corner
Archivo/Reportajes
     
   
a
 


Inicio

 
Sociedad
El mundo en guerra: Informe especial 11-S (II)

por Xavi Garriga
 

Pórtico Luna

La trampa diabólica

Hace ya un mes del ataque a los torres gemelas de Nueva York y una semana desde que se iniciaron los bombardeos sobre Afganistán. La crisis avanza y para nosotros es el momento de seguir analizando los hechos y tratar de avanzar algunas predicciones sobre el futuro inmediato de los acontecimientos.

El mismo día en el que se iniciaban los bombardeos de represalia, Osama Bin Laden aparecía en las pantallas de todo el mundo para lanzar un mensaje de lucha contra occidente y reclamar el apoyo de la mayoría de los musulmanes. En este mensaje trataba de unir a sus usuales reclamaciones sobre la presencia de tropas americanas en Arabia Saudita el problema de la causa palestina y la constante humillación que sufre Irak en forma de bombardeos y bloqueos. En su día Saddam Husein también trató de hacer suyos a los palestinos y conseguir la solidaridad de los países de religión musulmana, pero no lo consiguió, aunque en su caso fue debido en gran medida a que previamente había atacado a un país musulmán (Kuwait) y había perdido legitimidad religiosa. Por otra parte, Saddam Husein era casi un laico al lado de Osama Bin Laden, así que el que éste último tenga o no éxito en su llamamiento dependerá de otros factores.

Difícilmente conseguirá Bin Laden hacer suya la causa palestina, ya que aunque a nivel popular los palestinos puedan sentir ciertas simpatías por él, los dirigentes palestinos saben que cualquier respaldo, por mínimo que fuera, a Bin Laden, sería el final de su sueño, así que a menos que se produzca una involución en el seno de la OLP es improbable que Palestina se vuelque en favor de Afganistán (y menos ahora, que EUU empieza a soltar lastre y a aventurar en público la posibilidad de apoyar la creación de un estado palestino). Del resto de estados de la región, el único que tiene un nivel importante de apoyo popular a Bin Laden es Pakistán, aunque los niveles de agitación no son tan importantes como podamos creer por las imágenes que vemos en televisión, ya que son sobre todo manifestaciones estudiantiles. Si el gobierno pakistaní aguanta, y las ayudas económicas y políticas que está recibiendo de occidente así parecen indicarlo, el apoyo oficial a Afganistán será nulo, con lo que el régimen talibán se colapsará en pocas semanas.

El problema surgirá entonces, ya que se tendrá que ganar la paz, que puede ser tan o más difícil que ganar la guerra. La alianza del norte no es vista con buenos ojos ni por Pakistán ni por la etnia mayoritaria de Afganistán (los pashtún, el 40%), así que occidente necesitará una red de alianzas realmente intrincada, cuyo éxito dependerá en buena medida del papel que quiera o pueda jugar el anciano rey. La enemistad entre Pakistán y los uzbekos y tadjikos que forman mayoritariamente la alianza del norte viene de antiguo, ya que estos últimos acusan a los pakistaníes de haber sustentado a los talibanes durante años y el gobierno pakistaní, acosado en el sur por sus problemas fronterizos con la India, no quiere tener un vecino en el norte que no le sea fiel. Por otra parte, ni siquiera Irán o Rusia, patrocinadores usuales de la alianza, ven posible la instauración de ese gobierno y no lucharán hasta el final por sus ahora aliados. Además, EUU y Gran Bretaña, sabedores de este problema, no están usando su fuerza aérea para allanar el camino hasta Kabul de los guerrilleros, pues antes de la toma de la capital quieren tener claros los pasos a seguir a continuación.

Así las cosas, la opción de usar al anciano rey para que trate de unir a las diferentes facciones y etnias del país tampoco acaba de ser del todo perfecta, debido a que parte de los pashtunes le considera un títere en manos de occidente y su condición física no le permitiría probablemente soportar las larguísimas deliberaciones de la famosa asamblea tribal que debería convocar. En cualquier caso, estos idas el futuro de Afganistán se debate, además de en Washington y en Londres, en un remoto valle del noreste del país, en el que diferentes cabecillas tribales deliberan y tratan de limar diferencias de décadas y décadas. De lo rápido que lo consigan depende el tiempo que los afganos tendrán que soportar los bombardeos previos a la invasión terrestre o a la ofensiva final.

Una vez eliminado el régimen talibán, el otro enigma a resolver será el destino final de Bin Laden y el conflicto que eso pueda suponer. Lo más probable es que huya a algún país proclive, como Somalia o Sudán (la opción chechena ha quedado descartada después de que Rusia haya obtenido carta blanca para actuar contra los chechenos a cambio de su colaboración en el actual conflicto). La cuestión es si EUU tendrá suficiente convicción moral y apoyo internacional para extender las operaciones de caza de Bin Laden a un tercer país, e incluso a un cuarto. Personalmente creo que será difícil mantener la delicada cohesión de la actual alianza occidental para esa campaña. EUU ha tratado de conseguir el beneplácito de las Naciones Unidas (no en vano, hace pocas semanas accedió a pagar los enormes atrasos monetarios en concepto de pago de cuotas que tenía pendientes con la organización) para que los países árabes "moderados" pudieran salvar la cara ante sus opiniones públicas, pero en caso de que la guerra se extienda, esos mismos países le darán la espalda. Otra cosa sería que realmente la ONU tomara cartas en el asunto y decidiera intervenir con sus propias tropas en el conflicto, pero la ONU se suicidó en una pequeña ciudad de Bosnia llamada Srebrenica, hace ya seis años, cuando los cascos azules no se atrevieron a dar la vida por defender a siete mil hombres que fueron fusilados por las tropas serbias.