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Ensayo literario
La Alien-Hada. Quien se la lleva para escribir un libro

por Raquel Mateos
 

Pórtico Luna

La Alien - Hada. Quien se la lleva para escribir un libro.

Pues resulta que después de ver su propio reflejo en aquella gran bola lo olvidó todo cuando la dejó caer. Aunque quizás alguien aún recuerda aquella gran masa de agua que salió de la nada tras un reverberante sonido de cristales que se rompen multiplicado por mil, que inundó, invisible — mente, los túneles del Metro. Porque ella no.

Pero siguió con su Vida Normal tras los cristales de los trenes como si nada. Tan solo una extraña Tristeza echaba Raíces en el aire cuando se le erizaba el pelo, provocando desajustes en las puertas de los trenes al enredarse en sus mecanismos, en aquellos trayectos en los que se quedaba dormida con el pensamiento de-que no hay nada más ordinario que la impotencia de sentirse culpable por llegar tarde sin querer (¿¿Querer??), por no poder dejar de pensar que de lo Inconsciente también se puede pedir cuentas.

Y hoy se ha dado su Fiesta particular como quien se mete un bombón en la boca. Después de llegar deliberadamente tarde a todos los sitios sin que en realidad quisiese, tropezarse tres de cada cuatro pasos que daba al revés, y hacer recordar a todo el Mundo que llegaba tarde como la Liebre de Marzo (que de lo tarde que se cree llegar lo va a hacer en Agosto con las Braguitas del Conejito de Play Boy puestas en la cabeza), se ha ido al Retiro a gatas entre los arbustos de un Martes, y ha visto cómo el ángel Caído de la Fuente se dejaba caer gustosamente mecido por la Gravedad y el Viento en el regazo de tres niñas que se maquillaban con el maletín de la Srta. Pepis, dejándose la cara de muñequitas rusas unas dentro de las otras (la Piedra a la Vida). Y con el aire que hace se cree capaz de liarlo, la muy ilusa... y en su mareo otra vez se ha perdido, ¡Ostras!, deliberadamente, sin querer, y tratando de reconocer el Camino, ha rodeado un Gato negro que estaba muy quieto y muy cerca de un tronco de árbol, por si acaso, con aire que se le antoja un tanto Su-Pers-Ti-Cio-So. Y con lo dada que es a los rodeos, se ha rodeado el Madrid Imperial para no tener que entrar en la Estación por la Puerta de Siempre, y se queda dormida en el tren con el aire crujiente de la Oruga al morder una tierna hoja de Lechuga.

Y en la ineludible Siesta luego ha soñado con seis Urracas gigantes que la miraban como si ella también lo fuera, y un Mirlo negro de pico naranja butano que insistía en ser el centro de los Cuatro Vientos bajo aquella Nube negra de Tormenta, y no había Dios que lo callara de lo imposible que era hablar más alto. Y entonces vuelve la pesada cabeza hacia la almohada y se pregunta cómo aún hay gente que se sorprende cuando les dicen que en Nosecuantos Nosequién se ha encontrado un Sistema Solar Paralelo a éste, qué ingenuidad, con los tiempos que corren, en los que sólo falta que a los municipales les dé por multar a la Naturaleza por ‘Creación Ilícita y Tenencia de Plantas Prohibidas’ y en los que engrosar el Registro General de Rebeldes Civiles se podría considerar como un Acto Romántico con Mayúsculas.