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Decálogo sobre el quehacer periodístico

por Ikram Antaki
 

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Primero: No debes oficializar el rumor. En un país como el nuestro eso pasa todos los días. El periodista tiene el poder de destruir vidas enteras con sólo emitir un rumor. Hay que ser muy cuidadosos y honestos. Hay que informarse y cerciorarse de la veracidad de los datos antes de difundir la información.

Segundo: No debes promover el espectáculo, primero, porque ello es en realidad un producto de la flojera; y segundo, porque es hacer mal uso del poder que tienes para informar. No debes hacer un espectáculo morboso de la noticia, y ello no sólo es válido para la fuente policíaca sino también para la política y todas las demás. Frecuentemente, los medios son el reflejo de un morbo político colectivo.

Tercero: No debes manipular la información. Ningún tipo de información está exenta de poder ser manipulada. No es cierto, por ejemplo, que la imagen no mienta. Hemos visto que frecuentemente los medios manipulan sólo para crear espectáculo y vender más ejemplares o ganar más audiencia.

Cuarto: No debes corromperte. ¡Es tan fácil hacerlo! No sólo se trata del regalo (o el dinero), que lo hay y mucho, sino de cuando pretenden tratarnos por encima de lo que somos: de apapacharnos, mandarnos el carro, mandarnos de viaje... Los poderosos actúan como si nos respetaran y por ello pensamos que somos respetables. Ésa es una forma mucho más sutil de corromperse. El trabajo del periodista es uno de los más exigentes del mundo: es poner sistemáticamente a prueba el alma y el cerebro, que finalmente llegan a ser la misma cosa. Es quitar permanentemente el tapete debajo de nuestros pies. Cuestionarse si se está en la línea moral que se desea o no. Es preguntarse: ¿Me saludo cuando me veo en el espejo por las mañanas o me doy asco?

Quinto: No debes autocensurarte. Parecería que ya no necesitamos que nos censuren. Aun las veces que no hay censura oficial manifiesta, nos autocensuramos para no cortarnos del resto del mundo que nos es útil. Para seguir en circulación y seguir siendo una estrella. Somos cómplices de la censura.

Sexto: No debes tratar de ser neutral. Eso ya no funciona. Todo en lo que hemos creído ha caído: no sólo en política, sino en economía, literatura, filosofía, etcétera. Faltan libros. Los libros que teníamos como criterio ya no sirven, y todavía no están escritos los nuevos. ¿Quién hace criterio hoy en día? El periodista. Antes se llamaba noticia, hoy se llama directamente historia. Estamos haciendo historia a diario. Estamos haciendo el derecho, la economía, la literatura a diario. Somos criterio... ¿Y vamos a pretender que somos neutrales? ¡Por Dios! El periodista debe ser alguien con una mente muy clara y con una formación que debe ser muy rigurosa. El periodista ya no sólo es periodista: hoy tiene algo de filósofo. ¿Se imagina -le pregunta Antaki a Gutiérrez Vivó- qué tanto nos pedimos a nosotros mismos? Es una inmensa exigencia. Ya no podemos hacer nada más que de talacheros del periodismo, ya no se puede, porque faltan los que hacen el trabajo serio. Nos encontramos sin nada. Hay que inventar criterios nuevos y, nosotros, quienes trabajamos en los medios, estamos en la primera línea para hacerlo.

Séptimo: Debes relativizar: poner distancia a las cosas. Mesurar equilibradamente los problemas para apreciar sus dimensiones y consecuencias, con el propósito de no emitir juicios excesivos que confundan a la opinión publica por ser ajenos a la realidad. Debes medir lo que dices.

Octavo: Debes adoptar la duda y el espíritu crítico. Hoy la suspicacia ha tomado el lugar de la fe. Se trata de no sacar conclusiones de inmediato. Hay que dar alternativas. Decir: he visto esto y puede significar tal cosa o tal otra, pero no apresurar juicios absolutos.

Noveno: Debes rectificar públicamente cuando te equivoques. Es muy importante tener esa valentía, ese coraje. Es una regla moral básica. Debes hacerlo.

Décimo: Debes permitir que quien así lo decida, no juegue el papel mediático... Somos unos verdaderos terroristas de los medios: ¿Algún escritor, algún político, algún científico puede permitirse el lujo de no jugar el papel mediático? ¡Lo matan!... Yo puedo escribir el mejor libro del mundo. Pero si no busco a los amigos que tengo en la prensa para darlo a conocer, recibe el silencio absoluto. Si no quedé bien con un medio informativo, mi libro no existió. El que no aparece no existe. Eso es terrorismo. Se acaban carreras por ello. No se puede tolerar esto por más tiempo. Es antidemocrático. Nosotros, los periodistas, que debíamos ser el instrumento democrático, nos volvemos el terrorista antidemocrático.