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Ciencia
Entrevista a Heinrich Rohrer, premio Nobel de Física

por Luis Alfonso Gámez
 

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Publicado en El Correo.

"Vamos a poder hacer prácticamente cualquier cosa. No hay límites. La pregunta es qué queremos hacer, porque no hay nada que tenga efectos sólo buenos o sólo malos." - Heinrich Rohrer

¿Es el mundo capaz de soportar seres inmortales?

"Nunca veo películas ni leo libros de ciencia ficción. Me basta con la imaginación", dice Heinrich Rohrer. Y lo demuestra a lo largo de la conversación, improvisando ejemplos del futuro que se nos viene encima, o quizá no. Premio Nobel de Física en 1986, este científico suizo dio la conferencia inaugural de la Semana de la Ciencia y la Tecnología, organizada en Euskadi por Saretek. Habló de nanotecnología, la posibilidad de hacer máquinas microscópicas.

 -Richard P. Feynman, como usted premio Nobel de Física, formuló en 1959 el planteamiento teórico de la nanotecnología. Más de cuarenta años después, no parece que se haya avanzado mucho.

-Fue durante una conferencia en la que dijo lo que podría ser la nanotecnología. Después de eso, no pasó nada durante años. Fue como si la idea se desvaneciera. Y reapareció en la mente de los científicos en los años 80 y 90. Todo lo que dijo Feynman es posible.

-¿Todo?

-La mayoría de las cosas. Lo que pasa, también, es que quizá se harán de diferente manera a como él creía. No hace falta fabricar una máquina que haga otra más pequeña, que a su vez sea capaz de fabricar otra más pequeña...

-Pero no tenemos todavía ninguna máquina microscópica ni ninguna máquina molecular, que es lo que persiguen los nanotecnólogos.

- No. Pero ¿para qué queremos fabricar máquinas moleculares cuando la naturaleza ha hecho tantas como virus? A lo mejor, alguna vez hacemos máquinas nanomoleculares; a lo mejor, no. Ahora existe la microelectrónica; en un futuro, la nanoelectrónica. La microtecnología comenzó hace unos 250 años con algunos componentes de relojes. El paso siguiente es la nanotecnología, que llegará cuando fabriquemos componentes de uno, diez o cien nanómetros de tamaño.

-Es decir, que vamos a tener máquinas microscópicas 'de tuercas y tornillos'.

-No pueden hacerse con tuercas y tornillos porque, cuando entras en temas de fricción, dejas de trabajar en el ámbito de lo nano. Ahí, todo consiste más en doblar, en deformaciones.

Médicos microscópicos

-¿Estamos muy lejos de las primeras nanomáquinas? ¿Más lejos que de la conferencia de Feynman?

-No creo. Pero ¿qué deberían hacer estas nanomáquinas? Ahora hay marcapasos. Podemos imaginar un futuro con enjambres de nanomáquinas que recorran nuestro circuito sanguíneo para controlar el estado de la sangre y eliminar elementos tóxicos.

 -Y podrían eliminar la grasa cuya acumulación en las arterias está en el origen de los infartos, ¿verdad?

-Claro. Es fácil pensar en ese tipo de nanomáquinas beneficiosas para la salud humana, pero ¿vamos a desarrollarlas? ¿Es el mundo capaz de soportar seres humanos inmortales? ¿Qué haría la Iglesia católica con el Paraíso si se le queda vacío?

-¿Llegaremos a ser inmortales?

-No sabemos de ningún tipo de organismo inmortal. Y no veo ningún signo de que alguno vaya a alcanzar la inmortalidad. Pero yo no conozco el futuro. Y tampoco sabemos, nadie lo sabe, si las cosas funcionan de la misma manera en otros universos.

-Da miedo pensar que las nanomáquinas se rebelen.

-Cuando fabricamos una máquina, siempre hay un riesgo. Todo lo que creamos puede fallar. Y, si algo puede fallar, lo hará tarde o temprano. Los sensores son más sensibles cuanto más pequeños. Pasando del ámbito de la salud al del medio ambiente, con nanosensores atmosféricos, podríamos comprobar la calidad del aire que respiramos 100.000 veces en cada segundo, en vez de en todo el día, como pasa ahora.

-Esos enjambres de microrrobots atmosféricos o limpiadores de la sangre podrían ser también de espías al servicio de un país.

-Vamos a poder hacer prácticamente cualquier cosa. No hay límites. La pregunta es qué queremos hacer, porque no hay nada que tenga efectos sólo buenos o sólo malos.

 -Eso pasa con cualquier avance de la ciencia y la tecnología.

-Puedes inyectar nanomáquinas en el sistema circulatorio de una persona para controlar su salud y en el de otra para matarla. Pero yo no tengo ningún temor a los nanorrobots. La sociedad siempre tiene miedo de los avances y quiere controlar la ciencia. Si no hubiera existido la biología, no habríamos tenido esperanzas de controlar el sida. Aparecerán nuevos peligros en el futuro y necesitaremos la ciencia para hacerles frente. Le voy a dar dos ejemplos en los que sería clave el control por parte de la sociedad.

-Diga.

-Puede haber un microsensor que sirva para detectar si las personas que se me acercan sufren gripe o cualquier otra enfermedad. Me protege. Es bueno para mí. Pero, al mismo tiempo, viola la intimidad de los otros. ¿Qué hace la sociedad ante la posibilidad de una máquina de ese tipo? ¿Qué limites pone? Por otro lado, puede haber dispositivos portátiles, del tamaño teléfonos móviles, que en el futuro tengan capacidades de miles de gigas o mucho más. Eso permitiría tener una traductora universal de bolsillo que entendiera cualquier idioma. Facilitaría la comunicación entre los seres humanos, pero la gente dejaría de estudiar idiomas y no se acercaría tanto a otras culturas.

 -Una decisión responsable exige un cierto grado de conocimiento. Y parece difícil que un saber pueda generalizarse cuando, después de años de debate público, todavía hay gente que, por ejemplo, cree que un embrión congelado es un feto.

-En Suiza, se hizo un referéndum sobre la investigación con células madre embrionarias. Yo quise decidir no como científico, sino desde mi conciencia. Y creí que lo correcto era asumir un riesgo si lo podemos controlar, porque puede merecer la pena el conocimiento que consigamos. Mucha gente no tiene confianza en el ser humano. Yo quiero creer que el ser humano no tiene por qué ir a peor. Hay que tener esperanza.

El público y la ciencia

-Pero usted es un científico y sabía de qué iba la historia. ¿Puede tomar decisiones responsables una sociedad que no sabe exactamente sobre qué le piden la opinión?

-Simplemente, no se puede. Uno no puede esperar que el público sepa de todo. No se puede saber de todo. Hasta los científicos sabemos poco de lo que no es nuestra especialidad. El público tiene que creer que los científicos hacemos nuestro trabajo de un modo razonable. Como tiene que creer que los políticos hacen su trabajo de un modo razonable.

 -Eso es aún más difícil.

-La gente debe confiar en los científicos, tiene que creer que no queremos engañarla. Hay que conseguir que la gente vuelva a tener confianza, porque muchas de las cosas que hacemos en la vida dependen de que creamos en otras personas.

-¿Dónde estará en el futuro el límite para el conocimiento y la tecnología humanas?

-Creo que no hay ningún límite. Podemos hacer cualquier cosa, excepto que podamos demostrar que algo no puede hacerse. Y, cuando demostramos que algo no se puede hacer, la mayor parte de las veces la prueba está equivocada.

-¿Ese optimismo le lleva a pensar que cualquier futuro será mejor?

-Siempre tenemos que dar una oportunidad al futuro, que puede ser mejor o peor. El futuro no depende sólo de la tecnología; será lo que nosotros hagamos que sea. Y tenemos que ser conscientes de que el ser humano no es el estadio final de la evolución. Puede parecernos que lo somos ahora en la Tierra, pero quizá no dentro de 500 millones de años.

-En la guerra entre religión y ciencia abierta en el campo de la biotecnología, ¿no está la primera condenada a la derrota?

-Yo no soy muy religioso. Lo que no se puede hacer es una ciencia de la religión. Eso sería un problema. La religión se basa en la creencia, en la fe. La ciencia también se basa en la fe, en la creencia de que podemos hacer cosas. ¿Cuál es la última razón de todo?

 -Eso se pregunta todo el mundo.

-La religión dice que Dios. Y los científicos no lo sabemos. Lo que sabemos es que hay algo que hace que el Universo sea como es. Puedes decir que todo nació con el 'big bang', pero ¿qué provocó el 'big bang? La religión debería ocuparse únicamente de las conciencias de la gente.

 -Daniel Goldin, ex director de la NASA, soñaba con mandar enjambres de nanoexploradores a otros mundos en vez de ingenios del tamaño de un carro de golf, como 'Spirit' y 'Opportunity'.

-Por supuesto, por supuesto. Será posible

-Démosle la vuelta al argumento: ¿cabría la posibilidad de que ahora mismo estuviéramos siendo observados por nanomáquinas alienígenas?

-No tenemos pruebas de que esté pasando algo así.

EL PERSONAJE

Heinrich Rohrer nació en Buchs (Suiza) en 1933. Se doctoró en Física en el Instituto de Tecnología de Suiza con una tesis sobre superconductividad. Después de dos años de estancia en la Universidad Rutgers (Nueva Jersey, EE UU), fue contratado en 1963 por IBM para trabajar como investigador en su laboratorio de Zúrich. Recibió el premio Nobel en 1986 por el invento del microscopio de efecto túnel, que se considera para la nanotecnología lo que el telescopio para la astronomía. Esta casado y tiene dos hijas. Se jubiló en 1997 y suele pasar temporadas en San Sebastián, en el Donostia International Physics Center, y en la universidad japonesa de Tohoku.