secuestrados para ser usados como bombas gigantescas y golpear los lugares más protegidos del mundo. No quieren entender que la tecnología moderna y la masificación incontrolable de las ciudades, ofrecen decenas de formas para hacer masacres. Este horrendo atentado ha ridiculizado la imposición de Bush de construir un escudo antimisiles. Hoy han usado aviones, ayer gas nervioso en Japón, bombonas de gas en Moscú... Mañana bastará gritar: "¡¡¡Hay una bomba!!!" en un estadio para provocar una masacre.

Un país moderno no puede garantizar la seguridad sin estrangular completamente la "vida normal" de los ciudadanos. No hay manera. Nadie puede tener millones de personas cerradas en casa. La única garantía de seguridad para el mundo rico es sanar la herida sangrante del hambre y de la opresión. Además se crea un humus social dramático que sólo puede traer la violencia más loca. Atención: no se puede decir, en este momento, quien ha armado la mano de los kamikaces. ¿Extremistas islámicos? ¿extremistas de la derecha americana? ¿sionistas locos? ¿quién sabe?

El atentado de Oklaoma, la mayor masacre terrorista hasta ayer, fue imputada a los terroristas islámicos y después se descubrió que era obra de terroristas blancos y fascistas que querían provocar una reacción antislámica. Se podría aún descubrir que detrás de la masacre de ayer están todas las facciones terroristas y todos los servicios secretos, unidos en el común intento de llevar a la sociedad civil al caos...

Una cosa es cierta: independientemente de quienes hayan sido los ejecutores materiales de la masacre, esta violencia es hija legítima de la cultura de la violencia, del hambre y de la explotación inhumana. Esta violencia, estos muertos, hacen inmensamente felices a aquellos que han ganado millones de dólares en pocas horas especulando sobre el precio del petróleo, los mercaderes de armas y los dirigentes terroristas les brindan una borrachera de felicidad, junto a los generales y a los almirantes, cansados de esta paz que se insinúa y amenaza cada día al estado de guerra mundial y a los beneficios hechos sobre las minas antipersona. Mañana los cazas bombardearán cualquier pueblecito perdido matando civiles desarmados con la excusa de hacer justicia de los culpables y el loby de las hienas empujará para dar dignidad a los gastos militares. "¡Los Estados Unidos deben responder inmediatamente a esta agresión!" Gritaba un cretino de la calle y sus palabras han estado relanzadas por miles de telediarios en todo el planeta. "¡Represalia!" grita Bush, el verdugo de Texas. Golpearán, harán 10 muertos con la piel aceitunada por cada cadáver blanco. Y alguno propondrá de reaccionar con manifestaciones de plaza y de nuevo la policía matará. Debe quedar claro a todos que este es un momento gravísimo.

Es una nueva forma de guerra rastrera y astuta a la cual nos quieren llevar. El partido de la paz solo tiene una posibilidad: continuar con terquedad trabajando con los instrumentos de la paz. Afirmar con toda la fuerza posible que poseamos y es necesario sacar nuestro apoyo económico a las multinacionales de la muerte. Hoy más que nunca la elección individual de millones de personas es el único instrumento posible, la única estrategia ganadora. Sacamos nuestros sueldos de los bancos que financian la economía del dolor, paramos de comprar el carburante de la Esso, los productos de la Nestle, paramos de beber Coca Cola, de comer Mac Donald's, convertimos nuestros coches a aceite de colza y de gas, metemos nuestros ahorros en fondos de inversión éticos, abandonamos los seguros aliados del sistema de la muerte, no compramos coches de quien produce minas antipersona, no compramos bambas de quien tiene en esclavitud a niños, no comemos la comida de la química, abandonamos las marcas de la cultura del provecho a cualquier precio.

En este año hemos trabajado con éxito para demostrar que es posible aunar el consumo, los ahorros, tener productos mejores y, al mismo tiempo, boicotear el mercado de la muerte rechazando entregar nuestros sueldos a su molino. Hoy esta elección no es ya solamente justa y conveniente, si no que también urgente e inaplazable. Te pedimos de hacer un gesto, rápido, ahora. No hay más tiempo para repensarselo. La locomotora del capitalismo salvaje está acelerando su velocidad, apuntando con determinación absoluta hacia la guerra y la destrucción del planeta. La única posibilidad y cortar la provisión de carburante. Rápido. El mundo está gobernado por el dinero. Los sueldos son el único argumento al cual las potencias son sensibles. Dale una posibilidad a la paz. Rápido. Empieza tú. No esperes que lo hagan otros. Cada lira que no entregas a los señores del mundo es un respiro que regalas a la humanidad. ¡Vota cada vez que haces la compra!