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Sociedad
Informe sobre la formación de la psicología de las sociedades humanas

por Profesor Kaoru Solomon
Traducción de Traducción de J.M. de la Torre para PórticoLuna
 

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El Profesor Kaoru Solomon es Doctor en Ingeniería Psico-Social por la Universidad Hebrea de Shin-Tokyo y miembro emérito del Senado de Trantor.

Hasta donde he podido rastrear en los archivos de la Tierra, los humanos han desarrollado toda su filosofía moral en función de las limitaciones impuestas por sus condiciones de vida. Desde las primitivas religiones que transmitían el saber de la agricultura hasta la aparición de las religiones más trascendentales como el judaísmo, el cristianismo, el islam o el budismo, va un largo trecho que estuvo marcado por el paso de una sociedad agrícola a una urbana, con una economía más compleja que permitía un mayor grado de abstracción. Es difícil ser trascendente cuando tu mayor preocupación es saber si va a llover y si podrás alimentar a los tuyos.

El primer y más evidente vehículo de comunicación de ideas fue la palabra; y mediante los cultos religiosos y las técnicas agrícolas se transmitían también muchos otros mensajes que conformaban las primeras sociedades humanas.

La invención de la escritura y la extensión del comercio aumentaron el flujo de ideas y de ello se derivó una mayor complejidad de las mismas. Surgen los primeros códigos de leyes escritos, innovación que se extendió rápidamente, junto con los primeros intentos de literatura, en forma de leyendas y mitos.

En las ciudades griegas, la prosperidad alcanzada gracias al comercio y la mano de obra esclava permite el florecimiento de la filosofía y de las artes. El teatro, en especial, se convirtió en un medio excelente para la transmisión de ideas.

Los imperios fueron un factor crucial en la difusión de ideas, religiones, costumbres, leyes y formas de gobierno. A caballo de las conquistas de Alejandro Magno, Roma, el Islam, o Atila, se fueron extendiendo nuevas ideas, invenciones y descubrimientos, contribuyendo con ello al progreso de la humanidad inadvertidamente.

La invención de la imprenta y el crecimiento de las Universidades posibilitó el nacimiento de la Ilustración, que a través de la Enciclopedia se extendió rápidamente y constituyó el corazón de la actual civilización occidental, que pese a haberse desarrollado en un marco cristiano, es esencialmente atea.

Como las invasiones en el pasado, las revoluciones se convirtieron en el siglo XIX en portadoras de las nuevas ideas.

Pero es en el siglo XX, con la aparición de los medios de comunicación de masas, como la radio, el cine y la televisión, cuando las ideas explotan como una nova. Es entonces cuando nacen las modernas ciencias de la propaganda y la guerra psicológica.

A lo largo del siglo XX, el control de la información y de la industria del entretenimiento se convirtieron en una pieza clave de la formación de la psicología de las sociedades y en una herramienta imprescindible para obtener el apoyo de las masas a determinadas políticas o intereses económicos. La forma más conocida y abierta de esta manipulación es la publicidad, indispensable para el nacimiento de una economía de consumo tras la Segunda Guerra Mundial.

Una ventaja indiscutible de la radio y la televisión para la formación de conciencias es que permite llegar directamente al destinatario final del mensaje, sin ningún tipo de intermediario. Tanto la radio como la televisión son medios unidireccionales y centralizados. De un sólo emisor a todos los receptores.

Por contra, en la actualidad asistimos al nacimiento de un nuevo modelo de comunicación en red, en el que todos los integrantes del sistema son a la vez emisores y receptores. Es un modelo abierto en el que cualquiera puede transmitir su mensaje y puede a su vez encontrar a todo aquel que comparta sus opiniones. Así, nos encontramos con la posibilidad de que en vez de ser el medio el que condicione al destinatario del mensaje, sea el mensaje el que condicione el medio, debido a la tendencia del navegante a agruparse con sus afines, creando sus propias redes de intercambio.

Un sistema así es mucho más impermeable a las antiguas técnicas de propaganda o control del pensamiento, pero no inmune.