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Ensayo literario
Carta a Samia

por Raquel Mateos
 

Pórtico Luna

Olvidada Samia:

En la Filmoteca Española sólo te tienen en una película y el proyector por lo visto no funciona... Mientras, te puedo imaginar dando mordiscos en los brazos de los niños cuando no levantabas tres palmos del suelo, delicada ave zancuda que se extingue como el aire limpio que surca. Samia, entiendes que me tengo que inventar tu recuerdo, el tuyo y el del holandés errante hipnotizado por la estrella de puntas invertidas. Lo suyo sería llenar aquella ventana de blanco cegador con la piel que nos sobra tras ser partidos en dos como una trucha y caminar aguantando con la arenilla en los pies ¿no es así?. Cuando la vida se sincroniza hasta hacerse insoportable ver que tu existencia es un anuncio, como en cada parada, las ruedas del tren relinchan como violines al imaginar que las yemas de los dedos se deslizan sobre los raíles. Entonces me acuerdo y me duele.

Sin más preámbulo Samia, hoy han matado a una bailarina oriental que dormía de pie sobre dos barcas en PlazakiokioCastilla esperando el autobus bus-bus-bus, asfixiada por su propia piel bajo la mirada atenta de aquel cartel de MalporroBush. Querida Samia, hoy ha muerto un vendedor de helados, hoy han atropellado un erizo por una serpiente estrangulado y se los han comido a los dos los gusanos, hoy me olvidé en la selva, hoy han dilapidado a un enano castor, hoy me escuece la cabeza, me huele el aliento a sueño, me duelen los pies, se me parte la espalda, una flor me descalabra cayendo acelerada desde una Torre especular. Samia me está fumando una gripe, una nube me hace volar, hoy nado en amoxicilina y paracetamol, y miro en el escaparate el reflejo de un perfil ciclotímico. Samia, hoy situé al Sr. Umbral justo detrás de Torrente Ballester y por delante de Unamuno, por riguroso orden alfabético, ignorando si será de su agrado...Samia te das cuenta que esto es meditar un delirio fumado de una nube gris de una planta verde que se recuesta en mi almohada, de una alegría que no puede ser porque se ahoga al respirar y se muere antes de ser verdad.

Las casas vuelan y los cristales se rompen y las veo alejarse en un tornado sentada yo aquí. Yo no soy la Vaca de la Memoria Infinita, sino una hormiga que mira la Luna creyéndose que es la salida de este hormiguero. Me engaño, Samia, como niña castigada sin regaliz me faltan canas y me sobran años para entender por qué hoy soy infeliz...será estar en mitad de la Nada.

Luna sorda y Sol ciego en Noviembre, domingos negros y martes de embarques, querida Samia por la mañana te veo siempre. Querida Samia, dime que barco estás gobernando, Samia cuidado no manches tus velas y tu delicado pie con el alquitrán. Huele a hule, huele a guerra, Samia. Tren en la niebla, barco encallado que surcó con la fuerza del aire y los remos los Mil Mares del Mundo, el argonauta exhausto se ha perdido dentro de una bola de cristal. Cabeza apagada de cerilla, luciérnaga que se enrosca moribunda, araña agazapada que teje palabras, la diezmillonésima parte de un cáncer que se llama Madrid, que regurgita un Dios amarillo. Aquí sentada susurro tu olvido. Querida Samia, me muero recostada en mi ombligo. Voy a empezar a leer un horóscopo que no es el mío, volví a nacer un 16 de Noviembre, por ejemplo, ese es mi castigo por quedarme así, en qué mitad de la multitud me quedé sola. Querida Samia, si bailar sirviese de algo...

Raquel Mateos.

Dedicado a Samia Gamal (Wana, 1924 — El Cairo, 1994)