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Sociedad
El poder de la Estupidez (Suplemento)

por Giancarlo Livraghi
Traducción de F.M. Herrera y M.A.R. para PórticoLuna
 

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El poder de la estupidez - Suplemento
De Giancarlo Livraghi

Además del gráfico incluido en el texto de La estupidez del poder, me parece que se pueden elaborar –siempre según el esquema de Carlo Cipolla– algunas otras hipótesis.

Supongamos, por ejemplo, que haya una situación de “poder inteligente”. Tendríamos un desarrollo como éste.





Se trata de una progresión en la que el poder ofrece siempre más ventajas a la colectividad reservándose siempre menos para sí mismo, hasta el punto de aceptar también alguna desventaja con tal de mejorar el bienestar general (como ya se ha dicho, en este caso quien ejerce el poder no puede definirse como “incauto”).

La progresión hacia la parte superior del eje “Y” tiende a no ser muy rápida, pero con un crecimiento sólidamente gradual. Situaciones de este género no son imposibles. Casi siempre las hay en algunas partes del sistema. Pero dependen de agregaciones humanas particularmente armoniosas y bien motivadas que es difícil reproducir y que a menudo corren el riesgo de degenerar por mutaciones de la situación ambiental o por cambios en su estructura interna.

Por raro que pueda ser este tipo de evolución, la observación de la Historia y de los hechos confirma que las innovaciones y progresos reales de la sociedad son más probables en presencia de “simbiosis” y “sinergías” con una fuerte carga de humanidad y de cohesión.

Carlo Cipolla observaba que en todos los periodos de la Historia «todos los países en alza tienen un porcentaje insólitamente alto de personas inteligentes que intentan tener la fracción “sigma” bajo control, y que, al mismo tiempo, producen beneficios para sí mismos y para los otros miembros de la comunidad suficientes para asegurar el progreso». Se verifica, por tanto, una situación como la representada en el siguiente gráfico (donde el área roja representa las personas que están en el poder y la verde el resto de la comunidad).






En este gráfico no he introducido ningún “vector de direción” porque, en la mejor de las hipótesis, un sistema como éste puede mantenerse más o menos estable (o, como hemos visto en el primer gráfico, progresar gradualmente). En una situación constante es probable que las personas que están en el poder tengan mayores ventajas que el resto de la comunidad. Pero, puesto que esto favorece al bienestar colectivo, no constituye un problema, al menos hasta que no entran en juego dos factores (contrapuestos pero sinérgicos) de estupidez: el servilismo y la envidia.

No quiero complicar el cuadro, pero me parece oportuno observar que en algunas situaciones (como en los llamados “circuitos de cualidad”) las dos áreas tienden a sobreponerse porque no hay un sistema jerárquico y muchas responsabilidades son compartidas. Éste es notoriamente uno de los sistemas más “inteligentes” que pueden existir y con frecuencia produce resultados extraordinarios.

Sistemas como éstos son intrínsecamente fuertes, pero están expuestos a dos riesgos constantes. Uno es el desequilibrio interno que puede nacer de factores de estupidez o del “síndrome del poder”. El otro deriva de cambios imprevistos del ambiente externo o de intervenciones ajenas que (intencionadamente o por error) perturban su delicado equilibrio.

Tras este paréntesis sobre la inteligencia debemos volver al tema, desgraciadamente dominante, de la estupidez. Al final de su ensayo Carlo Cipolla observa que «en un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos es siempre igual a “sigma”; sin embargo en el resto de la población se nota, especialmente entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un alto porcentaje de estupidez, y, entre los que no están en el poder, un aumento igualmente alarmante del número de incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción “sigma” de los estúpidos y lleva a la ruina el país». Sea dicho que, naturalmente, no se trata sólo de “países” entendidos como estados-nación, sino también de comunidades de todo tipo, mayores o menores.

En este caso la posición de las personas que están en el poder y de las otras se coloca como vemos en el siguiente gráfico.





No es casi nunca fácil entender, en situaciones como ésta, si es la estupidez del poder la que influye sobre la colectiva, o a la inversa. Sucede casi siempre que las dos contribuyen a un “círculo vicioso” y que entonces todo el sistema tiende a empeorar, como indican las flechas en el gráfico.

Una inversión de la tendencia es a veces posible, pero requiere una combinación de factores bastante excepcional: la convergencia de personas inteligentes capaces de asumir el poder con un impulso colectivo para introducir un cambio importante.

En ausencia de tal “mutación” interna, o de un impulso externo que cambie las reglas del juego, el sistema tiende a degenerar hasta explotar, es decir, hasta desintegrarse.






Si la situación “caótica” se determina antes de que se haya producido daños irreparables en la totalidad del ecosistema... se reabren todas las posibilidades. Un cuadro turbulento y vertiginoso ofrece muchos espacios al poder de la estupidez, pero no es imposible que se deriven también procesos “inteligentes”. (Ver al respecto: Pensieri semplici sulla complessità).

Me he impuesto una regla, que intento respetar. Me limito a algunas anotaciones sobre el método, dejando a todo el mundo (incluido yo) la libertad de razonar como prefiera sobre cada situación específica (desde la general del planeta hasta todo género de comunidades grandes o pequeñas).

Del resto también Carlo Cipolla, al final de su libro sobre la estupidez, ofrecía al lector una serie de gráficos “en blanco” para que cada uno pudiera analizar, a su elección, diversos ambientes y agregaciones humanas.