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Miscelánea
Frivolidad y morbo

por Víctor Roura
 

Pórtico Luna

Diario "El Financiero" Jueves, 28 de febrero de 2002

Ahora, la televisión, empeñada en explotar hasta la hartura la frivolidad y el morbo, se dedica a crear (que, en su caso, es una palabra inaceptable ya que crear nos remite, aunque vagamente, a una idea de la creatividad, de imaginación febril y desbordada: los artistas son los que crean, no los comerciantes, que están dedicados a inventar, no a crear, artículos para el consumo de un determinado público _y que a veces, es cierto, conllevan algunos beneficios, siempre temporalmente, a la población en general), o, mejor dicho, a hacer programas masculinizados para el jolgorio resignado de la audiencia femenina, siempre receptiva a estas novedades. No de otro modo podría entenderse, por ejemplo, una serie, tan vulgar e incluso obscena, como la del cómico nunca humorista Adal Ramones, cuyos albures los entienden los hombres pero se carcajean las mujeres, que son el blanco, finalmente, de todos sus rollos: la figura femenina, y lo que ésta conlleva de vulnerabilidad, es el punto de mira de sus chistes y de sus trivialidades, que le festejan, paradojas electrónicas, precisamente las mujeres. Jamás la mujer había sido tan persistentemente rebajada en su calidad de ser humano como sucede ahora en prácticamente todas las emisiones televisivas, donde el albur y el cuerpo grácil femenino son los elementos clave para la búsqueda desesperada del meritorio rating. Tan así están las cosas que ahora se debe soportar, si se quieren ver, digamos, los resultados y los goles de los partidos de futbol de la semana, a una mano de un alburero suspicaz a la que han denominado "Compayito" que ya ha empezado a mezclar el doble sentido, ya sin finura ni ingenio, en un deporte que, por lo menos en México, ha caído en la franca ambigüedad del espectáculo suntuario: ya ninguna oncena baja a la segunda división por pésima que sea, los jugadores cobran cantidades insultantes por dejarse televisar 90 minutos a la semana, el futbolista es una "estrella" fugaz más del orbe electrónico aunque sea incapaz de tirar con acierto un definitivo penalti. Ahora, el futbol también necesita de hondos albures para captar audiencia. ¿Qué habrán pensado los atletas alemanes o los holandeses cuando veían, horrorizados, ahí en la estadounidense Salt Lake, que el "locutor" de México estaba representado por una "mano" que se dedicaba, si bien veladamente, a "hablar" de sexo en cada una de sus intervenciones estelares? No en vano México está hundido en los abismos del no sé qué ínfimo grado del submundismo. Sexo y desmadre: los dos factores esenciales del éxito televisivo. Por algo también ya en la síntesis deportiva (por lo menos en Televisa, ya que en Televisión Azteca siguen subsumidos en los alaridos irrisorios e insufribles, pero básicos e insustituibles, de su pedestre periodismo, a la manera de David Faitelson) han incluido a dos jóvenes que, muy al modo de los estúpidos programas de MTV como Jackass (¡y se ufanan de ser tan estúpidos!), se exponen a los ridículos con tal de captar a una audiencia masiva: hace unos días se dejaron amarrar de los brazos y las piernas y fueron colgados en el poste superior de la portería y, en seguida, entre risas e insultos, fueron golpeados arteramente con los balones de futbol pateados por unos alebrestados y relajientos jugadores del Toluca. Y luego aparece el "Compayito" albureando a quien se deje, que son, a final de cuentas, todos aquellos que ya tienen un lugar ganado en la televisión. ¡Y luego escuchamos, con su solemnidad habitual y su discurso permanentemente moralista _contradictorio e incongruente, después de todo, pues ellos son, sin duda, comerciantes al fin, los avalistas, supervisores y exoneradores de su vulgar y afiebradamente morbosa programación_, a los presidentes tanto de Televisa como de Azteca hablar de rigor televisivo y de cultas libertades de expresión! Las mujeres parecen no darse cuenta del uso peyorativo del que son víctimas en las emisiones cotidianas: objetos manipulables, decorado visual, suculencias manuales, ornato sexual, lenguaje cifrado del albur. Big Brother ya comienza a transmitirse este domingo por un canal de cable de Televisa, pero previamente una mujer como Adela Micha, considerada "de avanzada" en dicha empresa (¿es que no es posible sostener un criterio individual en esa televisora _y en ninguna otra_ como para poder negarse a participar en lo que interiormente no se está de acuerdo?), ya venía subrayando los logros de esta emisión, cuya prioridad estriba, por supuesto, en la deseada intimidad de los participantes, obviamente ya domesticados y educados para tal fin (¿pero hay alguien que se crea que van a actuar con libertad dentro de su encerrona?): el asunto es ver cómo los concursantes (no dude el televidente de los cuerpos rebosantes de las mujeres) se ligan, o se pelean _no estaría mal ver unos cuantos puñetazos y oír algunos insultos y mirar gandalleces a diestra y siniestra, todo en un ambiente de escenografía familiar. Para ello Televisa elaboró, con paciente antelación, algunos comerciales antes del comienzo de su gran show: se mira a un hombre que, concentrándose en lo que va a hacer, sale desnudo a la calle, con lo que la empresa televisora nos está diciendo, con claridad (y aquí no hay vuelta de hoja), que de lo que se trata es de contemplar la desnudez, mirar los cuerpos desnudos a la hora de bañarse, de ir al baño, de nadar en la alberca, de acostarse y de, gulp, mirar escenas _si bien con velada suspicacia de censura controlada por los ágiles productores_ de actos de amor, que para eso van a estar ahí los jóvenes (bonitos seguramente, rozagantes, modernos), para tratar de conquistarse en un lapso de tres meses. Y es evidente de que van dispuestos a todo. Aunque la empresa no lo diga, es obvio que han tenido sesiones para hablar sobre el proyecto: lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Las mujeres estarán dispuestas a exponer y ceder su intimidad, al igual que los hombres: si en las telenovelas las mujeres hacen lo que les piden los productores, ¿por qué no han de hacerlo estos jovencitos que han crecido mirando toda su vida las telenovelas y los programas de Televisa?

Ya veremos cuántos de estos participantes van a pasar a formar parte del plantel establecido de Televisa: todo depende de sus inhibiciones y sus entregas al "arte" de la actuación (porque este Big Brother efectivamente es un calculado programa de actuaciones íntimas, en el mismo plano en que se actúa en esa televisora: mediocremente, sin más talento que el de la belleza física, si acaso ésta la consideramos como una forma, aunque de puro soslayo, de talento _si bien involuntario). Big Brother carece ya de la gracia de la que se ufanan sus productores: el morbo _a través del legalizado voyeurismo_ es el inciso fundamental para llevarlo a cabo, y éste no es un signo, de ninguna manera, de una televisión inteligente. Si Adela Micha se ha empecinado (y si ella es ahora, como se dice con singular persistencia en las atmósferas de los medios electrónicos, la muestra más representativa del feminismo más agudo y perspicaz de la pantalla casera, no quiero imaginarme la estatura cerebral de las otras) en subrayar que B ig Brother _con su nombre original en inglés para que no haya sombra de dudas del talento creativo de la empresa mexicana_ es algo así como el reto de la convivencia colectiva, no hace falta agregar que no es sino un debilitado alegato en la búsqueda escandalosa de los financiadores del programa. Porque no es cuestión de conservadurismo, ni de prejuicio ancestral, mucho menos de moralismo esquivo (¡en estos tiempos mirar a una mujer desnuda es como mirar un tatuaje exótico en el pecho de un darqueto desmadroso!), sino de, simple y sencillamente, una nostalgia por el extravío del buen gusto, del decoro femenino y la vergüenza masculina, de la ética huida hacia quién sabe qué recoveco de la miserabilidad humana.