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Ensayo literario
Japón

por Jaime Paz
 

Pórtico Luna Al fin he cumplido uno de esos sueños que se tienen desde muy pequeño, desde que veía Mazinger Z en la tele, desde que Mecano cantaba aquella canción, desde que mi padre me decía que Japón era uno de los países más lejanos, desde que empecé a practicar el karate....

Ha sido el día 30 Noviembre de 2002, día en el que embarcaba en una nave con destino al planeta Japón, dispuesto a cumplir aquel sueño.

Voy a intentar transmitir las sensaciones experimentadas en ese viaje, el más increíble que jamás he hecho, sabiendo perfectamente que las palabras no acabarán de expresar lo que realmente ha sido para mí.

Voy a hacerlo lo mejor que pueda, lo juro....

Día 1 Diciembre (o cómo fui el primero en ver el sol)

He visto el sol y sé que he sido el primero. Lo sé porque estábamos sobrevolando las azucaradas montañas de Sihote-Alin, al norte de Vladivostok (lo he sabido tras mirar en un mapa) y sólo eran las cuatro de la mañana. Un sol totalmente nuevo, distinto al que normalmente veo en mi localidad. Ese sol ya es viejo cuando lo vemos nosotros.

El sol de hoy es diferente.

Y el sol me ha recordado que quedaba poco para llegar, que estábamos cerca, y que aterrizaríamos de un momento a otro en el aeropuerto de Narita. Poco después, la llegada al hotel, todo bien, el metro a un paso, las JR lines igual, en fin, muy bien situado, después, una siesta para contrarrestar el jet lag, y ya de noche, hemos salido a ver el Shiba Park y la Tokio Tower.

Dentro del Shiba Park, he visto el primer templo, Zoji, el primer cementerio, los primeros objetos de culto para los religiosos japoneses, el problema es que ya era de noche, pero aún así todo tenía su encanto.

Finalmente, he podido reservar dos asientos para el Shinkansen (tren bala), ya que en un par de días marchamos para Kyoto, y si no se reservan las plazas, te puede tocar hacer un viaje de dos horas y media de pie. Ha sido un poco complicado, ya que el empleado de JR lines no hablaba una palabra de inglés, y entre señas y papelitos, nos hemos podido poner de acuerdo, especialmente gracias a la amabilidad japonesa.

Día 2 Diciembre (o cómo no desesperarse entre el caos)

Por la noche habíamos decidido ir a dos de los muchos centros urbanos que tiene Tokio, Shinjuku y Shibuya. Primero, y por situación, Shinjuku. Al entrar en el metro, nos hemos encontrado con que los empleados tampoco hablan inglés, y que las máquinas para sacar los billetes sólo entienden el japonés.... en su escritura, por supuesto.

Hemos ido a probar suerte a la cara opuesta de la estación de Daimon, y la hemos tenido: un par de máquinas de billetes con la opción "English". Bien!

El caso es que una vez que dominas el tema del ajuste de billete entre las dos compañías que comparten las 14 líneas de metro que hay en Tokio, ir en metro a todas partes es la mar de sencillo.

Bueno, pues hemos llegado a Shinjuku, y coincide con la imagen que a lo largo de los años me había formado de Tokio: rascacielos llenos de pantallas de vídeo gigantes escupiendo publicidad a las miles de cabezas que transitan por la calle, centros comerciales, importantes centros financieros, el tren que pasa por encima de ti, al tiempo que se cruza con las carreteras, esa especie de caos controlado, que sumé a la sensación producida por estar rodeado por primera vez de miles y miles de japoneses, con el resultado que esperaba: esto es otro planeta!!

Y una de las primeras cosas que he hecho ha sido ir a comprar música. He tenido suerte en ese aspecto, ya que en la primera planta de Virgin, sólo se veían cd’s publicados en Japón. De todos los estilos, pero solo formaciones Japonesas, así que, manos a la obra, a escuchar y escuchar. La decisión final, un cd de Naohito Uchiyama, lo mío es la música electrónica, así que, tiré por ahí.

Después hemos ido a Shibuya, a eso del mediodía. Salir de Shibuya Station ha sido descubrir Tokio de verdad. Es el punto de reunión de miles y miles de jóvenes japoneses, donde van de compras, a comer, y a divertirse. Las pantallas publicitarias siguen bombardeando las miles de cabezas adolescentes, mientras ellos caminan hipnotizados por su teléfono móvil, todos ellos, por supuesto, de última generación, con pantalla de color, cámara fotográfica, juegos, etc.... Es curioso que se oye un gran ruido de fondo en la calle, pero es el producido por los cientos de pantallas de publicidad, ya que la gente no habla cuando camina por la calle.

Hemos entrado en una gran librería, que tiene dedicada una planta entera a los manga. Nos hemos quedado realmente sorprendidos de lo que siginifica el manga en la cultura japonesa, porque precisamente, es eso, toda una cultura. Manga para chicos, para chicas, para niños, para adultos, de terror, de ciencia ficción, eróticos, por supuesto, aunque considero que casi todos tienen su grado de erotismo, de guerra, hasta he visto alguno de Mazinger Z, definitivamente, estoy en Japón.

Día 3 Diciembre (o cómo acabar adorando esta ciudad)

Por la mañana, hemos cogido el metro y hemos ido directos a los jardines del palacio imperial, cerca de la estación central de Tokio. Y aunque no nos han permitido la entrada al palacio, ya que solo se abre al público un par de fechas durante el año, hemos podido visitar los jardines que lo rodean. La estación en la que estamos hace que los colores del otoño prevalezcan sobre el verde, pero nos ha dado la sensación de que hasta eso se ha tenido en cuenta a la hora de diseñar este parque.

La sensación de tranquilidad de este lugar contrastaba con lo que veríamos tan sólo 30 minutos más tarde. Ginza (parece ser que se pronuncia Ginzá), uno de los cruces más transitados del mundo, presidido por el edificio San-Ai, con su fachada totalmente de vidrio, y por supuesto, su correspondiente pantalla de vídeo gigante. También hemos podido ver el teatro Kabuki-za, y en el otro extremo del cruce, el Sony Building. Todo un rascacielos de exposición con lo último en electrónica: Bienvenidos al futuro!!

Ordenadores, robots, videojuegos, cámaras digitales, incluso salas de proyección de películas, y restaurantes, de los cuales hemos elegido uno para probar Tempura. Bon apetit!!!

Una vez se ha puesto el sol y hemos dado un último paseo por Ginza, con todas sus luces encendidas, nos hemos atrevido a volver a nuestro hotel caminando, siempre orientados por la Tokio Tower, visible desde prácticamente toda la ciudad, sobre todo de noche.

 

Día 4 Diciembre (o cómo no tocar un solo taxi)

Antes de subir en el avión el primer día, nos habíamos propuesto no coger un solo taxi (más que nada, por las prohibitivas tarifas de las que había oído hablar), con lo cual, salir del hotel de Tokio, ir a la estación central, coger el Shinkansen (tren bala), y llegar al hotel que teníamos reservado en Kyoto, era una tarea pensábamos que complicada para ese día, pero nada más lejos de la realidad. A las 4 de la tarde ya estábamos entrando en la habitación, y programando lo que haríamos esa noche.

Ya que se hace de noche muy rápido, no ha dado tiempo a ver gran cosa, más bien, los alrededores de la estación central (que no es sino el mismo centro de Kyoto), la pagoda del templo Toji, y las calles circundantes, lo cual no ha dejado de tener su encanto, ya que es la primera pagoda que hemos visto, iluminada y todo.

Día 5 Diciembre (o cómo hacer la ruta de los templos caminando)

Kyoto sólo tiene dos líneas de metro. Con eso tienes que sobrevivir. El día anterior por la noche, habíamos planeado sobre el mapa el recorrido para visitar los principales templos de Kyoto, y la mejor forma de llegar era yendo a la estación Kita-Oji, y después seguir el curso de la calle del mismo nombre, hasta llegar al primer templo que queríamos visitar: El Templo Dorado, o Kinkaku-ji.

Sin embargo, antes de llegar nos hemos encontrado con la puerta de otro templo, Daitoku-ji, y hemos decidido entrar. Y pensamos que ha valido la pena....

Por primera vez, hemos podido sentir la atmósfera que se respira en estos templos, sobre todo, tranquilidad, silencio, desde luego, si la meditación es una de las claves del shintoismo, este es el lugar idóneo para ello: jardines cuidados con la delicadeza que caracteriza a estas gentes, árboles que separan este lugar del resto de la ciudad, en fin, todo un refugio del mundanal ruido, aunque parezca una frase hecha.

Hemos seguido caminando, y finalmente, tras 20 minutos más de marcha, hemos encontrado la puerta que da acceso al Templo Dorado, un jardín, un estanque, y en el centro del mismo..... allí estaba..... el Templo Dorado..... y.....he visto que estaba.....

....rodeado de andamios!!!!

Y entonces he escuchado como alguien que caminaba delante nuestro ha exclamado en un perfecto inglés: "It is so disappointed!"

Pues sí, bastante decepcionante, más que nada, porque la foto no va a salir como yo imaginaba, supongo que esa era la razón por la que en la entrada se nos obsequió con una postal del templo, hecha en la época en la que los jardines que rodean este templo están cubiertos de nieve.

Sin embargo, y pese a las obras de mantenimiento, una vez estábamos saliendo del recinto, hemos concluido en que ha valido la pena entrar y observar de cerca todo lo que había allí dentro.

El tercer alto en el camino programado era el templo Ryogan-gi, famoso por su jardín de roca Zen. Y hemos mirado el mapa, hemos calculado que supondría un paseo de media hora más, y sin pausa pero sin prisa, nos hemos puesto en camino.

Algo ha fallado, porque hemos aparecido en un lugar inesperado, en un santuario, que según el mapa, parece ser se llama Kitano Tenmangu, lugar en el que hemos podido ver la aguas purificadoras, y aunque no estaba en la ruta marcada el día anterior, ha sido interesante pasar por allí.

El caso es que nos hemos equivocado en la avenida por la que debíamos llegar allí, con lo cual hemos tenido que coger una línea de ferrocarril interior, y hemos ido a parar al centro de un barrio de viviendas muy pequeñas. Por primera vez, he tenido la sensación de haberme perdido, lo cual no ha dejado de ser interesante.

La amabilidad de las gentes de por aquí ha facilitado la tarea para llegar finalmente al templo Ryoan-gi, y ha sido como un premio el llegar allí, ver el jardín Zen, la pagoda y el estanque en el que descansa el centro religioso.

Todo eso en una mañana.....

Hemos podido comer en un restaurante no demasiado caro, que eso aquí es de agradecer, y habiendo recuperado fuerzas, nos hemos dirigido al castillo Nijo, uno de los pocos lugares en lo que hemos podido acceder al interior de sus dependencias. Lo más interesante del lugar: los tablones del suelo están colocados de tal manera, que el chirrido imita al canto de los pájaros, algo que se ideó, para delatar a los posible intrusos. Sus estanques y jardines también son dignos de mención.

Finalmente, hemos regresado al hotel, para poder hacer unas compras por la tarde. Hemos buscado un par de tiendas que nos interesaban, y a cenar, que hoy ha sido un día muy movido.


Día 6 Diciembre (o cómo quedamos fascinados con un país tan sorprendente)

Hoy era el día de Gion. Habíamos reservado un día entero para visitar Gión, el distrito más tradicional de Kyoto. Sin embargo, y dada la facilidad con la que llegar allí, hemos decidido levantarnos un poco antes y visitar antes que nada el santuario Fushimi, al sur de Kyoto, así que Jaime, Begoña, coged de nuevo las JR lines y para allí....

Se trata del famoso santuario de las 1000 puertas, es decir, visita obligada, y fotografía obligada dentro del largo pasadizo que forman todas esas puertas rojas que todos hemos visto alguna vez.

Y ahora sí, para Gion. Un par o tres de paradas de metro desde la estación central de Kyoto, y ya estamos en la entrada al distrito.

No parecía posible que después de aquella gran avenida, Shijo-dori, llena de centros comerciales y caos consumista pudiera aparecer, tan solo al cruzar el río Kamo , el Japón más tradicional, un laberinto de callejuelas, llamadas Ishibe-Koji, con pequeñas casas, todas con su cuidado jardín, lo cual ya no nos sorprende en absoluto, callejuelas adoquinadas, recorridas de vez en cuando por coches de lujo y bordeadas de pequeñas tiendas y restaurantes, y que conducían a la pagoda Yasaka. De nuevo la tranquilidad invadía el ambiente, y allí hemos decidido parar a comer..... Tempura, miso, arroz, ya sabemos de qué va todo esto, y con los palillos, ningún problema....

Y desde Gion, la siguiente parada es el callejón Ponto-cho, barrio de las geishas, gays y lesbianas, desde hace bastantes años. Hemos visto varias geisas saliendo de sus casas para acudir a sus visitas.

Un último paseo por las tiendas de Sijo-dori, y nos hemos dirigido de nuevo al centro de Kyoto a ver los últimos templos de nuestro viaje: Higashi Hongan-ji y Nishi Hongan-ji, este úlimo famoso por las pinturas coloristas de su puerta principal. Un detalle: Al no encontrar la famosa puerta, hemos preguntado a un taxista, y sin pensarlo dos veces, ha salido de su coche, y caminando, nos ha acompañado hasta la puerta, que no estaba precisamente as 3 metros, es curiosa las molestias que esta gente se toma cuando les pides ayuda.

Finalmente, a cenar, descansar y a hacer una última incursión por la estación de Kyoto, el centro del ocio y las compras de la ciudad.

Día 7 Diciembre (o cómo sobrevivir a la lluvia en Tokio)

Ha amanecido el día con lluvia. No era preocupante, ya que gran parte del día lo íbamos a pasar en estaciones y en el tren bala de regreso a Tokio (ya tenemos esa sensación de volver, de que el viaje se acaba).

La idea era aprovechar la tarde en el distrito Roppongi de Tokio, lugar en el que se concentran los karaokes, clubes y discotecas de la ciudad.

Cuando hemos llegado allí, todavía seguía lloviendo, con lo cual, nos hemos metido en un Internet Café, que también disponía de una extensa (aprox 3000 volúmenes) colección de manga que se podía ojear mientras navegabas por la red.

Hemos enviado algunos e-mail, y se ha hecho la hora de cenar. Hemos probado el pulpo, y una especie de "pincho" de pollo condimentado y salseado, del cual ahora no consigo recordar el nombre.

Y como la lluvia no nos ha dejado pasear demasiado, y teniendo en cuenta que al día siguiente nos teníamos que levantar a la 6:00 am aproximadamente, hemos decidido despedirnos de la ciudad y volver al hotel.


Día 8 Diciembre (o el día en que nos despedimos del planeta Japón)

Hoy era el día del regreso a casa. Levántate, dirígete a la estación de JR lines más cercana, llega a Toko Central Station, coge el Narita Express, factura tu equipaje, gástate las últimas monedas de yenes, una hora en la sala de espera, y a volar.

La última anécdota ha sido a bordo del Boeing, cuando nos han servido la comida. Uno de los platos consistía en una especie (en los aviones toda la comida se puede definir como "una especie de....") de espaghetti, y cuál ha sido mi sorpresa al darme cuenta que tanto Begoña como yo, instintivamente, hemos prescindido totalmente de los cubiertos y hemos cogido los palillos para comernos la pasta.

Pero la sorpresa ha continuado al darme cuenta de que los 3 alemanes que se sentaban a nuestra derecha han hecho exactamente lo mismo.

Y todavía más sorprendente ha sido el ver cómo el japonés que se sentaba a mi derecha cogía el tenedor para comerse la pasta!!!

¿Qué nos está pasando?

Me he tragado las tres pelis que nos han puesto, porque me era totalmente imposible dormirme, y he conseguido acabar el libro que me ha acompañado durante todo el viaje: Las puertas de Anubis de Tim Powers, que ha resultado ser uno de los mejores libros de ciencia ficción / fantasía que he leído nunca.

Gracias, Angel, por la recomendación!!

Y aquí acaba este diario, que he querido escribir para compartir con el máximo número de personas todo lo que hemos vivido en un país que nos ha dejado fascinados, y con unas ganas enormes de volver (seguiré ahorrando durante los próximos 15 o 20 años)

Un saludo a todos.