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Sociedad
La extraordinaria familia de "Cara de Cuero" Bush

por Johnny B. Goode
 

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En la película La matanza de Texas (1978) de Tobe Hooper, hay una conmovedora escena en la que la familia de psicópatas carniceros a la que pertenece el incomprendido protagonista, Cara de Cuero, lleva a su víctima, una despitada turista del medio oeste americano, ante el venerable patriarca familiar: el abuelo. Apenas una momia que resucita al olor de la sangre fresca para ejercer la función ceremonial de aplastar el cráneo de la muchacha de un mazazo, como se hacía antaño con las reses en el matadero abandonado que era su casa.

¿Hay mayor muestra de respeto a los mayores? ¿Cabe mayor reivindicación de la experiencia de las generaciones precedentes en nuestra sociedad vertiginosa, que condena a la obsolescencia un ordenador a los seis meses de salido de la cadena de montaje?

En realidad, la película no fue entendida como lo que es, un llamamiento a los valores tradicionales reflejados por esa familia de matarifes a los que el progreso les ha pasado por encima. No comprendo cómo aún no se han convertido en ídolos de la antiglobalización...

Viene esto a cuento de los paralelismos que he encontrado entre la familia de Cara de Cuero y la de ese otro muchacho de Texas que dejó en mantillas al de la sierra mecánica durante su mandato como gobernador del Estado de la estrella solitaria. Periodo en el que la silla eléctrica echaba humo (baste decir que la empresa eléctrica ENRON, uno de los mayores contribuyentes de su campaña electoral, quebró poco después de que el chico dejara el sillón de gobernador).

En 2000 me pareció una humorada motejar a George Walker Bush con el nombre del asesino de la sierra eléctrica. Pero es que el chico prometía.

Me quedé corto.

Recuerdo que en cuanto nos enteramos de su elección, harto dudosa tras los sucesos de Florida, una amiga y yo cruzamos una apuesta para ver lo que tardaba en bombardear a Irak para demostrarle a su papá que él podía terminar lo que éste había empezado.

Resultó no ser mucho. Fue una de aquellas operaciones de castigo que se hacían una semana sí y otra no bajo el mandato de Clinton. Pero bajo el mando de Bush cobraba un significado completamente distinto. Era como Cara de Cuero arrastrando a la turista a su abuelo para que le aplastara el cráneo con un mazo. Era una ofrenda de sangre a los antepasados.

Por supuesto, en aquella época, Bush no tenía ni la más puñetera idea de qué coño era Al Qaeda, ni sabía pronunciar Afghanistán (ni Ansar), ni mucho menos situarlo en el mapa.

No. Eran tiempos de los Estados Gamberros y el Escudo Antimisiles (¡que aún tuvo los santos cojones de intentar colocar al Congreso para prevenir un nuevo 11-S! ¿Para qué? ¿Para bombardear aviones comerciales desde el espacio si los secuestraba un terrorista armado con un cortauñas?), pero Irak era una espinita clavada en el costado de su padre y él, como buen hijo, correría presto a lavar la herida.

Como Cara de Cuero en la película, George W. Bush pertenece a una estirpe; es depositario de un legado que ha condicionado quién es y cómo se ha conducido durante su presidencia. La herencia marca. Como los nombres.

Prescott Bush. El banquero de los nazis.

En 1917, el año de la revolución rusa y el levantamiento de Pascua en Irlanda, un joven llamado Prescott Bush se une a una sociedad secreta, Skulls and Bones, “Calaveras y Huesos” (como la insignia pirata, sí. Y también como las hebillas de los cinturones de los aventureros anarquistas que acompañarán al poeta Gabrielle D'Annunzio en la invasión de Fiume; o los Camisas Negras de Mussolini, más tarde). La sociedad se encuentra a medio camino entre esas Fraternidades griegas que conocemos por las comedias universitarias americanas (Desmadre a la americana, de John Landis: ¡genial!) y las logias masónicas, de solida tradición en los Estados Unidos hasta el punto de que llegó a haber un Partido Antimasónico en tiempos de Andrew Jackson que se abonaba ya a las teorías conspirativas tan del gusto del americano medio.

Por lo menos desde esa fecha, la sociedad secreta Calaveras y Huesos ha contado entre sus miembros con lo más granado de las élites políticas y económicas de los Estados Unidos, y ha sido el poder detrás de varios presidentes.

Probablemente fue gracias a la sociedad como el joven Prescott Bush trabó amistad con George Herbert Walker, presidente ejecutivo de W.A. Harriman & Co., empresa que explotaba varios negocios en alianza con grandes industriales alemanes, como Fritz  Thyssen, que pronto destacaría como contribuyente a las arcas del Partido Nazi.

Prescott se casaría con la hija de George Walker y se convertiría en su mano derecha. Ambos hombres compartían muchos puntos en común, además de una desmedida ambición y la falta de escrúpulos, como, por ejemplo, su interés por la eugenesia.

En 1922 se había dictado la Ley de Esterilización Eugenésica, que conduciría a la esterilización de 20.000 americanos y serviría de modelo para las leyes de Nüremberg. Leyes similares fueron instituidas en Suecia por gobiernos socialdemócratas y el tema se discutía en las revistas de salud anarquistas en España, pero el horror nazi enterró para siempre el supuesto prestigio científico de dicha disciplina y el tema se convirtió en tabú, una mancha en el historial de muchos que había que ocultar a toda costa.

En 1931, Prescott Bush y George Walker patrocinaron el 3º Congreso Internacional de Eugenesia, en el que se reclamó la esterilización de 14 millones de americanos por razones de raza, baja inteligencia o pobreza. 

Antes, en 1924, el joven Bush había llegado, de la mano de Walker, a la presidencia del Union Bank, elemento clave de las finanzas nazis en América. El Barón Fritz Thyssen  era el propietario del Union Bank en sociedad con W.A.Harriman & Co. Desde 1923, Thyssen fue unos de los más importantes contribuyentes al Partido Nazi.

En 1926, Bush, Walker y Harriman fundan Consolidated Silesian Steel Corp., compañía propietaria de un tercio del conglomerado acerero de Frederick Flick, otro industrial nazi (de quien tuvimos conocimiento en los años ochenta por el sonado Caso Flick, de donaciones ilegales al Partido Socialdemócrta Alemán y que salpicó al PSOE). Ese mismo año se funda American I.G., compañía filial de I.G. Farben. En su consejo de administración se sientan Edsel Ford, Charles Mitchell (presidente del National City Bank de los Rockefeller), Walter Teagle (presidente de la Standard Oil, también de los Rockefeller), Paul Warburg (presidente de la Reserva Federal y hermano de Max Warburg, financiero del rearme alemán y director de la nueva American I.G.) y Herman Metz, director del Banco de Manhattan. Otros tres miembros del consejo serían juzgados por crímenes de guerra.

En 1927, John Foster Dulles pasó a dirigir la compañía GAF, parte del holding de American I.G.

En 1933, Hitler es invitado al Banco Schroeder por un grupo de industriales que le ofrecieron su dinero a cambio de que sometiera a los sindicatos. Entre los industriales se encontraban Allen y John Foster Dulles. Cuando Hitler asumió el poder, se alcanzó un acuerdo para coordinar todo el comercio entre América y Alemania tras unas negociaciones entre Hjalmar Schacht y John Foster Dulles. Oliver Harriman formó un sindicato de 150 firmas para monopolizar ese comercio. Entre las firmas favorecidas, por supuesto, se encontraban las de Prescott Bush y George Walker. Una de estas firmas, Hapag-Lloyd, una línea de transporte marítimo, empezó a llevar guardas de seguridad nazis en todos sus barcos ese mismo año. Otra de las empresas alemanas en las que los Bush tenían intereses, Silesian Steel, escogió un pueblo polaco para establecer una factoría con tecnología alemana para el procesamiento de carbón para la Unión Soviética, con quienes también tenían negocios. El pueblo se llamaba Oswieczicm, pero pasaría a la historia por su nombre alemán: Auschwitz.

En 1935, Prescott Bush alcanzó la cima del Union Bank y tomó bajo su control las operaciones alemanas. Ello incluyó la venta de bonos de guerra alemanes, que tuvieron un gran éxito entre los americanos más acaudalados: Joseph Kennedy fue uno de los compradores más famosos.

A finales de 1937, los hermanos Dulles, desde el Banco Schroeder, ocultaron todas las relaciones con los nazis de sus clientes. Entre ellos figuraban los Rockefeller, los Harriman y los Bush.

En 1939, la planta de Consolidated Silesian Steel en Auschwitz empieza a recibir prisioneros comunistas, judios, gitanos y de otras minorías. Son empleados como fuerza de trabajo esclava para procesar carbón y convertirlo en fuel para la aviación. Según un agente de la Inteligencia holandesa, Prescott Bush gestionó una parte del trabajo esclavo en Polonia.

Pero en 1941, los japoneses atacan Pearl Harbor y Estados Unidos declara la guerra a Alemania. Bush y Walker habían ocultado sus negocios con los nazis gracias a los hermanos Dulles, pero sin embargo aún habrían de ver varias de sus empresas intervenidas y confiscadas bajo la acusación de infringir la Ley de Comercio con el Enemigo.

Para cubrir las apariencias, Prescott hizo alistar a su hijo, George Herbert Bush, en las Fuerzas Aéreas de la Marina.

Ese mismo año, Allen Dulles fue reclutado por Willian Joseph Donovan para dirigir un puesto de la OSS en Berna, Suiza, donde había estado destinado como diplomático. Y ello a pesar de sus devaneos con los nazis. O quizá precisamente por ello. En 1945, Allen entró en contacto con un joven oficial de la Marina en posesión de documentos nazis robados. A cambio de esos documentos, Allen acuerda financiar la carrera política del joven. Este fue el comienzo de la relación entre los Dulles y Richard Nixon.

Tras la guerra, los Bush fueron recuperando poco a poco las empresas confiscadas. Cuando el director del Banco Holandés, Von Kouenhowen, descubrió las relaciones entre Thyssen y los nazis, fue a Nueva York para alertar a su amigo Prescott Bush. Su cadáver se encontró dos semanas después. Pero aquello demostró que Thyssen era vulnerable, así que los hermanos Dulles contrataron escritores a sueldo para escribir el libro de confesiones de Thyssen, Yo financié a Hitler, con el que hizo creer a todos que se había vuelto contra los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial.

La CIA, Dallas y el petróleo.

En 1950, Prescott Bush intentó lanzar su carrera política, pero su pasada conexión con el movimiento eugenésico, totalmente desacreditado tras las atrocidades nazis, le cuesta la elección. Prescott decide entonces que, algún día, su hijo será Presidente.

En 1952, Prescott Bush sí consigue ser elegido senador y convence a Eisenhower de escoger como vicepresidente a Nixon. Al año siguiente, John Foster Dulles es nombrado Secretario de Estado y Allen Dulles, Director de la CIA.

En 1954, la CIA colabora con el golpe militar que derribó a Jacobo Arbenz de la presidencia de Guatemala para defender los intereses de United Fruit. El Banco Schroeder, el mismo banco nazi para el que habían trabajado los Dulles antes de la guerra, estaba asociado con United Fruit en el negocio de la banana.

En el 1953, George Bush había formado Zapata, empresa que servirá de cobertura para la CIA. En 1961, se produce el fiasco de la invasión de Bahía Cochinos. El nombre código de la CIA para la operación es “Zapata”. Cuando en 1981, George Bush se convierte en Vicepresidente de los Estados Unidos, todos los archivos de la Comisión de Valores relativos a “Zapata” entre 1960 y 1966 desaparecen.

Kennedy cesa a Dulles como director de la CIA por Bahía Cochinos.

George Bush traslada su centro de operaciones a Texas, donde traba relaciones con la oligarquía petrolera. A esa misma oligarquía pertenecía el vicepresidente de Kennedy, Lyndon Baines Johnson.

En 1963, J.F.K. es asesinado en Dallas, Texas.

Lyndon B. Johnson se convierte en presidente de los Estados Unidos y encarga a Allen Dulles "investigar" el asesinato en la Comisión Warren. Ni que decir que el caso nunca se resolvió.

En 1964, George Bush hace campaña contra los derechos civiles en su elección al Congreso. No es elegido. Sí lo es dos años más tarde.

En 1968, Nixon es elegido Presidente. Nombrará a Bush embajador en las Naciones Unidas. En 1972, tras su segunda victoria, Nixon le hace presidente del Comité Nacional Republicano, desde donde impulsará los Grupos de Herencia Republicana. Estos grupos reúnen a emigrados del Este de Europa, fervientes anticomunistas y muy conservadores. Pronto queda en evidencia que en realidad enmascaran a antiguos nazis, como Lazlo Pastor, miembro de la Cruz de Hierro húngara, Radi Slavoff, fascista búlgaro, Nicolas Nazarenko, antiguo oficial cosaco de las S.S., Florian Gaddu, de la Guardia de Hierro rumana o Method Balko, colaboracionista eslovaco.

Ese mismo año muere Prescott Bush, el fundador de la dinastía.

En 1976, George Bush es nombrado director de la CIA, el mismo cargo que ostentara Allen Dulles. El Presidente es Gerald Ford, antiguo miembro del grupo pro-nazi América Primero. Desde la dirección de la CIA mantiene una política de guerra sucia contra el comunismo en América Latina: Estuvo al tanto de la Operación Cóndor, diseñada por las dictaduras del Cono Sur para asesinar a sus opositores en todo el mundo. Bush permitió el asesinato del opositor chileno Orlando Letelier en suelo de los Estados Unidos. También mantuvo en la nómina de la CIA al general Manuel Noriega, dictador panameño y hombre clave del tráfico de drogas en América.  Años después, Bush haría bandera de la "Guerra contra la droga" y depondría a Noriega invadiendo Panamá. Se podría decir que esto establece un patrón de conducta que se repetiría en el futuro: crear el problema para luego correr a resolverlo con una guerra.

En 1979 intentó conseguir la nominación para las presidenciales por el Partido Republicano, pero cayó derrotado ante un advenedizo como Ronald Reagan, a quien despreciaba intelectualmente. Reagan había sido actor y gobernador de California, no pertenecía a la élite de la Costa Este ni había ido a ninguna universidad prestigiosa como Yale. Ni siquiera había entrado en combate en la II Guerra Mundial. Y además era católico, lo que hasta no hace mucho era un distintivo de las clases bajas en Estados Unidos.

Pero Reagan era infinitamente más carismático que el aristócrata petrolero educado en Yale que era George Herbert Bush. Así que Reagan consiguió la nominación y escogió a Bush para la vicepresidencia.

En aquel año de 1979 se produjo la crisis de los rehenes de Irán, que minó la confianza en Carter y benefició la candidatura de Reagan, con un perfíl más duro. Años después se supo que desde el entorno del candidato se negoció con los secuestradores que la liberación no se produjera antes de las elecciones. Finalmente, los rehenes serían rescatados por un comando privado financiado por su patrón, Ross Perot, otro petrolero tejano y responsable de que Bush perdiera su reelección frente a Bill Clinton.

En 1980, Bush se convierte en vicepresidente de los Estados Unidos.

Su rastro se puede seguir en episodios como la venta de armas a Irak para luchar contra el régimen de los ayatollahs en Irán. O en la venta de armas a Irán para luchar contra el régimen de Saddam Hussein en Irak. O en el uso del dinero de esa venta de armas (dinero negro, por supuesto, ya que dicha venta era ilegal, al ser Irán un enemigo de los Estados Unidos) para financiar la Contra nicaragüense.

Durante ocho años, Bush esperó a la sombra de Reagan la oportunidad de alcanzar la cima del poder. Lo consiguió en 1988, frente al soso candidato demócrata, Michael Dukakis. En su campaña jugaron un papel fundamental antiguos nazis como Fred Malek, Lazlo Pastor o Yaroslav Stetsko. Otro de sus colaboradores fue William Draper, nieto de uno de los promotores de la Eugenesia en los años 1930, como su padre y su abuelo. Cuando jura el cargo, pone sus empresas en manos de William Farish, nieto del William Farish  de Standard Oil que proveyó a Hitler de gasolina.

Durante su mandato se produce la invasión de Panamá, para derrocar a su antiguo protegido, Noriega, y la Primera Guerra del Golfo, para expulsar a Saddam Hussein del pequeño (pero rico en petróleo) reino feudal de Kuwait después de haberle dado el visto bueno a la invasión. Al final de la guerra, Bush gozaba de los más altos niveles de popularidad de un presidente desde Kennedy.

Y sin embargo, perdió las elecciones frente a (de nuevo) un candidato sin educación, gobernador de un estado mucho más pobre que California, no perteneciente a la élite de la Costa Oeste y que ni siquiera había hecho el servicio militar. Pero, como Reagan, Clinton tenía esa simpatía de la que él carecía.

Hubo otros factores, como la división del voto conservador por la presencia de Ross Perot y su Partido Reformista, que consiguió los mejores resultados de un tercer partido desde Teddy Roosevelt y el Partido Progresista.Y sobre todo, la situación económica, que se había deteriorado desde el final del mandato de Reagan sin que al parecer le importara a nadie en la Casa Blanca. La frase "¡Es la economía, estúpidos!" se ha convertido en una de las grandes sentencias de la política, al lado de "¡Cuídate de los Idus de Marzo!".

Volver al lugar del crimen.

El joven George Walker Bush, nacido en New Haven, Connecticut,  debió de ser un dolor de muelas para su aristocrático padre. Mal estudiante, no muy listo y un juerguista redomado, entró en Yale gracias a las influencias políticas de su padre, antiguo alumno. Del mismo modo entró en la sociedad Skull and Bones, convirtiéndose en la tercera generación que pertenecía a la misma. Sin embargo, la vida universitaria del joven Bush estaba más cerca a Los Albóndigas en remojo que a la de un distinguido alumno de Yale. Él mismo ha comentado cómo lo miraban los alumnos más elitistas por pertenecer a una fraternidad. Ya sabéis, una de esas casas de estudiantes en las que los alumnos se emborrachan en vez de estudiar y montan fiestas toga.

Pero gracias a Papá Bush, el joven George Walker obtuvo un título de Yale y una agenda repleta de contactos, entre los que se contaban algunos de los hombres más importantes del mundo. Todos ellos miembros de Skull and Bones. Los miembros de esta sociedad secreta tienen el deber de ayudarse unos a otros y de donar una parte de sus ingresos a la misma. Se cree que Skull and Bones es propietaria de importantes activos, entre los que se cuenta una isla que sirve de lugar de encuentro para los miembros a salvo de miradas indiscretas.

Tan pronto como se hubo graduado, se unió a la División del Aire de la Guardia Nacional de Texas, donde se convertiría en piloto de un F-102 en 1970. Al estar ya sirviendo en un cuerpo del ejército, no fue movilizado para ir a Vietnam, evitando entrar en combate. En 1972 solicitó transferencia a la Guardia Nacional de Alabama para colaborar con la campaña del republicano Winton Blount al Senado. Ese año perdió sus credenciales como piloto al no superar un examen físico. Hay quien sospecha que en realidad jamás pilotó un avión y sólo fue una treta de su padre para proteger a su primogénito. Fue licenciado seis meses antes para poder atender un Máster de negocios en Harvard.

Tras regresar a Midland, Texas, empieza a trabajar en la industria energética. En esos años sigue siendo un pendenciero bebedor y consumidor de drogas. En 1977 conoce a Laura Welch, la que sería su esposa y responsable de su "renacimiento en Cristo". En efecto, George Walker Bush es un Born Again, un Cristiano Renacido. Abandonó la iglesia episcopaliana de sus padres por la metodista. (Antiguamente, la iglesia a la que uno pertenecía era un signo más de estatus social en América, con los episcopalianos en la cúspide y los mormones y distintas sectas baptistas en la base. Así pues, Bush decidió bajar un escalafón social al abrazar su nueva fe. Pero eso le acercaría a los millones de americanos que seguían a los telepredicadores que confluirían en la incipiente Derecha Cristiana, que empezaría a dominar el Partido Republicano en los ochenta.)

También en 1977, fundó Arbusto Energy, compañía dedicada a la explotación de gas y petróleo. La historia de la compañía y la trayectoria de G.W. Bush como directivo de la misma son realmente atípicas: La crisis del petróleo de finales de los 1970 llevó al borde de la quiebra a Arbusto, que fue vendida a Spectrum 7 y Bush pasó a la dirección de esta última. En 1985, una nueva crisis lleva a Spectrum 7 a la quiebra y es adquirida por Harkem Energy Corp., a cuyo consejo se incorpora el joven Bush, que, en 1990, vendió un importante paquete de acciones justo antes de que la compañía quebrara definitivamente. El hecho de que todas las compañías que dirigía quebraran no pareció perjudicar la carrera como directivo de George Walker Bush, pero de nuevo, los malpensados podrían tener la tentación de apuntar que quienes contrataban sus servicios pagaban en realidad por tener buenas relaciones con su papá.

En 1989, figuró al frente de un grupo de inversores que compró la franquicia de los Texas Rangers, equipo de béisbol que dirigiría hasta convertirse en gobernador de Texas.

Ambas operaciones guardan cierta similitud. Como gerente de los Texas Rangers, Bush sólo se limitaba a aparecer en la lonja y a servir de mascota de los verdaderos propietarios y gestores del equipo. En sus años de gobernador se limitó a seguir la agenda del vicegobernador y la mayoría demócrata de la legislatura del Estado de  la estrella solitaria. Ejerció como mascarón de proa de una política decidida por otros.

Cuando en 1992 se presenta a las elecciones a gobernador, contrata al estratega político Karl Rove para dirigir su campaña. La estrategia de Rove tuvo en cuenta las limitaciones de Bush y decidió hacer campaña sobre cuatro puntos: Reforma de la educación, del Estado de bienestar, y de los sistemas de justicia juvenil y reclamaciones por daños... y nada más. Rove escogió estos asuntos porque sabía que la legislatura ya estaba trabajando en ellos. Bush se llevó el crédito por las nuevas leyes y disimuló el hecho de que en realidad no tenía un programas propio, ni una mayoría en la legislatura. Consiguió ser reelegido por una abrumadora mayoría en 1998. Durante su mandato, el estado de Texas se convirtió en el más entusiasta usuario de la silla eléctrica. En los Estados Unidos, los gobernadores de cada Estado no firman sentencias de muerte, como algunos creen, pero sí tienen poder para conmutar la pena o suspender la ejecución. Bush se caracterizó por su alegre falta de uso de estas capacidades, denegando todas las peticiones de clemencia que pasaban por su mesa.

Es también durante estos años cuando comienza a preparar su candidatura a la nominación por el Partido Republicano, recabando el apoyo de grandes empresas, particularmente del sector energético, como Enron, con las que tan bien relacionada está su familia.

Otro de los vástagos de George Herbert Bush, John Ellis Bush, más conocido por sus iniciales (J.E.B.), o por el acróstico de estas (Jeb), era gobernador de Florida, donde cultivó especialmente los sectores del voto latino, algo inusitado en el Partido Republicano. Jeb está casado con una latina, Columba, y tiene un hijo, George Prescott, que podría pasar por un Ricky Martin cualquiera. Ciertas informaciones relacionan a Jeb con el tráfico de drogas en los años ochenta y hasta con Jon Hinckley, el hombre que intentó asesinar a Ronald Reagan cuando su padre era vicepresidente. El fantasma de Lyndon B. Johnson y su ascenso a la presidencia envuelto en sospechas seguía merodeando a los Bush.

George Walker consigue la nominación del Partido Republicano separándose de la imagen de aristócrata del este que gastaba su padre. Es un hombre de escasa cultura, como la mayoría de los americanos. Es religioso, como la mayoría de los americanos. No ha hecho carrera en Washington (lo que es casi un estigma hoy día: el público americano desconfía de su clase política y suele premiar a gente que viene de fuera de la política o, por lo menos, a gobernadores sin experiencia en el Congreso o el Senado). Y consigue presentarse como un republicano compasivo, frente a los tradicionales abogados de los recortes de impuestos y prestaciones sociales.

Así, en las primarias, Bush derrota al senador John McCain, un honesto republicano, veterano del Vietnam, que lleva años intentando reformar las leyes de financiación de las campañas para evitar la corrupción y la compra de políticos por las grandes corporaciones, pero que estaba demasiado identificado con "Washington"; y al multimillonario John Forbes, que se presentó con un draconiano programa de recortes de impuestos en un momento en que el país tenía superávit. Además, Bush consiguió subsumir en su plataforma las tradicionales peticiones de la Coalición Cristiana evitando sin embargo hacer campaña sobre ninguno de los asuntos tradicionalmente polémicos, como el aborto.

Todo ello, junto con la ausencia del Partido Reformista a su derecha, y la concurrencia de Ralph Nader a la izquierda de Al Gore, dio como resultado una de las elecciones más disputadas de los últimos cien años. Los votos decisivos fueron los de los Grandes Electores de Florida, que se decidieron a favor de Bush por unos pocos centenares de papeletas en medio de un escándalo nada ejemplar en el país que inventó la democracia moderna: miles de electores no pudieron ejercer su derecho al voto al impedírseles registrarse por un error del censo (culpa de una compañía contratada por Jeb Bush, el hermanísimo). Miles de papeletas no fueron contabilizadas por fallos de las máquinas perforadoras que debían marcar al candidato escogido. Miles de votantes judíos descubrieron horrorizados que habían votado en realidad por el telepredicador evangelista Pat Buchanan por culpa de un confuso diseño de las papeletas (las celebres "mariposas") y muchos votos del extranjero, particularmente los de los militares, fueron admitidos pese a contundentes evidencias de haber sido emitidos después de cerradas las urnas y una vez conocidos los primeros escrutinios.

Los demócratas recurrieron al Supremo en busca de un nuevo escrutinio, pero el tribunal resolvió a favor de George Walker Bush, que se convirtió en el 43º Presidente de los Estados Unidos de América, pese a haber obtenido menos votos populares que su rival.

El resto es historia.