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Sociedad
La lucha por el socialismo en la actualidad

por James Petras
Traducción de Jorge Capelán para Rebelión
 

Pórtico Luna

Una discusión acerca de la lucha por el socialismo hoy en día debería comenzar por ver qué es y qué no es el socialismo. Es importante tener claridad política acerca de las falsas alternativas, así como de los componentes básicos de una sociedad socialista. Este ensayo abordará el asunto analizando críticamente tres de las ideologías antisocialistas más influyentes que se dicen abogar por una izquierda renovada y proponen un enfoque socialista alternativo. Este análisis seguirá con una discusión de la vía militante al socialismo y una crítica de las ilusiones que rodean a la política electoral. La última sección se centrará en la discusión del contexto mundial actual y de los retos y oportunidades que enfrenta la Izquierda de cara a la ofensiva imperial de Washington.

Lo que NO es el socialismo

La Izquierda se enfrenta esencialmente a tres alternativas falsas de socialismo: (1) "La Tercera Vía" promovida por Tony Blair, (2) la Socialdemocracia europea y del Tercer Mundo y (3) el "socialismo de mercado" al estilo chino.

La "Tercera Vía" propuesta por el líder del Partido Laborista Británico Tony Blair, pretende definir una "tercera vía" entre la propiedad pública de los medios de producción y de los servicios sociales y el mercado liberal no regulado. De hecho, combina lo peor de ambos mundos, una burocracia estatal grande y cara al servicio de las poderosas instituciones financieras y la banca, y una legislación autoritaria que viola las libertades individuales. En la práctica, la "Tercera Vía" de Blair es un camino directo hacia las guerras, las crisis y la profundización de las privatizaciones a expensas de los consumidores, el medio ambiente y los trabajadores. El régimen de Blair ha sido un activo colaborador subalterno de Washington en los salvajes bombardeos de civiles en Yugoslavia, Afganistán e Irak, y de la conquista y ocupación de Afganistán, Kosovo y Macedonia. La Tercera Vía promovió la desindustralización de Inglaterra, la burbuja especulativa de las telecomunicaciones y su colapso, precipitando la actual recesión. El programa de privatizaciones de Blair ha minado el plan nacional de salud, perpetuado el peor sistema de transporte e infraestructura de Europa Occidental, y puesto a los trabajadores ingleses en el peor lugar en lo que respecta a los derechos sociales. Claramente, la "Tercera Vía" es un simple eufemismo para el neoliberalismo autoritario y el militarismo.

 

La segunda versión burguesa del socialismo es la socialdemocracia. Durante los últimos 20 años, los partidos socialdemócratas y populistas de Europa y América Latina han abandonado sus programas reformistas, de bienestar social, en favor de las políticas neoliberales, la subordinación a la hegemonía imperial de los EE.UU., y en Latinoamérica, la adopción de los programas de ajuste estructural del FMI. En breve tiempo, los socialdemócratas y los populistas se han convertido al neoliberalismo, redistribuyendo el ingreso hacia las clases altas y el capital extranjero. Ya no son partidos reformistas de las clases trabajadoras, son partidos reaccionarios, proimperialistas y neoliberales. Los mejores ejemplos de esta conversión son el PSDB de Cardozo en Brasil, y el partido Peronista en Argentina.

 

El tercer ejemplo de socialismo fantasma es el así llamado "socialismo de mercado" practicado en China. La realidad política de la China es la de la subordinación de la propiedad social al mercado capitalista. No queda absolutamente nada del socialismo chino: los trabajadores tienen las jornadas más largas, los peores salarios y los menores derechos sociales de todos los trabajadores asiáticos. Los capitalistas chinos y sus socios de ultramar extraen las ganancias más altas y envían ilegalmente al otro lado del mar entre 30.000 y 40.000 millones de dólares al año - creando las desigualdades más grandes del Asia. El estado socializa las deudas de las empresas privadas y de elites estatales corruptas roban millones del tesoro público para financiar sus inversiones, sus cuentas en el extranjero y sus estilo de vida de un lujo obsceno. El "Socialismo de Mercado" es una ideología para justificar la transición de la propiedad colectiva al capitalismo salvaje.

 

Lo que el socialismo significa hoy en día

Contra esos ejemplos de "falso socialismo," el socialismo de verdad hoy, ante todo implica la socialización de los medios de producción, la transformación de la propiedad y el control de los bancos, las fábricas, la tierra, los servicios sociales, el comercio exterior y la transferencia del poder de los capitalistas a los productores directos, a los consumidores y a los defensores del medio ambiente. El socialismo significa la oposición a todas las guerras imperialistas, a las intervenciones militares, y el apoyo a la autodeterminación de las naciones y a los movimientos de liberación nacional. Bajo un régimen socialista, la representación y las elecciones tendrían lugar en los lugares de trabajo, en los barrios y en las cooperativas, y conducirían a una asamblea nacional que rendiría cuentas directamente ante las organizaciones de trabajadores, campesinos y consumidores. El socialismo promoverá profundas reformas en la familia, en el trabajo y en los servicios sociales para facilitar la igualdad de género. El gasto público se transformará, de subsidiar a los capitalistas y pagar la deuda externa, a proveer de forma gratuita y amplia salud, educación y entornos recreativos en una escala masiva.

 

Las diferencias entre el falso socialismo y el verdadero son fundamentales e insoslayables. No hay bases para una alianza o "cohabitabilidad." Los antagonismos sociales entre las clases se expresan en el conflicto entre el falso y el verdadero socialismo. Las distinciones no son sólo intelectuales; son prácticas.

 

La Vía Militante al Socialismo

El camino hacia el socialismo implica una serie de actividades prácticas que enfrentan a los militantes socialistas contra las prácticas elitistas de los jefes políticos del falso socialismo. En la lucha por el socialismo, los militantes actúan en varios niveles de acción: (1) se comprometen directamente en las luchas cotidianas en el barrio, el lugar de trabajo y el mercado callejero; (2) organizan movimientos de masas, no sectas políticas, para llevar a cabo una reforma agraria integral, la socialización de las fábricas, la propiedad pública de los bancos y el control estatal del comercio exterior; (3) los militantes se organizan para conseguir el poder político - no se la pasan todo el tiempo en foros internacionales, reuniéndose con otros turistas de izquierda que no tienen ninguna base social en sus países de origen; (4) los militantes se reúnen para resolver las cuestiones que están a la orden del día, para resolver los problemas de las masas y para estudiar los procesos políticos, las estructuras de poder y la creación de alternativas revolucionarias; (5) combinan la lucha de masas con la creación de formas de organización socialistas y de participación de estilo asambleario; (6) los militantes rechazan a los líderes que cultivan el "culto a la personalidad" y que subordinan las luchas y las organizaciones populares a su poder personal; (7) los militantes y los movimientos invierten tiempo y recursos educando a dirigentes y organizadores capaces de tomar decisiones difíciles, discutiendo las tácticas y las estrategias en las asambleas; (8) los dirigentes siempre comparten los mismos riesgos que aquellos a quienes dirigen - en primera fila de la lucha, sin diseñar estrategias "desde abajo de la cama." Para inspirar la acción resuelta en la lucha de masas es importante "mostrar la cara."

La historia y la experiencia nos muestran que la acción popular directa de masas es la única vía para lograr cambios fundamentales en el poder, la propiedad y en la autoestima. Las elecciones para parlamentos impotentes no han conducido a ninguna reforma digna de ese nombre en el último cuarto de siglo. Los dirigentes populares que comienzan en la izquierda, y son elegidos para el parlamento, son asimilados por el sistema y terminan hablándole al pueblo y trabajando para el capital. El caso de la trayectoria de Lula confirma este análisis. Él comenzó liderando las luchas populares y terminó abrazando a la derecha neoliberal en una coalición electoral.

 

Combatir ilusiones: Elecciones, La Vía Parlamentaria y las Reformas

El abrazo abierto a la política neoliberal por el Partido de los Trabajadores de Brasil, y la selección por parte del candidato presidencial Lula de un gran empresario derechista (Alencar) como socio en la vicepresidencia, ilustran la decadencia de la izquierda parlamentaria y su evolución hacia la derecha. Durante los últimos 25 años de elecciones parlamentarias, en los que los medios de masas de manera uniforme han servido a los políticos capitalistas y a los grandes financieros en todas las campañas electorales, la gran mayoría de la clase trabajadora, de los campesinos y de los desocupados han sufrido una severa regresión de sus niveles de vida. Las campañas electorales burguesas han servido de fachada para legitimar el poder y las decisiones de elites no-electas del FMI, el Banco Mundial y los funcionarios locales al servicio de la clase local capitalista en el poder. Como resultado de ello, los líderes políticos electos llevan adelante políticas regresivas: la concentración de la tierra a expensas de los campesinos sin tierra y los pequeños productores, la erosión de los derechos democráticos del pueblo al gobernar por decreto y apoyar una legislación anti-trabajadores, y la imposición de una política macroeconómica (el "neoliberalismo") que destruye el mercado doméstico, mina el control público nacional y erosiona la propiedad de los sectores estratégicos de la producción, las materias primas y las finanzas. En contraste con los fracasos de las políticas electorales, la política de la acción directa abrazada por los movimientos sociopolíticos en Brasil, Ecuador, Argentina y en otros lugares ha tenido éxito al lograr cambios sociales y políticos significativos. El Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra en Brasil, a través de su política de ocupaciones de tierras ha asentado a más de 250.000 familias. La CONAIE de Ecuador ha derribado a dos presidentes. En Argentina, las fuerzas combinadas de los movimientos de trabajadores desempleados (Piqueteros), las organizaciones vecinales (Cacerolas) y los jóvenes activistas han obligado al no-pago de la deuda externa, han derribado a 5 presidentes y creado un movimiento popular nacional de masas contra toda la clase política burguesa.

El contraste entre los logros prácticos de los movimientos sociopolíticos comprometidos con la acción directa de masas y la impotencia, la corrupción y la cooptación de la izquierda electoral salta a la vista.

El proceso electoral no tiene impacto sobre las políticas de los funcionarios electos. Repetidas veces, durante las campañas electorales, los candidatos burgueses y de izquierda prometen crear empleo, atacar al "neoliberalismo" y crear un sistema económico más equitativo. Sin embargo, cuando los políticos asumen sus cargos, profundizan y extienden las privatizaciones, imponen nuevas políticas de ajuste estructural y aumentan la represión contra los movimientos populares. Los candidatos electos por los partidos de izquierda se quedan impotentes en la oposición o, peor aún, evolucionan hacia las alianzas y la colaboración con la derecha, reciben grandes sueldos y, de manera creciente, se divorcian de las luchas de las masas, priorizando la actividad en las instituciones. En muchos casos, los políticos de izquierda convierten a los activistas que les ayudaron a ser elegidos en funcionarios de bajo nivel y convierten a los movimientos en maquinarias electorales. La conversión de los partidos socialdemócratas y populistas y sus líderes en neoliberales, significa que las principales organizaciones que luchan por reformas (reforma agraria, cancelación de la deuda externa, sistema nacional de salud, etcétera) son los movimientos sociales de la acción directa. Los viejos partidos socialdemócratas y populistas ya no son reformistas. Son liberales que trabajan con el capital local transnacional e imperial.

El declive del reformismo socialdemócrata esta basado en el hecho de que la clase burguesa dominante ya no es "nacional" - producen para los mercados extranjeros, depositan sus ganancias en el extranjero, dependen de financiamiento extranjero y de tecnología extranjera. Están integradas en los circuitos imperialistas del capital. Los Socialdemócratas dependen del capital transnacional y no pueden implementar reformas sociales sin sufrir fugas de capitales, presiones financieras, etcétera. Enfrentados a la elección de abandonar las políticas de la colaboración de clases y construir poderosos movimientos clasistas de masas para realizar "reformas," los socialdemócratas han rechazado las reformas y se han acomodado a los intereses de sus socios capitalistas transnacionales. El abandono de los socialdemócratas de sus programas reformistas de "bienestar social" ilustra su subordinación a y su dependencia de la orientación de la clase capitalista hacia los mercados, las finanzas y las redes imperiales.

 

Para los movimientos sociopolíticos, los sindicatos y los marxistas, el continuar apoyando "críticamente" a los partidos ex-socialdemócratas es convertirse en rehenes de la burguesía neoliberal y traicionar su compromiso con la transformación social.

Con el colapso del proyecto neoliberal - ilustrado por la total bancarrota de la Argentina y la recesión mundial-, las posibilidades de reformas sociales y de una recuperación del estado del bienestar capitalista son remotas. Las reformas del estado de bienestar tuvieron lugar en un período de expansión capitalista en Europa y los EE.UU. durante el período de 1950-72, y en América Latina entre los 1940s e inicios de los 1970s. Hoy las clases capitalistas ven a los obreros y campesinos como un costo de producción para los mercados extranjeros, no como un consumidor para el mercado interno.

La polarización mundial provocada por la actual ofensiva militar de Washington desvaloriza cualquier intento de las fuerzas reformistas por organizar coaliciones progresistas. El apoyo de los socialdemócratas a la cruzada contrarrevolucionaria de Washington refuerza a los cuerpos represivos del estado y a la legislación represiva dirigida contra las reformas propuestas por los movimientos sociopolíticos.

Los socialdemócratas, atrapados en la polarización cada vez más profunda entre el imperialismo y los movimientos sociopolíticos, abandonan su oposición al militarismo, el ALCA y la deuda externa. La recesión y el declive de los ingresos presupuestarios hacen imposible para los socialdemócratas el subsidiar las exportaciones y las empresas en quiebra, sacar de apuros a los bancos, pagar la deuda externa y al mismo tiempo financiar reformas sociales para las clases populares.

El declive de los mercados de exportación, la disminución de la inversión extranjera y los recortes a la producción local significan que el proyecto reformista, de apoyar el neoliberalismo e incrementar el gasto en los pobres, no es viable. El compromiso socialdemócrata para trabajar con un modelo neoliberal en un momento en el que los estados imperiales aumentan el proteccionismo y expanden sus subsidios agrícolas significa que la crisis socioeconómica en América Latina se profundizará y que su régimen político estará en una crisis perpetua. La posibilidad de combinar reformas sociales con regímenes neoliberales es virtualmente nula.

Sólo los movimientos sociopolíticos revolucionarios o radicales pueden llevan a cabo reformas, en el transcurso de una acción directa de masas que construyan nuevas formas populares de representación. Las reformas duraderas sólo son posibles bajo un nuevo estado revolucionario de obreros y campesinos.

 

 

La coyuntura actual: Obstáculos y Oportunidades

La lucha por el socialismo en esta coyuntura requiere que evitemos dos concepciones erróneas. La primera es la de suponer que el imperialismo estadounidense es omnipotente y omnipresente - que lo que Washington dice y hace automáticamente tendrá éxito. El segundo error es el de asumir que el ascenso popular de las luchas en América Latina, particularmente en Argentina, significa que estemos entrando en un período revolucionario - una lucha por el poder del estado.

La ofensiva militar mundial de los EE.UU. (su rechazo unilateral de los tratados de Kioto, de misiles, de armas biológicas, etc., su marginación de Europa/OTAN en la masacre afgana, su apoyo incondicional a la masacre israelí de los palestinos, las nuevas guerras propuestas contra Irak, Irán y Corea del Norte, su intervención militar en gran escala en Colombia y la campaña de desestabilización contra Chávez y el enorme aumento de los gastos militares) están dirigidos a revertir el declive de su poder e influencia en el mundo. Antes del 11 de septiembre, Irán erosionó el boicot de los EE.UU. desarrollando lazos de inversiones y comercio con Europa y Asia. Irak se convirtió en miembro activo de la OPEP y de la organización internacional de países islámicos. La Intifada Palestina y Hezbollah en el Líbano desafiaban al poder israelí. En América Latina, Chávez rechazó las políticas imperiales de los EE.UU. -su bombardeo de Afganistán, el Plan Colombia, los vuelos estadounidenses sobre el espacio aéreo venezolano y el cronograma estadounidense para el ALCA. Los avances militares y políticos de las FARC y el deterioro del régimen cipayo de Pastrana, amenazaban la dominación estadounidense y su control sobre Colombia. El colapso del régimen cliente de los EE.UU. en Argentina, en diciembre, y el levantamiento popular amenazaron la dominación de los EE.UU. en un país clave en América Latina. En Brasil, la radicalización del electorado, las crecientes protestas anti-ALCA, el crecimiento de los movimientos sociopolíticos como el MST y el deterioro del régimen de Cardozo reflejaron el declive de la influencia de los EE.UU. en el país más grande y más importante en América Latina.

La consolidación de la Unión Europea y del euro amenazaron la supremacía del dólar y las ventajas de los EE.UU. como santuario para las fugas de capitales. Los conflictos comerciales con Europa resultantes de los subsidios y el proteccionismo estadounidenses desafiaron la retórica de mercados libres de Washington.

La militarización de las política de los EE.UU. y su unilateralismo reflejan un giro hacia el imperialismo neomercantilista. En respuesta a los retos antes mencionados, Washington adoptó una nueva estrategia: el neo-mercantilismo. El ALCA está basado en la idea de un bloque comercial diseñado para desplazar a la competencia europea y para privilegiar a los inversionistas y exportadores de los EE.UU. La defensa de las posiciones económicas monopólicas de los EE.UU. depende de la militarización cada vez mayor y de la intervención estatal de los EE.UU., para proteger y subsidiar a los sectores no-competitivos de la economía estadounidense. El neo-mercantilismo y la intervención militar son serias amenazas para los movimientos sociopolíticos populares. Pero las bases del poder imperial de los EE.UU. son vulnerables y las contradicciones y crisis del imperio estadounidense son profundas y crónicas, creando oportunidades para el avance de la lucha por el socialismo.

Mientras que los EE.UU. expanden su poder militar a lo largo y ancho del mundo y amenazan a países de cuatro continentes, la economía de los EE.UU. está en una posición precaria. Los EE.UU. financian el enorme déficit de sus cuentas con el exterior emitiendo dólares y no a través de la producción. Algunos de sus mayores gigantes corporativos (Enron, Qwest, Crossways) han colapsado, y los inversionistas han perdido su confianza en los asesores de inversiones y las agencias contables de Wall Street. Los beneficios se han reducido y los mercados de ultramar han caído. El excedente del presupuesto de los EE.UU. se ha convertido en un déficit creciente. Mientras que el gasto militar ha aumentado, hay menos recursos para subsidiar y/o salvar a las multinacionales en quiebra. Lo que es más importante, los bancos de los EE.UU. y las agencias de crédito están amenazadas por crashes financieros al estilo Argentina y negativas al pago de la deuda que podrían erosionar el imperio financiero de Wall Street.

Las dos fuerzas motrices del imperio de los EE.UU. se están moviendo en direcciones opuestas: su economía va en declive, mientras que el gasto militar se expande -lo que produce un efecto tijera insostenible. Más aún, los costos de las conquistas militares no traen consigo beneficios en el corto o medio plazos. Los costos de las guerras interminables a escala mundial sólo agravarán cada vez más la diferencia del efecto tijera entre las inversiones improductivas en la expansión militar y la actividad económica en declive.

La segunda contradicción se centra en la transición de los EE.UU. hacia un imperio neomercantilista. En la versión actual del imperio, el estado imperial juega un papel central en establecer la primacía económica de las corporaciones y bancos de los EE.UU. El estado imperial aumenta los subsidios agrícolas para conquistar mercados de ultramar, mantiene o introduce nuevas barreras arancelarias, y asegura contratos de construcción para las multinacionales estadounidenses en los países clientes al terminar las guerras imperiales. El estado imperial provee subsidios para sus exportadores y establece barreras arancelarias y cuotas para proteger sus industrias cada vez menos competitivas (acero, automóviles, etc). EE.UU. insiste en el Acuerdo Latinoamericano de Libre Comercio, que es un tratado comercial promovido por el estado y diseñado para privilegiar a los inversionistas de los EE.UU. a expensas de los competidores europeos y japoneses.

La mejor explicación de la postura militarista y unilateral de Washington se encuentra en el giro hacia el neo-mercantilismo: el intento de asegurarse ventajas mercantiles - no a través de la competencia del mercado, sino a través de los decretos de estado unilaterales y la intervención militar que intimida a los competidores y mina o perturba el desarrollo de sus economía.

Sin embargo, el neo-mercantilismo agudiza los conflictos y provoca mayores rivalidades interimperialistas. Europa ha denunciado las amenazas militares de los EE.UU. contra los estados productores de petróleo del Golfo Irak e Irán, con los que han aumentado las inversiones y el comercio de petróleo. Los países asiáticos, como China y Corea del Sur, han rechazado las amenazas militares de los EE.UU. contra Corea del Norte -que deterioran el comercio y la ampliación de inversiones interasiáticas. La alianza militar de los EE.UU. con sus estados árabes clientes, es contrarrestada por los esfuerzos de la UE de forjar relaciones más cercanas con la Asociación de Estados Islámicos. En América Latina, la UE está promoviendo un acuerdo de integración y libre comercio con el MERCOSUR, la organización regional de comercio que incluye a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Mientras que la brecha en poderío militar entre los EE.UU. y la UE se ensancha, el mercado integrado de la UE y sus vínculos con el exterior proporcionan un reto formidable a la construcción del imperio neo-mercantil. A medida que se incrementan las tensiones y se profundizan los conflictos, las rivalidades podrían tener un impacto al erosionar las bases económicas del imperio militar de los EE.UU. y los esfuerzos estadounidenses para minar a la sociedad europea. Por ejemplo, en Afganistán y luego de las conquistas militares de los EE.UU., estos se niegan a cooperar con Europa en la erradicación de los cultivos de drogas que tienen un potencial de producción de 4,500 toneladas de opio y 450 toneladas de heroína - de las cuales 150 toneladas inundarán Europa y amenazarán su tejido social (Financial Times 18 de febrero de 2002, p. 3).

Segundo, la invasión militar de los EE.UU. y los bombardeos victoriosos no producen áreas de inversión que den beneficios: destruyen áreas potenciales de ganancias y crean economías corruptas, tribales y gangsteriles como en Kosovo, Albania, Macedonia y Bosnia. En Afganistán, los señores tribales de la guerra están combatiendo salvajemente a lo largo y ancho del país, incluyendo Kabul. Los regímenes clientes de Washington terminan como estados fallidos sin ley, incapaces de establecer las condiciones mínimas de seguridad, mucho menos de un clima para las inversiones. Mientras que Rumsfeldt puede comparar favorablemente a la conquista militar de alta tecnología de Afganistán con la blietzkrieg de los Nazis en Europa (Financial Times 18 de febrero de 2002, p. 4), el uso innovativo de las armas guiadas por láser no tiene el menor impacto para sacar a los EE.UU. de una recesión industrial que ya lleva dos años.

El imperio de Washington, precisamente porque ha vinculado a sus estados clientes de ultramar con el mercado estadounidense, ha transmitido sus crisis a todo el mundo.

Todos los así llamados "estados clientes neoliberales" han visto reducirse sus mercados de exportaciones, caer los precios de sus mercancías, y muchas de sus plantas de ensamblaje ir a la quiebra. La bancarrota de la estrategia de crecimiento "guiada por las exportaciones" significa que los estados clientes tienen severas insuficiencias en sus rentas e ingresos, que les impiden importar alimentos básicos y productos acabados o semiacabados, lo que provoca tasas negativas de crecimiento, niveles de vida en declive y un aumento de la demanda para la renacionalización de las industrias estratégicas y los bancos, junto con un cambio hacia la producción para el mercado doméstico.

La oposición a la dominación estadounidense y europea se ha extendido, desde los desempleados urbanos y los pobres rurales, a una clase media empobrecida y de movilidad social descendente. Esto es especialmente evidente en la Argentina, donde el régimen cliente en colaboración con los bancos extranjeros confiscaron los ahorros de toda la clase media. Como resultado, la clase media ha radicalizado sus exigencias para incluir un amplio conjunto de demandas antiimperialistas por primera vez en su historia reciente.

Por último, y lo que es lo más importante, la intervención militar de los EE.UU. en defensa de sus clientes y su dependencia casi exclusiva de la guerra y de las amenazas militares, esta creando una polarización favorable a la Izquierda, lo que aumenta la oposición y aísla a los aliados de los EE.UU..

Las 50.000 personas que marcharon contra el Acuerdo de Libre Comercio en el Foro Social de Porto Alegre el 4 de febrero de 2002, sólo son la punta del iceberg de la creciente oposición popular. Los cientos de millones de dólares de ayuda militar dirigidos a las fuerzas militares y paramilitares de Colombia no ha cambiado el equilibrio de fuerzas entre la guerrilla y los militares en ese país. Al contrario, ha distorsionado aún más la economía del país y ha incrementado la oposición de las organizaciones cívicas.

En Bolivia, Paraguay y Ecuador, las movilizaciones de masas, las huelgas generales y los bloqueos de carreteras han sido más extensos y efectivos al paralizar la economía y desacreditar a los regímenes clientes.

En Brasil, el papel activo de los movimientos sociopolíticos y de los partidos marxistas en las luchas de masas aún ejercen una poderosa influencia entre importantes sectores de la población. Aún más importante, la continua masivadad del levantamiento popular en la Argentina y la obligada renuncia de cinco presidentes son indicadores del potencial revolucionario en ese país clave.

Sin embargo, esta contraofensiva popular, que continúa a pesar de la política de militarización global de Washington, tiene sus limitaciones. Muchos de los movimientos de masas están atados a demandas en su mayoría limitadas (comida y trabajo para los desempleados en Argentina); los movimientos son regionales y sectoriales, y por lo tanto no cuentan con una dirigencia nacional capaz de plantearse el reto de la toma del poder estatal. Muchos de los dirigentes activistas desafían a los regímenes clientes, y luego negocian acuerdos de corto plazo (la mayoría de los cuales nunca son cumplidos por el estado) -creando de esta forma un proceso cíclico de movilización - acción directa - confrontación - negociación - acuerdos - promesas rotas - movilización, etcétera. Sin embargo, hay signos importantes de un gran adelanto en lo político. Muchos de los activistas y militantes en toda América Latina están totalmente desilusionados con los líderes electorales de izquierda. El pacto de Lula con el Partido Liberal y su abierto apoyo a la política procapitalista obligan a la mayoría de la izquierda consecuente a dar el giro hacia la acción directa de masas y, posiblemente, hacia una nueva formación socialista. En Argentina, las luchas en los barrios, en los suburbios empobrecidos de la clase trabajadora, entre los desempleados, entre las clases medias de movilidad social descendiente y entre los sectores de los empleados públicos, la fecha significativa no es el 11 de septiembre como lo quisiera Bush, sino el 19 y 20 de diciembre, los días de las barricadas y del derrocamiento del régimen cipayo neoliberal en el poder.

 

Conclusión

Estamos viviendo un período de guerras imperiales, levantamientos populares, crecientes militarización y polarización política y social.

El intento de Washington de formar una alianza contrarrevolucionaria mundial muestra fisuras cada vez más profundas. Las bases económicas del imperio tienen profundas fallas. La resistencia popular en los estados colonizados se está extendiendo.

Las alternativas reformistas, al tiempo que aún presentes, ya no son viables. Los políticos electoral-parlamentarios se encuentran cada vez más al margen de las grandes confrontaciones históricas. Los grandes aparatos sindicales ya no controlan ni contienen a la lucha de las masas. Al interior de las luchas de masas, el socialismo reemerge, tanto de las cenizas de la experiencia estalinista derrotada y desacreditada como de una socialdemocracia igualmente corrupta y servil, inmersa en el lodazal neoliberal.

La lucha por el socialismo emerge inicialmente como una serie de cambios estructurales: reforma agraria, renacionalización de la banca, de los sistemas de telecomunicación y de los recursos estratégicos. Sin embargo, el avance socialista no se desarrolla de modo lineal: hay derrotas y retiradas; dirigentes históricos de la clase trabajadora, como Lula y el Partido de los Trabajadores del Brasil se lanzan a la reacción y desorientan a sus partidarios entre la clase obrera. Un régimen neoliberal es derribado (De La Rúa) y reemplazado por otro (Duhalde) en la Argentina. Cortes masivos de carreteras y huelgas en Bolivia desafían al estado y terminan abruptamente sin tocar las cuestiones fundamentales. En Colombia, la insurgencia popular se desarrolla de manera despareja - poderosa en el campo, débil en las ciudades. Las rivalidades personales y divisiones entre "reformistas" y revolucionarios continúan.

La coordinación internacional entre los movimientos nacionales y la organización de manifestaciones internacionales son parte integrante del calendario político. Las luchas nacionales, los levantamientos locales, llevan a la formación de militantes revolucionarios conscientes al interior de los movimientos. El imperio no puede estar siempre en todos lados. A medida que la lucha por el socialismo se extiende de los militantes a las masas, la amenaza de las bombas y de la propaganda masiva ya no intimidan a los movimientos de masas. Los desempleados, los empobrecidos, los destituidos, con los ojos hambrientos y los puños cerrados, avanzan: la cuestión es quién organizará la lucha por el poder socialista del estado.

2 de marzo de 2002