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Ensayo literario
Capit lo Prim

por Barreyat
 

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6:15 de la mañana y me estoy tomando este fantástico café frío, con granitos suspendidos de marro, dando tumbos en el espiral creado por la cucharilla que en círculos hipnotiza al más "pintao"; una imagen nunca más alejada de la romántica, humeante y televisiva de spot de NescaFé.

Termino con el brebaje y al instante un apremiante movimiento peristáltico del intestino delgado hace que me levante impulsado por un resorte al cuarto de baño, entrando apresuradamente, sentándome, haciéndose el silencio y mientras un cosquilleo se apodera de mis piernas adormecidas me dejo envolver por ese aroma tan familiar, cálido, con personalidad.

Recojo el cuadernillo de notas Miquelrius; espiral metálico, tapas gastadas por el roce y la mancha de carajillo en la esquina inferior derecha, convirtiendo el logo a 3D. En la mochila Alpina del Club Super Tres llevo todo lo necesario para el gran viaje de mi vida, ese sueño de cada noche... — ¡Perdón , no me he presentado! Soy Xavs des Naus y a lo mejor, — ¡Bueno no! Seguro que no les suena de una mier... . — ¡Bien sigo!

Me llamo así por mis padres y soy historiador en paro, me lo monto escribiendo para ganarme algunos euros con que subsistir, espero. Dedico el tiempo libre, que es todo el día y parte de la noche a la búsqueda de los orígenes de una lengua perdida en el tiempo, pero que me he emperrado a dar a conocer. — ¡Coño que bien suena esto!.

Esta lengua que me quita el sueño es el Barreyat, lengua rica en sonidos guturales donde las haya, mezcla de las numerosas culturas que se han desarrollado en nuestras tierras. Al mismo tiempo que estudio esos orígenes pretendo, si la fuerza me acompaña, encontrarme con un colega de profesión, del cual desconozco su paradero, solo se que se llama Jaums des Orts y que es cojonudo en esto del Barreyat.

Como ya me he presentado y el que se haya saltado esas líneas que le den..., me tomo la libertad de tutearos y como os digo ya estoy cerrando la puerta del apartamento que he alquilado cerca de la plaza de la Virreina, puro centro de Gracia.

Cruzo la calle y desato la Pitón de mi Mobilette, esa potencia hecha cilindro, pistón y bujía, esa cesta de mimbre con tapa plastificada donde la capacidad y el volumen se complementan en armonía, esas ruedas de perfil bajo emulando a los "slicks" del "medio litro" de los Grandes Premios, ese manillar ergonómico, ese sillín de "skay" transformado en abatible por la falta del remache, esa pegatina plastificada con la leyenda " I LOVE l’ho BARREYAT !! " ; — ¡En fin!... una maravilla de la mecánica.

— ¡Reconozco que me tiene el corazón robado!. — ¿Se nota o que?. Pretendo explicar lo que me pasa y se me va la perola con la descripción, — ¡Pero..., es que me gustaría que la vierais...!

Coloco la mochila en la cesta, conecto el móvil y lo meto en el bolsillo lleno de virutas de Ducados de la gabardina, sustituyo mi sobao sombrero australiano por el casco, que más que casco parece un orinal al revés con visera. Ya me advirtieron en la tienda que no estaba homologado y que corría un grave riesgo si me caía, pero...no les enseñé la moto.

Hace un frío del carajo, es mes de Noviembre y no pintan nada bien los nubarrones que diviso en lontananza. - ¡No importa!

Pedaleo un poco y la mobilette se pone en marcha con la misma alegría que se refleja en mi jeta, como si compartiera mis ganas de empezar el viaje, miro derecha e izquierda y de un salto, bajo de la acera rumbo a la calle Balmes. Es una de mis calles preferidas, gas a fondo, cortando el viento, por el carril Bus, esquivo, a diestro y siniestro, a los taxistas que con la primera puesta, buscan pasaje a esta hora.

Avenida Diagonal, plaza Francesc Masià y ya con el moquillo colgando de la tocha y la lagrimilla en el ojo por culpa del jodio frío, voy por el arcén de la autovía dirección Lérida. Un camión francés de no se cuantos ejes me adelanta, aprovecho el rebufo y me coloco detrás. — ¡Coño, que diferencia, va sola la muy p...!.

Las 8:20, agarrotadas las manos, to tieso, empiezo a notar la falta de riego sanguíneo por los gemelos, tengo los meniscos a parir y lo único que me pasa por la cabeza es un café con leche y chucho de crema. Cruzo Cervera, - Bueno..., creo que es Cervera por la cantidad de camiones que, tocando los Kinders, van a 20 Km./hora y por la pareja de la Benemérita que con su todoterreno y las gafas de sol, pese a una niebla del quince, esperan que algún primo adelante por la continua.

Cerca de Tarrega y ya con graves síntoma de hipotermia y congelación, detengo la Mobilette con ciertas dificultades utilizando solo los pies, porque los dedos de las manos se mantienen soldados al manillar. No con menos dificultades dirijo mis pasos a un bareto de carretera, típico, con ese pavo de sonrisa estúpida que está pegado a la puerta de cristal llamado "Matutano" y a la derecha la pizarra de la "Damm" con el menú del día escrito a tiza y mano alzada. Dentro, repaso con la vista las seis mesas de formica verde, en la esquina, un payes con boina calada y un centenar de arrugas en la cara sorbetea un carajillo de "Soberano", puedo masticar el vapor de alcohol que desprende. Con la nariz detecto la bandeja de plástico nacarado que colocada sobre la barra de madera sirve para que seis croisans, dos ensaimadas, tres chuchos y media palmera queden a la vista.

Buens dis! Un cafconlech et un chuch d’ho crem, pel’amor de dieux.

Digo con toda la confianza que me da ser un estudioso de las lenguas, mientras, deslizo la silla que más cerca está de la Catalítica, para sentarme no sin antes limpiar de un manotazo las migas. Saco el móvil del bolsillo de la gabardina y comprobando con una mueca que la cobertura se ha ido hacer puñetas lo dejo sin interés al lado del paquete de Ducados.

A todo esto, el dueño y camarero del bar, sin quitarse la colilla Celtas de la boca, balbucea entre dientes un - ¡Cagon la carcanada del hos pedrer! Se dirige a mi mesa y con la bayeta de haber limpiado la acera, la pasa sin mucha atención por la formica, las ronchas de barrechas y cafés han dejado huella en ella, pareciendose más a un cuadro modernista que a una mesa de bar. Me enciendo el Ducados mientras el hombre se queda quieto a mi lado, roza los cincuenta y el jersey de lana gris con las mangas a la altura del codo, se le mezcla con el delantal que lleva enrollado en la cintura, aún con la colilla en la boca hace alarde de un equilibrio sin igual, la mantiene pegada al grueso labio inferior al mismo tiempo que se dirige a mi con una voz rota por los chupitos de cazalla. -¿Que será? Yo, que estoy inspirando profundamente, aún con el humo en los pulmones, se me corta la voz y una tos de perro que me resiente hasta el diafragma solo me permite articular de forma entrecortada:

-¡Un...koff...caf...koff...lech...grññokoff...un...kofff...chuch...gragggff...crem!

Por el esfuerzo realizado, una lágrima me cae por la mejilla dejando una rastro en la mugre, producida esta por los tubos de escape de todos los camiones de la comarca, cuando el camarero desaparece de mi vista, pasan unos minutos, se presenta con un tazón de medio litro con café con leche, dos sobres de azúcar, un plato desconchado con una servilleta de papel y en él un chucho de crema.

En este momento, en mi interior, una vocecita me dice que mi teoría sobre la existencia del Barreyat, no puede ser una locura, -¡¡...Este hombre me entiende...!!

Un escalofrío me recorre la columna vertebral deteniéndose cerca de la rabadilla, los cuatro pelillos del pecho se me erizan y más una mueca que una sonrisa se deja ver en mi boca. Un mordisco y... ¡Mare meua, como está el chucho...!

Abro la libreta anotando en una esquina la fecha de este primer día, para esto doi una ojeada al calendario con la tía buena de turno. Mis primeras líneas son esperanzadoras:

17-Novemb:
Miu teori OKEY.
Cerc d’ho Tarrega
Primer lugareñ qu’entien lo Barreyat..