corner
Archivo/Artículos
     
   
a
 


Inicio

 
Sociedad
Un Kaddish por Ibrahim

por Johnny B. Goode
 

Pórtico Luna

Han pasado ya dos meses del 11 de Septiembre y parece que a los talibanes les quedan dos telediarios. Todos hemos oído hablar de choque de civilizaciones, de yihad, de fundamentalismos y petróleo, ... hasta de Al-Andalus.

Sin embargo me sorprende lo poco que se ha hecho para avanzar en una de las cuestiones que todo el mundo apuntaba como una de las principales tras la actual situación del mundo islámico.

Me refiero, claro está a Oriente Medio.

Y es que servidor hubiera esperado que el viejo George "Cara de Cuero" pusiera en la pacificación de la zona siquiera la mitad del empeño que ha puesto en patear las pelotas de Bin Laden.

A día de hoy, sin embargo, la situación es la misma que antes de los atentados o incluso peor. Los tanques israelíes entraron nuevamente en las zonas de Cisjordania bajo control de la ANP; han proseguido los asesinatos selectivos de militantes de Hamas e incluso de la misma Al-Fatah de Yasser Arafat; se ha producido el asesinato de un ministro del Gobierno Israelí, del ala más dura, además; y en definitiva, no se vislumbra un fin a la violencia ni un futuro estable para la zona.

No es que quiera cargar toda la responsabilidad sobre las espaldas de los Estados Unidos: en Europa tampoco se ha hecho gran cosa. Sí, Peres y Arafat se encontraron en la pasada cumbre de Formentor, pero fue a escondidas de Sharon, como una pareja de adúlteros.

Ni se ha producido ningún debate de calado, ni se ha efectuado mediación alguna.

Pensadlo, ¿dónde se han metido toda esa constelación de eminencias grises, intelectuales, hombres de estado y santos varones en permanente gira, de conflicto en conflicto, como si del Negotiation Tour se tratase? ¿Dónde están los Carter, Baker, Bonino, Miterrrand (Danielle, no François que está criando malvas), González, Solana o Pérez de Cuellar?

Uno diría que han corrido a esconder la cabeza en un agujero si no le constase que en esa posición no se pueden alcanzar los canapés de caviar.

La verdad es que pocos son los valientes que estaría dispuestos ahora mismo a quemar su prestigio político en una negociación. Y es que no se vislumbra una solución a corto plazo.

Dudo que se pueda volver siquiera a los acuerdos de Oslo. En los últimos años ha crecido muchísimo la oposición a ellos tanto en las filas israelíes como las palestinas; seguramente, a estas alturas, el apoyo a los mismos sea minoritario en ambos bandos.

Y es que el problema de Oriente Medio es un lío endemoniado.

O quizá debería decir divinizado. Porque de eso se trata, ¿no?

De Dios.

¿No es una excusa genial? "¿Yo, asesino? ¡Me lo ha mandado Dios!" Tanto que no hay un rincón de la Tierra que no haya conocido la persecución religiosa y el exterminio de quienes no compartían una creencia.

Y quienes argumentan una pretendida superioridad moral de una supuesta "civilización cristiana" harían bien en recordar que si los talibanes destruyeron los Budas de Bamiyan, los bizantinos iconoclastas destruyeron miles de estatuas grecorromanas; que si en algunos países están prohibidas las iglesias o las sinagogas, en Europa hubo un tiempo en que se quemaba a la gente por practicar su religión entre las paredes de su casa; y que si en Afghanistán las mujeres tienen vedado su derecho al cuerpo, la Iglesia Católica les vedó el derecho al alma hasta no hace mucho.

Si se me permite la arrogancia, creo que el problema de Oriente Medio tiene una fácil solución. Basta tirar a la basura la religión.

Bueno. Quizá no sea tan fácil.

En el caso de Israel, la religión es el cemento que mantiene la cohesión social. Pese al intento de los primeros sionistas, laicos y socialistas en su mayoría, Israel carece de verdadera identidad nacional. ¿Qué tiene que ver un sabra de Haifa con un falasha etíope; o un ruso de Crimea con un sefardí de Orán? Nada. A parte de ser judíos y profesar la misma religión.

Desde la primera guerra arabe-israelí, en 1949, y sobretodo desde la guerra de los Seis Días, en 1967, Israel no ha parado de recibir inmigrantes judíos de todos los países árabes que huían de una creciente persecución. Pero estos judíos, a diferencia de los fundadores del estado de Israel, carecían de una cultura política socialista o liberal, o incluso nacionalista. Su visión del nuevo estado era mesiánica. El estado laico era el precursor del reino de Dios sobre la Tierra y el de la restitución del pueblo de Israel como pueblo elegido.

Para estos nuevos Israelíes, los religiosos, ellos tienen todo el derecho a esa tierra y no están dispuestos a ceder un palmo a los palestinos. Dios se la prometió.

Y tienen un contrato que lo demuestra. Se llama la Biblia.

Por lo que respecta a los palestinos, han sufrido una evolución paralela. Al igual que los primeros sionistas, los fundadores del Palestinismo eran gente culta y de educación laica, de ideas socialistas y nacionalistas. La causa no era un estado musulmán, ni mucho menos un estado islámico. De hecho muchos de los fundadores del movimiento nacionalista eran árabes cristianos.

No, la causa era el pan-arabismo. La unión de todos los árabes en un gran estado socializante que les permitiera recuperar el orgullo perdido durante la colonización europea. E Israel era un obstáculo para dicha unidad.

Han tenido que pasar casi 50 años para que la mayoría de países árabes y la misma OLP reconociera el derecho a la existencia del estado de Israel.

El problema es que ese reconocimiento también ha coincidido con la emergencia de los islamistas, que todavía pretenden expulsar a los judíos y volver a la situación anterior a la partición de 1947.

Ese es el objetivo del Jeque Yassim de Hamas o de Bin Laden cuando culpa a la ONU por la partición de Palestina. Ellos no se conformaran con un estado Palestino.

Entonces, si en ambas bandos crecen quienes no están dispuestos a ningún compromiso, ¿qué se puede hacer para llevar la paz a la zona?

La respuesta ya la he dado arriba. Tirar la religión a la basura.

Todos. El Estado de Israel, la ANP, la ONU, los Estados Unidos y la Unión Europea, deberían hacer todo lo posible por extirpar la religión de una zona tan volcánica. Empezando por la educación y siguiendo por los medios de comunicación y la política. Sólo el avance del secularismo podrá crear una amplía capa desfanatizada de la población que pudiera vivir en paz con sus vecinos.

Por supuesto que esto no quiere decir que no sea necesario un acuerdo sobre fronteras, asentamientos y refugiados. En absoluto.

Sólo que creo que ello sólo no sería suficiente.

Si los religiosos siguen dominando cada vez más ambas sociedades, siempre existirá el peligro de que alguien se despierte un día y decida que su vecino es un infiel que está profanando tierra sagrada.

En Israel, el Shas, partido religioso sefardí ya es el tercero en importancia, codeándose con Laboristas y Likud. Su concurso es imprescindible para formar gobierno. Y la contraprestación son mayores facilidades y fondos para su red de escuelas religiosas, o yeshivas, que no tienen nada que envidiar a las célebres madrassas pakistaníes.

Y en el bando Palestino, todo el terreno que ha perdido Al-Fatah, el partido laico de Arafat, lo han ganado los islamistas de Hamas o Hezbollah.

Frente a ellos, se ha ido conformando un todavía informe sector por la paz, representado por el Meretz y la izquierda laborista de Peres y Shlomo Ben-Ami o los independientes de Paz Ahora; y en el bando palestino despuntan algunos individuos aislados como Hannan Ashraui o Sami Nair.

Si les dejamos solos estaremos sellando el destino de aquella tierra y su gente.

Quizá sea ahora, al final de estas líneas, el momento de explicar el título que las encabeza:

El Kaddish es una oración fúnebre judía, e Ibrahim es el nombre árabe del patriarca a quién Dios se reveló y le prometió la Tierra de Canaan; Judíos, Cristianos y Musulmanes lo veneran como su antepasado.

¿Podrán algún día vivir en paz sus hijos?

"Y no se llamará más tu nombre Abram; sino Abraham,
porque te he puesto por padre de multitudes de gentes.-
Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra
en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua;
y seré el Dios de ellos."- GÉNESIS 17; 5 Y 8.