corner
Archivo/Escritos
     
   
a
 


Inicio

 
Ensayo literario
Floripondia era la novia del Pirata Garrapata

por Raquel Mateos
 

Pórtico Luna

Y que hago yo ahora, de repente, con unas hojas secas de floripondio en el regazo. En una tarde que me he pasado avergonzada dentro de una lata de Coca-Cola (perdón, Pepsi, no confundamos términos), tras sorprenderme metiendo en el frigorífico la bolsa de patatas fritas justo en el momento en el que deseaba con más fuerza acabar con Julio Medem, por haberse atrevido a hacer tanto daño. Con retardo. Incapaz aún de comprender la diferencia entre arrogancia y poesía, entre pesadilla y deseo. Como tantos muchos.

Y giro en un hipnotizante juego de luz de unos 650w por foco y con filtros, encerrada en una bola de porexpán hueca de 70 centímetros de diámetro toda pintada por fuera con spray amarillo canario, que aún no han partido por la mitad con una hoja de sable(sería lo ideal), mientras deshago a Escher por el puro placer de la venganza, buscando el simple dolor de recordar que para aquel milagro de cartón hizo falta pegamento.

Ya se lo que voy a hacer, lo que hice nada más oler aquello. Lo volveré a guardar en su sitio, entre mis medias rotas bajo las zapatillas de ballet negras que apenas he usado. Decir que un cisne es ave palmípeda es lo mismo que confesar que se tiene los pies planos.

Pero estoy orgullosa de mi buena acción del día: hice volar a tres ángeles que tenía yo atrapados en unos Post-it de oficina, quemándoles las puntas de las alas con un mechero. Por fin hice algo práctico. Por fin descubrí que la diferencia entre la arrogancia y la poesía es el tiempo.