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Decalarción de Independencia en el Cyberespacio

por John Perry Barlow
Traducción de Pórtico Luna
 

Pórtico Luna

John Perry Barlow (barlow@eff.org) - Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996.
Última actualización: 19 de marzo de 1996.


Ayer, ese gran invertebrado en la Casa Blanca firmaba el Acta para la "Reforma" de las Telecomunicaciones, mientras Tipper Gore tomaba fotografías digitales del acto para incluirlas en el libro titulado "24 Hours in Cyberspace" (24 horas en el Cyberspacio).

A mí también se me invitó a participar en la creación de dicho libro y se me pidió que escribiera algo apropiado para la circunstancia. Dada la brutalidad que esta legislación pretende infligir en la Red, decidí que este era un momento tan bueno como cualquier otro para arrojar algo de té en el puerto virtual.

Después de todo, el Acta para la "Reforma" de las Telecomunicaciones, aprobada en el senado tan sólo por 5 votos de diferencia, hace que sea ilegal, y motivo de multas de hasta 250$ [unas 50.000 pesetas], decir "mierda" conectado. O decir cualquiera de las 7 palabras sucias prohibidas en los medios de comunicación profesionales. O discutir abiertamente sobre el aborto. O hablar de cualquier función corporal empleando términos que no sean estrictamente clínicos.

Intentan poner restricciones más severas en las conversaciones en el Cyberespacio que las que hay actualmente para la cafetería del Senado, donde, cada vez que he ido a comer, he llegado a oír las más pintorescas indecencias en boca de senadores de los Estados Unidos.

Esta enmienda nos fue decretada por gente que no tiene ni la más remota idea de quiénes somos o de dónde va a parar nuestra conversación. Como dice mi buen amigo y editor online Louis Rossetto, es como si "el analfabeto te dijera lo que tienes que leer".

Pues, muy bien...¡que les jodan!

O, mejor dicho, vamos a librarnos de ellos. Han declarado la guerra en el Cyberespacio. Vamos a demostrarles cuán astutos, imprevisibles y poderosos podemos ser en nuestra propia defensa.

He escrito algo (con la necesaria pompa) que espero se convierta en uno de los muchos medios de conseguirlo. Si os parece útil, espero que lo extendáis tanto como sea posible. Si queréis, podéis quitar mi nombre, pues no me importan los honores. De verdad, no me importan.

Pero espero que el eco de este grito se oiga por el Cyberespacio, cambiando, creciendo y autoreproduciéndose, hasta que sea un grito tan grande como la estupidez que nos han impuesto.

Os ofrezco...

Una Declaración de la Independencia del Cyberespacio

Gobiernos del Mundo Industrializado, hastiados gigantes de carne y acero, yo vengo del Cyberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, pido al pasado que nos deje en paz. No sois bien recibidos entre nosotros. No tenéis soberanía allí donde nos reunimos.

No tenemos gobierno electo, ni es probable que lo tengamos, por lo que no tengo mayor autoridad que la que la misma libertad se ha expresado siempre. Declaro que el espacio social global que estamos construyendo es independiente por naturaleza de las tiranías que pretendéis imponernos. No tenéis derecho moral para gobernarnos ni disponéis de ningún método de ejecución que represente una verdadera razón por la que tener miedo.

Los gobiernos derivan sus poderes del consentimiento de los gobernados. Vosotros no habéis solicitado ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Cyberespacio está fuera de vuestras fronteras. No creáis que podréis construirlo como si fuera un proyecto de obras públicas. No podéis. Esto es un acto natural y crece por sí mismo a través de nuestras acciones colectivas.

Nunca habéis entrado en nuestra gran conversación congregadora, ni habéis creado la riquezas de nuestras plazas de mercado. No conocéis nuestra cultura, nuestros valores, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden del que puede obtenerse a través de cualquiera de vuestras imposiciones.

Decís que hay problemas entre nosotros que es necesario que resolváis. Utilizáis esta afirmación como una excusa para invadir nuestras parcelas. Muchos de esos problemas no existen. Cuando se dan conflictos reales, cuando hay agravio, nosotros los localizamos y los zanjamos a nuestra manera. Estamos construyendo nuestro propio Contrato Social. Este forma de gobierno crecerá de acuerdo a las condiciones de nuestro mundo, no a las vuestras. Nuestro mundo es distinto.

El Cyberespacio se compone de intercambio, de relaciones y de pensar por uno mismo, como una ola permanente en la telaraña de nuestras comunicaciones. El nuestro es un mundo que está al mismo tiempo en todas partes y en ninguna, pero que no es aquel donde vive el cuerpo.

Estamos creando un mundo en el que todos puedan entrar sin privilegio o prejuicio por cuestiones de raza, poder económico, poder militar o lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, desde cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar cuan singulares sean, sin miedo a ser sometido al silencio o al conformismo.

Vuestros conceptos legales de propiedad, expresión, identidad, movimiento, y contexto no se nos pueden aplicar. Esos conceptos están basados en la materia. Y aquí no hay materia.

Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden a través de la coerción física. Creemos que desde la ética, los propios intereses y el bien común, emergerán nuestras regulaciones. Nuestras identidades pueden ser distribuidas por muchas de vuestras jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas constituyentes podrían reconocer de forma general es la Regla de Oro. Confiamos en que será posible construir nuestras soluciones particulares sobre estas bases. Pero no podemos aceptar las soluciones que intentáis imponernos.

Hoy, en los Estados Unidos, habéis creado una ley, el Acta para la Reforma de las Telecomunicaciones, con la que repudiáis vuestra propia Constitución e insultáis los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, De Toqueville, y Brandeis. Ahora, esos sueños deben renacer en nosotros.

Teméis a vuestros propios hijos, ya que son nativos de un mundo en el que vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, delegáis en vuestra burocracia vuestras responsabilidades paternalistas, sois demasiado cobardes para enfrentarlas personalmente. En nuestro mundo todo sentimiento y expresión de humanidad, desde el envilecido al angelical, son parte de un todo sin costuras, la conversación global de los bits. Nosotros no podemos separar el aire que asfixia del aire en el que baten las alas.

En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos, estáis intentando protegeros del virus de la libertad alzando puestos de vigilancia en las fronteras del Cyberespacio. Tales puestos mantendrán el contagio fuera durante poco tiempo, pues no funcionarán en un mundo que pronto acabará completamente cubierto por los medios portadores de bits.

Vuestras industrias de información, cada vez más obsoletas, se perpetuarían a sí mismas con las leyes propuestas, en América y en cualquier otro sitio, que reclaman un pronunciamiento propio por el todo el mundo. Esas leyes propondrían ideas para ser otro producto industrial, no más noble que la escoria de hierro. En nuestro mundo, aquello que la mente humana pueda concebir puede ser reproducido y distribuido hasta el infinito sin coste alguno. El vehículo global de pensamiento ya no necesita vuestras fábricas para cumplir su cometido.

Tales medidas, cada vez más hostiles y colonialistas, nos colocan en el mismo lugar que aquellos anteriores amantes de la libertad y la autodeterminación, que hubieron de rechazar la autoridad de poderes distantes e ignorantes. Debemos declarar nuestra identidad virtual inmune a vuestra soberanía, incluso aunque sigamos consintiendo vuestro gobierno sobre nuestros cuerpos. Nos diseminaremos por todo el planeta sin que nadie pueda detener nuestros pensamientos.

Crearemos una civilización de la Mente en el Cyberespacio. Puede ser más humana y equitativa que el mundo que vuestros gobiernos han construido.