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Miscelánea
Sobre la pasada editorial

por Ángel F. Bueno
 

Pórtico Luna


Un saludo a tod@s.

El síndrome del "11 de septiembre de 2001" se extiende por todo el planeta como si fuera novedad.

No son más que otros miles de muertos. No es más que el prólogo de otra guerra. ¿A qué vienen tantos aspavientos? El juego es como es porque se consiente que así sea. Dejémonos de farsas e hipocresías y sigamos empujando en la dirección de la inteligencia.

"No subestimes nunca el poder de la estupidez humana." Lazarus Long

 

A modo de resumen.

Sepa el visitante a este portal que, a las pocas horas de la pasada actualización, llegaron algunos correos electrónicos impregnados de indignación por el contenido de las cuatro o cinco frases que reproduzco al principio. El asunto se comentó entre los colaboradores más cercanos y no fue difícil subsanar un error del que enseguida me disculparé. Concluimos que el texto, tal vez por escueto, era susceptible de interpretaciones erróneas y que bastaría un escrito más extenso para dejar claro lo que allí quise expresar.

Quede pues constancia de mis más sentidas disculpas por haberme tomado la libertad de exponer mi opinión personal en un apartado como la editorial, espacio que debe ser ejemplo de neutralidad y asepsia por consideración a la opinión que sobre el tema pudieran tener las demás personas que colaboran de un modo u otro en este portal. Por lo demás, no pienso desdecirme ni una palabra, aunque a continuación dejo caer unas líneas, más por recreo que por deber, por si sirvieran de ayuda al indignado para alcanzar una correcta comprensión del texto que aquí nos ha traído.

Seres humanos, fútbol y mi abuela.

Tenía yo entendido que cuando hablamos del ser humano nos referimos a la totalidad de los individuos que componemos la llamada especie humana, ese conjunto de animales dotados de particulares destrezas que lo mismo nos permiten llevar a cabo las hazañas más fabulosas que las atrocidades más incomprensibles. Cuando queremos referirnos a un grupo de seres humanos en particular, solemos atribuirles la denominación que les corresponda en función de las características por las que queremos distinguirlos. Así, si queremos señalar entre el grueso de la especie a aquellos individuos que llevan bigote les llamamos "bigotudos", etiqueta con la que hacemos referencia a todos los seres humanos que sobre su labio superior lucen la suficiente cantidad de pelo como para hacerlos merecedores de ese apelativo. Por si este postulado resulta demasiado complejo o demasiado alejado de la naturaleza humana casera, pondré un ejemplo más cercano:

Cuando Fulano le pregunta a Mengano si le gusta el fútbol, suponemos que el objeto de la pregunta es averiguar si es del agrado de Mengano esa actividad en el que dos grupos de once personas se disputan con los pies un balón con el objeto de introducirlo en una red enmarcada por tres palos. Cuando Fulano dice "fútbol" no se refiere al Chascarrillos F. C. ni a ningún otro equipo en concreto de la misma manera que cuando decimos "ser humano" no estamos señalando únicamente a los bigotudos. Y una vez repasado este sencillo mecanismo mental que permite pasar de lo general a lo particular, déjenme que les hable de mi abuela.
Mi abuela es una señora bajita, nervuda, con las manos nudosas como sarmientos de tanto trabajar la tierra. Tiene ya 93 años y es analfabeta, pero aún conserva una lucidez que muchos quisieran para sí. Una semana después del asunto de las torres gemelas, la buena mujer, frente al televisor, espetaba:
¡¡Pues no la tienen a una hasta el coño con lo de los aviones!!"
Abuela, es que han matado a cinco mil personas… –le indicó paciente su yerno, mi padre.
–¡¡Mira tú que leche!! ¡¡Todos los días están matando gente a montones sin tanta mandanga!!

Tendrán ustedes que disculpar a mi abuela. Es una inculta a la que, después de haber sobrevivido a tres guerras, haber perdido a nueve de diez hijos, un hermano y a muchos seres queridos por culpa de incontables tragedias sociales, le duele lo mismo el muerto en Sierra Leona a manos de un mercader de diamantes que el muerto embestido por un avión en la planta 115 de un rascacielos a manos de un fanático. Para mi abuela, que por prescindir de categorías percibe el conjunto con mayor nitidez, todos los muertos, con bigote o sin él, son seres humanos y todos los equipos de fútbol son grupos de once personas enfrentados por un balón.

Al buen entendedor…