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Sociedad
REPÚBLICAS TRANSNACIONALES UNIDAS. ¡LA GLOBALIZACIÓN NECESITA LA DEMOCRACIA!

por República Transnacional
Traducción de J.M. de la Torre para Pórtico Luna
 

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La globalización está impulsada por los “actores globales”, corporaciones que operan mundialmente comportándose como superpotencias transnacionales, constriñendo la influencia de los estados-nación tradicionales.

¿Quién defiende entonces aún nuestros derechos civiles globales? ¿Pueden los estados-nación actuar transnacionalmente? ¿O meramente se bloquean unos a otros? ¿Se ha declarado obsoleta la idea tradicional de la separación de poderes? ¿No deberíamos tomar en consideración el dinero como el cuarto poder? ¿Refleja la división geopolítica de la gente en los estados-nación el espíritu de los tiempos modernos? ¿No deberíamos aprender de Coca-Cola, Shell y Microsoft cómo pueden materializarse nuestros intereses a un nivel global?

El 16 de Abril de 2001, estas preguntas condujeron a la proclamación de la Primera República Transnacional, cuyos ciudadanos no están definidos por la sangre o el lugar de nacimiento, sino por la similitud de sus ideas y su espíritu comunitario.

Para nosotros, el problema de la representación de los ciudadanos en la era de a globalización yace esencialmente en el hecho de que el presente sistema de representación de los ciudadanos por los estados-nación es NACIONAL, representando inevitablemente INTERESES NACIONALES. Así pues, los estados-nación no son, por definición, adecuados para representar los intereses de los ciudadanos GLOBALMENTE. Como los problemas globales difícilmente se pueden solucionar sin afectar adversamente a los intereses nacionales, es poco probable que los estados-nación se presenten con soluciones globales. (Basta pensar en Bush y el Protocolo de Kyoto.)

Por tanto, sugerimos una nueva forma de representación ciudadana global: LAS REPÚBLICAS TRANSNACIONALES. Las Repúblicas Transnacionales se basan en un único principio:

Todo poder emana del individuo y es inalienable.

¿Qué significa esto? En primer lugar, significa que las ideas y la voluntad son libres y tienen que ser respetadas. Para el sistema de representación de los ciudadanos, esto tiene como consecuencia derechos:

- Libertad de Pensamiento.
- Libertad de Expresión.
- Libertad de elegir a los propios representantes.

Los dos primeros puntos se encuentran ya codificados como derechos humanos fundamentales. Todos nosotros, no obstante, todavía estamos privados del derecho a elegir a nuestros propios representantes. En el momento de nuestro nacimiento entregamos nuestro derecho de representación a un estado-nación y no tenemos posibilidad –excepto quizá mediante la emigración o el matrimonio– de cambiar nuestra nacionalidad. Más aún, esta selección a través del nacimiento podría ser afortunada, pero también podría no serlo. Alguien lo bastante desafortunado como para nacer en una dictadura tendrá, más o menos, que resignarse a ello.

Lo que hace esto más problemático es que los estados-nación no sólo tienen el “derecho de nacimiento” a representar a los ciudadanos, sino que pueden incluso elegir a cuáles quieren representar. El respeto que un estado-nación tiene por sus ciudadanos está sujeto, así, a la arbitrariedad y al desarrollo histórico y cultural del correspondiente sistema nacional.

La situación se ve aún agravada en la medida en que los estados-nación, por desgracia, tienen pocos incentivos para representar a sus ciudadanos óptimamente, habiendo como hay poco miedo a perder ciudadanos debido a acciones menos que óptimas. Los estados-nación pierden a sus ciudadanos sólo en situaciones de crisis o guerra –como en el caso de la antigua RDA o de Argentina-. Una situación dramáticamente diferente se hace patente en la representación de las corporaciones (trans)nacionales: éstas pueden dejar cualquier estado-nación, en cualquier momento, e inmigrar a otro estado-nación. Para ello, las corporaciones transnacionales ¡ni siquiera tienen que cambiar su membrete! Basta con trasladar la contabilidad de los beneficios de la corporación.

Esto puede desembocar rápidamente en que los estados-nación acaben siendo manipulados por los “actores globales”. Los estados-nación no tienen ninguna oportunidad de defender los intereses de sus ciudadanos contra los intereses de los poderes que actúan globalmente.

En resumen, los “estados-nación” tienen las manos atadas de dos maneras y están, así, condenados a fracasar en la representación de los intereses globales de sus ciudadanos:

– por el conflicto de intereses entre las presiones globales y el interés nacional.
– por la dependencia (financiera) de las corporaciones globales y otras organizaciones transnacionales.

El Sistema de las Repúblicas Transnacionales Unidas.

Ciudadanía Flexible.

De acuerdo con el principio “Todo poder emana del individuo y es inalienable”, cada persona sigue siendo libre de elegir qué República Transnacional recibe el mandato para representarla. Esto no sólo significa que es posible emigrar a otra República Transnacional en cualquier momento dado, sino que también abre a todo el mundo la posibilidad de proclamar una nueva república. Al hacerlo, cada persona tendrá que encontrar un compromiso entre unirse a una república más grande e influyente, o a una más pequeña y menos influyente que refleje con más precisión sus opiniones personales específicas.

De aquí se sigue uno de los más importantes principios de las Repúblicas Transnacionales:

Evolución y Libre Competencia entre las Repúblicas Transnacionales.

Esto significa que tampoco se exigirá un único sistema político o de creencias. En su lugar, los ciudadanos elegirán entre una variedad de posibles soluciones. Como cada ciudadano tiene la opción de emigrar de una República Transnacional a otra en cualquier momento, se crea una situación de competencia. Uno se hará ciudadano de la República Transnacional que no sólo ofrezca las mejores condiciones sino también parezca ofrecer la mejor representación. Una República Transnacional que fracase al adaptarse a las demandas de sus ciudadanos tenderá a perder ciudadanos y, por tanto, influencia. Sólo una República Transnacional cercana a su gente y que trabaje eficientemente será capaz de atraer ciudadanos.

Es importante destacar, sin embargo, que todavía habrá necesidad de los estados-nación, sólo que ya no representarán los intereses de sus ciudadanos fuera de los estados-nación. Las Repúblicas Transnacionales representarán a los ciudadanos en los asuntos globales, mientras que los temas nacionales –como antes– serán tratados por los estados-nación.

Repúblicas Transnacionales y Estados-Nación.

Al introducir las Repúblicas Transnacionales, a los pueblos del mundo se les dará en realidad una ciudadanía adicional: la ciudadanía flexible en una República Transnacional de su elección.

En consecuencia, las Repúblicas Transnacionales pueden describirse como una modernización o extensión del sistemas federal. Mientras que los asuntos nacionales todavía serán abordados por los diversos gobiernos nacionales, los asuntos internacionales serán manejados por las Naciones Unidas y los asuntos transnacionales por las Repúblicas Transnacionales Unidas. Los asuntos Transnacionales son, por ejemplo, todos los asuntos de derechos humanos, crímenes de guerra y otros crímenes contra la humanidad o la protección del medio ambiente.

El mundo de hoy todavía carece de este nivel transnacional de representación ciudadana; nuestra actual situación global podría compararase a la de una nación que tuviera sólo gobiernos municipales pero no un gobierno nacional. Igual que estamos acostumbrados a ver a los gobiernos municipales discutiendo asuntos nacionales con sus respectivos gobiernos nacionales, las naciones discutirán los asuntos transnacionales con las Repúblicas Transnacionales Unidas.

Repúblicas Transnacionales Unidas (RTU).

Juntas, las diferentes Repúblicas Transnacionales forman las Repúblicas Transnacionales Unidas, donde todos los ciudadanos del mundo están representados por las Repúblicas Transnacionales de su elección.

Antes de que una organización pueda unirse a la RTU, primero tiene que ser reconocida por la RTU como una República Transnacional en cumplimiento de los estándares de las Repúblicas Transnacionales. Los dos estándares más importantes son: que todo el mundo puede libremente unirse o dejar una República Transnacional en cualquier momento, y que una República Transnacional no representa ningún interés nacional, regional o empresarial.

Dentro de las RTU el poder de voto de cada República Transnacional depende del número de ciudadanos a los que represente. Como se ha mencionado antes, las RTU sólo son responsables de los asuntos globales, pero las decisiones tomadas por las RTU son vinculantes para los estados-nación. Esto, por ejemplo, despejaría el camino para el establecimiento de un Tribunal Penal Transnacional.

El Poder del Gran Número.

A partir de un cierto tamaño, las organizaciones tienen influencia política. Una de las organizaciones más influyentes en los Estados Unidos es la Asociación Nacional del Rifle. El mero número de miembros de Falung Gong somete a presión a China. Napster cambió la industria musical. Todas estas organizaciones tienen una influencia política considerable sin tener el poder político equivalente.

La influencia, y por tanto el éxito, de las Repúblicas Transnacionales dependerá del número de sus ciudadanos y su pura voluntad de cambio.

Las Organizaciones No Gubernamentales se hacen Gubernamentales.

Hay un gran número de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) contribuyendo con un trabajo importante y valioso a la defensa de los derechos civiles. La existencia de estas ONGs prueba que hay ciertos problemas globales que mucha gente cree que no pueden ser resueltos por los estados-nación.

Ejemplos notables son Greenpeace o Amnistía Internacional (AI). Aunque estas organizaciones tienen una considerable influencia política en el ínterin, todavía tienen que actuar –por definición (¡ONGs!)– desde el banquillo de la oposición no-gubernamental.

En el modelo de las Repúblicas Transnacionales sería posible que las ONGs –de modo similar a los ministerios– representaran varios temas. Por ejemplo, Greenpeace para los asuntos medioambientales, AI para los asuntos de derechos humanos... En consecuencia, no hablarían ya en nombre de sus diferentes movimientos de protesta, sino que actuarían con plena responsabilidad con el poder político de los ciudadanos de las Repúblicas Transnacionales. Los asuntos globales, tales como el calentamiento global o los derechos humanos, no los decidirían ya los estados-nación en nombre de sus ciudadanos nativos, sino que serían negociados por Repúblicas Transnacionales en nombre de sus ciudadanos libres.

El “Cuarto Poder” del Dinero.

La influencia de las corporaciones globales se basa en su poder financiero. La parte esencial, sin embargo, no es sólo la cantidad de su dinero, sino más bien las leyes y estructuras que les permiten hacer un uso político de ese dinero: las corporaciones que actúan globalmente pueden viajar con sus ganancias y pérdidas alrededor del globo, virtualmente, y pueden, por tanto, decidir casi libremente si y dónde pagan sus impuestos. Esto crea una herramienta política que es usada por las corporaciones transnacionales para influenciar enormemente en la política.

Aunque la suma de los ciudadanos potencialmente tenga más capital a su disposición que las corporaciones aisladas, no tienen éxito a la hora de conseguir la influencia política equivalente necesaria para defender sus intereses contra el mundo de la política y los negocios. Este desequilibrio es un claro fallo de los actuales sistemas de representación democrática.

Las Repúblicas Transnacionales serán entonces “Proveedores de Servicios” de servicios públicos, comprando el uso respectivo, por ejemplo, de infraestructuras tales como autopistas, policía, sistema educativo... a los estados-nación geofísicos, “al por mayor”, asegurándose, en consecuencia, los derechos de participación equivalentes (un mecanismo descubierto hace tiempo por las corporaciones globales).

El primer paso en esa dirección es la introducción de nuestra propia moneda –la Payola– que se usará para intercambiar bienes y servicios entre los ciudadanos de las Repúblicas Transnacionales. La Payola puede comprarse al Banco Central de las Repúblicas Transnacionales Unidas con cualquier otra moneda sujeta a comercio.

¿Por qué necesitamos el sistema Monetario Ciudadano Transnacional

PAYOLA?

Un principio básico de las Repúblicas Transnacionales Unidas es la expansión de la clásica separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) con el “cuarto poder” del dinero.

En el momento de la introducción de la separación de poderes clásica, era impensable que un día habría corporaciones que podrían fácilmente comprar países y cuyas estructuras globales –construidas sobre el dinero– serían más influyentes que muchos gobiernos. Uno debe admitir ahora que la vasta influencia de las corporaciones globales es una franca amenaza a los principios democráticos básicos. Pero como ni la rueda del tiempo ni la globalización pueden revertirse, hacer añicos las corporaciones o renunciar a internet no puede ser la solución.

Deben buscarse otras soluciones.

La introducción de monedas ciudadanas (como la transnacional PAYOLA) en lugar de las monedas nacionales es efectiva de varios modos:

- Como resultado del reemplazo de las monedas nacionales por las ciudadanas, los estados-nación perderán su influencia directa sobre el dinero. Por consiguiente, el dinero será efectivamente introducido como el cuarto poder.

- Por medio de esta separación de poderes extendida, los estados-nación ya no trabajarán como un “Sistema del Dinero de Otra Gente” en el que los políticos, gobiernos y organizaciones estatales viven del dinero (prestado) de sus ciudadanos. Expandir as separación de poderes, en consecuencia, ayudará a prevenir la mala administración, corrupción, nepotismo, etc.

- Fuerzas contrapuestas al poder de base financiera de las corporaciones globales son creadas por las Repúblicas Transnacionales, y, así, el poder político ligado a este dinero puede utilizarse.

En resumen, se podría decir que un Sistema Monetario Ciudadano Transnacional dará a sus ciudadanos la misma herramienta para la influencia política sobre los estados-nación que, por ahora, monopolizan las corporaciones globales.

¿Hasta qué punto es realista la idea de introducir la PAYOLA?

Por supuesto, la introducción de un sistema monetario es un proyecto altamente ambicioso, pero, ciertamente, no imposible.

Hay numerosos ejemplos de sistemas monetarios no-nacionales: desde los cigarrillos en tiempos de mercado negro hasta los sistemas de bonos como las millas de vuelo frecuente, introducidas por las líneas aéreas. De todos modos, líneas enteras de negocio son ya dependientes de los ingresos generados a través de la “Moneda Comunitaria” de las millas de vuelo frecuente. Cada año, bienes y servicios por valor de miles de millones de dólares se intercambian usando este sistema monetario, reduciendo, de facto, el control de los estados-nación sobre esta parte del sistema económico mundial.

La PAYOLA difiere de otros sistemas monetarios comunitarios intentados en el pasado, desde el momento en que no intentamos crear una moneda nueva e independiente, sino colocando la PAYOLA “encima” de las monedas nacionales ya existentes:

La tasa de intercambio entre un Euro y una PAYOLA es fija: 4 PAYOLAS equivalen a 1 euro.

De este modo, la PAYOLA deviene una moneda plenamente convertible y, en consecuencia, negociable. Por consiguiente, es posible obtener PAYOLAs tanto a través del intercambio de bienes y servicios como simplemente cambiando dólares, euros, yenes... por PAYOLAs en el Banco Central de las Repúblicas Transnacionales Unidas. Del mismo modo, por supuesto, la PAYOLA puede cambiarse en cualquier momento por monedas nacionales.

La seguridad del sistema monetario PAYOLA está garantizada, puesto que la PAYOLA tiene que comprarse con dólares, euros, u otras monedas nacionales. Expresado de forma diferente: el Banco Central de las Repúblicas Transnacionales Unidas usa la PAYOLA para comprar monedas nacionales, que son entonces retenidas como reservas bancarias. Igual que solía haber un patrón-oro para las monedas nacionales, la PAYOLA está realmente respaldada por un patrón-euro.

Es previsible que en el futuro una considerable cantidad de transferencias de dinero sean electrónicas; por ejemplo: usar un teléfono móvil para pagar en las máquinas de refrescos, o la transferencia de dinero vía e-mail. Estas nuevas tecnologías no sólo están haciendo el uso del dinero más cómodo, sino también ayudan a facilitar la introducción de sistemas monetarios comunitarios.

Si el pago electrónico de un ciudadano transnacional a otro ciudadano transnacional tiene lugar en dólares, euros o PAYOLAs, será entonces sólo una cuestión de software.

Puesto que no queremos esperar al uso extendido de estos sistemas de pago electrónico, ya hemos empezado a poner en circulación monedas y recibos bancarios de PAYOLAs.

Manifiesto de la Primera

República Transnacional.

Aquí somos ciudadanos, no súbditos.

Nosotros, los ciudadanos de la Primera República Transnacional, nos hemos reunido para representar globalmente nuestros derechos de ciudadanía.

Los ciudadanos de nuestra República Transnacional no se definen por la sangre o el lugar de nacimiento, sino por una similitud en sus ideas. Por tanto, pedimos a toda persona con cierta afinidad por este y los siguientes principios, se una a nuestra República Transnacional como un ciudadano libre.

Los derechos del ciudadano incluyen en particular los derechos humanos, los principios transnacionales de justicia, la protección de nuestro ambiente natural, además de los derechos democráticos del individuo.

En tiempos de creciente globalización, el problema de la representación global no ha sido aún suficientemente discutido,  el modo en que el mundo, igual que la fe de los individuos, son crecientemente determinados por organizaciones transnacionales (corporaciones, iglesias, organizaciones de comercio...). No hay un sistema de representación política del individuo comparable. Los países de este mundo no pueden –bajo la influencia de estas organizaciones transnacionales– representar los intereses de sus ciudadanos; las naciones no pueden actuar transnacionalmente.

Nuestro fin es el reconocimiento de la Primera República Transnacional por la comunidad internacional.

Para más información:

info@transnationalrepublic.org

www.transnationalrepublic.org