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Ensayo literario
No es por joder la marrana.

por Raquel Mateos
 

Pórtico Luna

No es por joder la marrana, pero hay ciertas inversiones de valores en nuestra sociedad que son para asustarse: cada vez se malcría más a los niños y se trata peor a los ancianos, y cada vez despreciamos más a los seres humanos y amamos más a nuestras mascotas.

El ser humano desde que lo es, siempre ha observado el comportamiento animal, admirando sus cualidades, y siempre ha sentido la necesidad de domesticarlo en todo tipo de culturas. El animal, por su parte, lo capta de alguna manera y modifica su comportamiento, estableciéndose una relación entre ambos. Ejemplos hay espectaculares: desde las llamadas tribus del ‘reno’ o los hombres del desierto que se vuelven nómadas para seguir al dromedario (¿podemos hablar aquí de ‘domesticación o de simbiosis?) hasta los monos adiestrados para recolectar cocos o los halcones para cazar. Se establece entonces una relación más sutil y sincera entre el animal y ser humano, una comunicación basada en el contacto visual y en el tacto a través de la caricia. Se establece entonces una relación más pura y de respeto que la que se produce entre los hombres, acostumbrados a enfadarse entre ellos y a agredirse.

¿Pero qué sucede ahora? Pues que es muy fácil perder el respeto. Un gato te ve como un compañero de piso, y un perro como su amo, y un pájaro como ese bicho raro enorme que le mira con cara de tonto a través de sus barrotes...y si hablamos de lo que nos quieren los peces a los humanos...y la vacas, y las gallinas...en fin, lo que pasa es que hacemos de un animal que en la naturaleza es independiente, lo hacemos dependiente. Os cuento para ilustrar:

Mi gato, un enorme gato gris medio angora muy mono y muy cariñoso desde que mi madre lo llevó a castrar tras su primera correría importante (el bombero lo tuvo que bajar del árbol) caza ratones y pájaros, pero luego juega cruelmente con ellos. No sabe lo que hacer con ellos, cuando debería salir ahí el instinto suyo y decir 'comida'. Pues no, es que le gusta más la latita de Whiskas o Friskies. Y bueno, con ganas de domesticar animales nuevos nos quedamos, que la maravillosa ingeniería genética ya crea desde hace tiempo razas de mini perrillos caprichosos que no pueden vivir sin el hombre, conejillos de Indias varios para que los todopoderosos niños los aplasten y traten con crueldad ante la mirada atenta de nadie porque si para algo se lo compraron los padres era para que el niño dejase de chillar y los dejase tranquilo (como los pollitos pintados de las ferias)...y todavía peor aun: de parejas que quieren hijos para criarlos mascotas, bien altos, inteligentes, guapos...a la carta, que se podrá en el futuro, si ya nos lo están diciendo... y nos acabaremos comiendo a los ancianos en lata, como en una película futurista que vi de pequeña en la tele con Charlton Heston el de Ben-Hur, y no veáis la impresión (lo curioso es que no la volvieron a programar) Y yo con mi gato me llevo bien, juego y le hago creer que yo soy un gato, pero no se me ocurre humanizarlo (mi madre si) sólo lo alimento y respeto su espacio y su voluntad. Al fin y al cabo, es un gato, y los gatos entre sí no se van achuchando entre ellos, si los observas en un granero o en un pueblo donde sean muchos, su lenguaje es bastante más sutil. Luego los hay que tienen mucha mucha suerte, que se pueden permitir el lujo de deprimirse. Pero claro, el ser humano primero domesticó animales para que le ayudase en las tareas del campo o para cuidar el rebaño, pero luego domesticó otros animales para que sustituyesen a personas, y en unos casos es genial, un claro ejemplo son los perros lazarillo). Y también hay perros adiestrados para atacar, y para encontrar hachis para la policia, los hay que nacen enjaulados en pos de la ciencia...en fin, que no dejan de ser usados para los fines del hombre, no se les deja existir según su naturaleza. Y la depresión es una dolencia del hombre, no de los gatos. Será que a mi me gustan los animales, pero no las mascotas, o será que veo a veces expresar un cariño exagerado que un animal no pide mientras que no nos atrevemos a expresar lo que sentimos por otras personas. Claro, es mucho más facil achuchar a un gato, sin tener en cuenta que hay cariños que matan.

También tengo una perra, con la que no me llevo muy bien porque de pequeña se me cayó de los brazos y se golpeó la cabeza y me mordió años después. Y en mi casa me acusan a mí de su pretendida locura, cuando en realidad es que tiene la rebeldía innata de los chuchos de pura raza con cierto aire de podenco, delgaducha como es, que a pesar de la lesmoniosis que tiene ya tiene cerca de 14 años (inconvenientes de vivir en el campo-perdón, zona residencial acomodada). Aparte algunos pequeños traumas más con los animales, nunca comparables a los quebraderos de cabeza que me han causado muchas personas.

La verdad es que mis relaciones con los animales han sido raras. Donde vivo, cerca del río, abundan las culebras, muy canijas, pero culebras, de agua y de tierra que las he visto de las dos. Y cuando era pequeña, , me salió de una pila de ladrillos una, delgadilla pero temible, que se me puso de pie sobre la pila de ladrillos, que me llegaba por el pecho, hasta la altura de mis ojos, me miró fijamente y me sacó la lengua bífida y luego desapareció. Me quedé, hasta que desapareció, inmovilizada. Hipnotizada hasta por una culebra, que me persiguió desde entonces. Otra anécdota es la afición que han tenido las urracas de por aquí en cargarse a los canarios de mi madre aplastándolos contra los barrotes de las jaulas, por lo menos se han comido así tres o cuatro. Y durante dos o tres años seguidos, unas avispas se han empeñado en hacer su nido de avispas en mi ventana (esas si que me dan miedo). Y también tenemos un nido de murciélagos en el tejado de casa, pero los murciélagos me caen bien, se comen los mosquitos. Y en verano, tengo una lechuza blanca, que si le apetece y está tranquila, cruza hacia los árboles que habían en la calle (ahora están todos cortados) extendiendo sus enormes alas. Y tengo una señal en la pierna que yo creo que es de la mordedura de una araña.

Y además de animales domésticos y salvajes, he conocido muchas alimañas, pero como dice mi padre, con los que hay que tener más cuidado, son con los perros de dos patas.