corner
Archivo/Reportajes
     
   
a
 


Inicio

 
Sociedad
El poder de la Estupidez (I)

por Giancarlo Livraghi
Traducción de F.M. Herrera y M.A.R. para PórticoLuna
 

Untitled Document

El poder de la estupidez. (Primera parte)
Por GiancarloLivraghi.

Este artículo fue escrito en inglés en 1996, a petición de una web americana, para explicar a quien no supiera italiano las teorías de Carlo Cipolla sobre la estupidez humana, añadiendo otras citas y consideraciones. Aquí están resumidos sólo algunos puntos esenciales de sus brillantes observaciones sobre las Leyes fundamentales de la estupidez. Aconsejo a quien sepa italiano, y no conozca todavía aquel libro, que lo lea con toda la atención que merece.

El análisis de la estupidez puede formar parte de un área más amplia de estudio sobre los motivos por los que tantas cosas van mucho peor de lo que deberían. Véase con este propósito una breve síntesis en el artículo “Murphy, Parkinson, Peter y Cipolla” . Pero el tema se puede enmarcar también en sentido inverso. Todos los fenómenos que llevan a decisiones erróneas son clasificables como formas de estupidez (aunque ninguno tiene efectos tan devastadores como la estupidez humana).

De "The power of stupidity" se hizo en 1998 una traducción española (1). Pero nunca he encontrado tiempo, ni he sentido la necesidad, de hacer una versión italiana, hasta que varias personas me la han pedido con cierta insistencia. Así que, finalmente, aquí está. Con mis excusas por un retraso tan largo.

Septiembre de 2001


(Junio de 1996)

Siempre me ha fascinado la Estupidez.

La mía, por supuesto; y ésta es ya una gran fuente de preocupaciones.

Pero las cosas se complican cuando uno tiene la oportunidad de descubrir cómo personas poderosas e influyentes toman “grandes” decisiones de “grandes” consecuencias.

Generalmente tendemos a culpar de las decisiones erróneas (o catastróficas) a la perversidad intencionada, a la malicia astuta, a la megalomanía, etc. Estos comportamientos están ahí, y en exagerada abundancia. Pero cualquier estudio cuidadoso de la Historia o de los acontecimientos actuales, lleva a la inevitable conclusión de que la fuente única y más importante de los errores terribles es la pura Estupidez.

Este es un fenómeno bastante conocido. Uno de los modos en los que se resume es la llamada Navaja de Hanlon: “No atribuir a la maldad consciente aquello que puede explicarse adecuadamente como estupidez”.
Uno de tantos ejemplos de estupidez es el uso del adjetivo “maquiavélico” para cosas y comportamientos que poco tienen que ver con la obra y el pensamiento de Nicolás Maquiavelo. Hábito difundido también fuera de Italia, donde de su pensamiento se sabe incluso menos que entre nosotros (2).

Cuando la estupidez se combina con otros factores (como sucede a menudo) el efecto puede ser devastador.

Una cosa que me sorprende (o tal vez no) es el escaso material dedicado al estudio de un tema tan importante. Existen departamentos universitarios que se ocupan de las complejidades matemáticas de los movimientos de las hormigas de la Amazonia, o de la historia medieval de la isla de Perim. Pero no me consta que haya cátedras de estupidología.

He encontrado pocos libros buenos sobre el tema. Hay uno que leí cuando era un chaval, y que nunca olvidé. Se llama A Short Introduction to the History of Human Stupidity, de Walter B. Pitkin de la Universidad de Columbia, que fue publicado en 1934. Lo encontré por casualidad hace muchos años en una estantería de libros viejos de mi madre. Ayer fui a su casa y tuve la grata sorpresa de descubrir que aún estaba allí. Antiguo como es, todavía es un buen libro. Muchas de las observaciones del Profesor Pitkin son de gran actualidad más de sesenta años después.

Surge espontáneamente una pregunta: ¿porqué un libro de 300 páginas se llama "breve introducción"?

El libro concluye con un epílogo: “ahora estamos listos para empezar a estudiar la Historia de la Estupidez”. Después…nada más.

El Profesor Pitkin era sabio. Sabía que toda una vida era demasiado breve para poder profundizar incluso sólo en un pequeño fragmento de un tema tan vasto. Por eso publicó la introducción, y ya está.

Pitkin era muy consciente de la escasez de trabajos previos en ese campo. Mandó a un equipo de investigadores a explorar en los archivos de la Biblioteca Central de Nueva York. Solamente encontraron dos libros sobre el tema: Aus der Geschichte der menschlichen Dummheit de Max Kemmerich, y Über die Dummheit de Lewenfeld. Desgraciadamente no sé alemán, pero los títulos son suficientemente claros (3). Imagino que Kemmerich y Lewenfeld tuvieron abundante material para sus estudios, visto lo que sucedió en Alemania en 1933 y en los doce siguientes años.

Evidentemente, existen muchos libros y documentos en los que se habla, de un modo u otro, de la estupidez. Pero pocos (que yo sepa) en los que se ensaye un marco sistemático del tema y se intente definir el concepto de estupidez y aislar sus mecanismos y efectos.

Según Pitkin, cuatro de cada cinco personas se pueden calificar de “estúpidas”. En la época en la que escribió su libro serían mil quinientos millones de personas. Hoy más de cuatro mil millones. Esto, en sí mismo, es bastante estúpido.

Una observación fundamental de Pitkin es que uno de los motivos por los que es difícil estudiar la estupidez es la falta de una buena definición de lo que es. Por ejemplo, los genios son a menudo considerados estúpidos por una mayoría estúpida (ni siquiera es fácil definir qué es el genio). Pero la estupidez manifiestamente existe. Y hay mucha más de la que pudiéramos imaginar en nuestras peores pesadillas. De hecho, gobierna el mundo, cosa ampliamente demostrada por el modo como el mundo es gobernado.

Alguien, cincuenta y cuatro años después, propuso un análisis muy interesante de la estupidez: Carlo M. Cipolla, professor emeritus de Historia de la Economía en Berkeley. Todos sus libros están en inglés, excepto tres. El primero, Allegro ma non troppo, fue publicado en Bolonia por Il Mulino en 1988.

En ese libro hay un pequeño ensayo titulado Las leyes fundamentales de la estupidez humana. Probablemente el mejor texto que jamás se ha escrito sobre el tema.

Los otros textos de Carlo Cipolla, publicados por el mismo editor, tratan de otros temas, aunque muy interesantes: Il ruolo delle spezie (e del pepe in particolare) nello sviluppo economico del Medioevo (en el mismo volumen que contiene las leyes de la estupidez); después (en 1994) Tre storie extra vaganti y Vele e cannoni (4).

Estas son las cinco Leyes de la Estupidez, según Carlo Cipolla:

Primera Ley:

Siempre e inevitablemente subestimamos el número de individuos estúpidos en circulación.

La cosa no es tan obvia como parece, observa Cipolla, porque:

a) Personas que nos parecían racionales e inteligentes se revelan repentinamente inequívoca e irremediablemente como estúpidas.

b) Día tras día, con monotonía incesante, uno es obstaculizado y entorpecido en sus actividades por individuos obstinadamente estúpidos que aparecen repentina e inesperadamente en los lugares y momentos menos oportunos. (Vedi La Legge di Murphy)

Cipolla también observa que es imposible atribuir un valor numérico a la proporción de personas estúpidas respecto al total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría una subestimación.

Segunda Ley:

La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Si estudiamos la frecuencia de la estupidez entre las personas que hacen la limpieza de las aulas después de clase, vemos que es más alta de lo previsto. Nos imaginamos que esto se debe a su bajo nivel educativo, o al hecho de que las personas más inteligentes obtienen más fácilmente un trabajo más cualificado. Pero cuando analizamos a los estudiantes o a los profesores (5), la difusión es la misma.

Las militantes feministas, observa Cipolla, podrán irritarse, pero el factor Estupidez es igual tanto en los hombres como en las mujeres (o en tantos otros “géneros” como podamos considerar). No hay ninguna diferencia en el “factor sigma”, como Cipolla lo llama, debida a la raza, color, etnia, cultura, nivel académico, etcétera.

Tercera Ley (y de oro):

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o a un grupo de personas sin conseguir ventaja alguna para sí misma o incluso padeciendo un daño ella misma.

(Regresaremos a este punto, ya que es el elemento central de la teoría de Cipolla.)

Cuarta Ley:

Las personas no estúpidas siempre subestiman el potencial nocivo de las personas estúpidas. Olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar o asociarse a individuos estúpidos infaliblemente constituye un costoso error.

Lo cual (me parece a mí) muestra que las personas no estúpidas son un poco estúpidas, pero regresaré a este tema al final.

Quinta Ley:

La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe.

Esta es probablemente la más conocida y mejor entendida de las “leyes”, porque se percible bastante ampliamente que las personas inteligentes, por muy hostiles que puedan ser, son predecibles, mientras que los estúpidos no lo son. Además, el corolario:

El estúpido es más peligroso que el bandido

nos conduce al corazón de la Teoría de Cipolla: hay cuatro categorías de personas según el modo como se comportan en una transacción:

Incautos (6)

Personas que con su acción se causan daño a sí mismas mientras producen un beneficio a algún otro.

Inteligentes

Personas cuyas acciones les benefician a ellos mismos y también a los otros.

Bandidos

Personas que actúan de tal modo que sacan beneficio pero dañan a los otros.

Estúpidos

Ya tenemos esta definición en la Tercera Ley.

Uno de los valores fundamentales de la teoría de Cipolla es que mide los diversos factores (y en particular la estupidez) no en base a discutibles definiciones teóricas sino según los resultados concretos que derivan de los diferentes comportamientos.

El profesor Cipolla usa este gráfico:



El eje “X” representa el beneficio (o perjuicio) que obtiene una persona de sus propias acciones.

El eje “Y” representa el beneficio (o daño) causado a otros por las acciones de esa persona.

Claramente, en el área "Int" se hallan las personas inteligentes; en la "B", los bandidos; en la “Inc”, los incautos; y en la "E", los estúpidos.

Es evidente asimismo que, según dónde se coloquen en estas coordenadas, las personas tienen un grado más o menos elevado de inteligencia, estupidez, bandidismo, etc. Se pueden desarrollar diversas combinaciones, como las de bandidos inteligentes o estúpidos, según la relación beneficio-perjuicio. (Como observa justamente Cipolla, la cantidad de perjuicio debe medirse desde el punto de vista de la víctima: lo cual asigna un elevado grado de estupidez a casi todos los ladrones y criminales.)

De aquí en adelante cada uno de nosotros puede aplicar este modelo para estudiar la estupidez y elaborar la Teoría de Cipolla en sus muchas aplicaciones posibles.

Pero hay alguna otra observación necesaria para la comprensión del método.



Si trazamos una diagonal en el gráfico, vemos que todo lo que se halla en el lado superior derecho de la línea crea una mejora en el equilibrio general del sistema, mientras que los acontecimientos (y personas) del otro lado provocan un empeoramiento.

Pueden efectuarse interesantes análisis estudiando las variables en cada uno de los cuatro sectores, tales como EInc y EB, IntB e IntInc, IncE e IncInt, o cuantos otros subsectores elijamos definir.

Por ejemplo, el segmento "M" en el lado inferior derecho del gráfico delimita la posición del "bandido perfecto": una persona que crea a los demás un daño exactamente igual al beneficio que extrae para sí. Obviamente, a ambos lados de ese segmento hay hay bandidos "imperfectos": los BInt son "bandidos inteligentes" y los BE son "bandidos estúpidos".

En un mundo poblado exclusivamente por "bandidos perfectos", el sistema en su conjunto estaría en equilibrio (7). Lo mismo sucedería en un mundo poblado por “perfectos incautos”.

Naturalmente, las personas inteligentes contribuyen máximamente a la mejora de la sociedad en conjunto. Pero, por desagradable que sea de decir, también los “bandidos inteligentes” mejoran el equilibrio total causando más beneficio conjunto que daño. Del mismo modo, los "incautos inteligentes" se perjudican a sí mismos pero mejoran la sociedad en general.

En cambio, cuando la estupidez entra en escena, el perjuicio es enormemente mayor que el beneficio que cualquiera pueda obtener.

Esto confirma la premisa fundamental: el factor de mayor perjuicio en toda sociedad humana es la estupidez.

Como historiador, Cipolla hace notar que, mientras el factor “sigma”, es decir, la estupidez, es una constante en el tiempo y en el espacio, una sociedad fuerte y en desarrollo tiene un porcentaje mayor de personas inteligentes en su guía. Una sociedad en decadencia tiene un alarmante porcentaje de bandidos con un fuerte factor de estupidez (sector BE en el gráfico) entre las personas que están en el poder y un igualmente alarmante porcentaje de incautos (sector Inc) entre las que no dirigen.

¿Dónde nos encontramos hoy? Interesante pregunta....


Cipolla también observa que las personas inteligentes generalmente saben que lo son, los bandidos son conscientes de su propio comportamiento y también los incautos tienen cierta impresión del hecho de que alguna cosa no marcha.

Pero los estúpidos no saben que son estúpidos: y esto los hace aún más peligrosos.

Lo cual me hace volver a la primera, angustiosa pregunta: “¿soy estúpido?”

He superado varias pruebas de “coeficiente intelectual” con buenos resultados. Desgraciadamente, conozco el funcionamiento de esos formularios y sé que significan poco o nada.

Muchas personas me han dicho que soy inteligente. Pero eso tampoco es significativo. Podría ser que fueran demasiado amables como para decirme la verdad. O, por el contrario, podrían querer explotar mi estupidez para su propio beneficio. O podrían ser tan estúpidas como yo.

Me queda un hilo de esperanza. A menudo soy intensamente consciente de cuán estúpido soy (o he sido). Y esto indica que no soy completamente estúpido.


A veces he tratado de ubicarme en el gráfico de Cipolla, usando en todo lo posible resultados concretos de acciones (no opiniones) como unidad de medida. Según la situación, parece que oscilo en la parte superior del gráfico (por encima del eje X) entre las áreas IncE e IntB, pero en algunos casos estoy desesperadamente perdido en EInc. Espero estar en el lado mejor de la diagonal tan a menudo como me parece.

En general, parece lógico que uno espere que los factores más fuertes de éxito se hallen en los sectores IntB y BInt. Pero el impresionante número de personas EB o incluso EInc que tienen espléndidas carreras sólo puede explicarse por un fuerte deseo por parte de muchos líderes de rodearse de estúpidos todo lo posible.


Poco después de haber leído el libro, le escribí una carta a Carlo Cipolla (sólo he hecho una cosa así dos veces en mi vida).

Me sorprendí bastante cuando me contestó. Con una carta breve pero cortés.

Le había hecho dos preguntas:

a) “¿Podría yo conseguir una copia del texto original en inglés para mis amigos que no saben italiano?”

La respuesta fue “no”. (No me dio un buen motivo, pero creo poderlo adivinar.)

b) “¿Qué piensa de mi “corolario” a su teoría?”

La respuesta fue: “Bien, ¿por qué no?”, lo cual, un poco arbitrariamente, interpreté como una entusiasta confirmación y aprobación del:

Corolario de Livraghi a la Primera Ley de Cipolla:

En cada uno de nosotros hay un factor de Estupidez, que siempre es mayor de lo que pensamos.

Esto crea una modelo tridimensional y no creo tener que explicar la estructura, porque ninguna persona estúpida o miedosa habría llegado a leer hasta este punto.

Naturalmente, podemos introducir también otras variables, como por ejemplo nuestros factores Inc y B y el modo como se combinan con E, Inc y B de otras personas. Puede ser sensato olvidar el factor Int, pues nunca hay suficiente de éste. Pero no es cuestión de ignorar B, pues incluso la persona más generosa puede comportarse algunas veces como un bandido, aunque sólo sea por error. Con la adición de estos factores se crea un modelo multidimensional de difícil manejo. Pero incluso si consideramos sólo nuestros “sigma” individuales, la complejidad puede resultar bastante desconcertante.

Ver para creer... y asustarse de verdad.



(1) N.de los T.: Esta otra traducción puede consultarse en: http://gandalf.it/esp/estupid.htm

(2) N.de los T.: En la versión inglesa de 1996 este párrafo dice así: “Uno de los muchos ejemplos de Estupidez es que la intriga y la manipulación del poder se llaman "maquiavélicos". Obviamente nadie ha leído los libros de Maquiavelo, puesto que eso no es lo que el viejo Niccolò quiso dar a entender”.

(3) N.de los T.: Los títulos mencionados en español son: Sobre la Historia de la estupidez humana, de M.Kemmerich y Sobre la estupidez, de Lewenfeld.

(4) N.de los T.: Los títulos mencionados en español son: El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico del Medievo; Tres historias extra vagantes; Velas y cañones.

(5) N. de los T. Aquí la versión inglesa añade un paréntesis que no aparece en la italiana: “(o bien, añadiría yo, los programadores de computadoras)”.

(6) N. de los T. Esta categoría (en italiano, sproveduti) en la versión inglesa se corresponde a la de “hapless (or ‘hopeless’)”, es decir, “desgraciados (o ‘desesperados’)”.

(7) N. de los T. El texto inglés añade aquí la siguiente glosa: “los perjuicios y los beneficios se cancelarían mutuamente”.