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Ensayo literario
Los libros que no tienen sitio

por Raquel Mateos
 

Pórtico Luna

En mi estantería de cinco estantes de madera de esta que es oscura (vamos, de la buena) no me caben ya los libros. He intentado clasificarlos de varias maneras. Al principio, cuando era pequeña, de grandes a pequeños y de gordos a finos, luego, con el tiempo, extranjeros-españoles, por colecciones, por colores, por género, alternando (lo que fuera), por autor...al final todo se ha quedado en una mezclilla rara, un batiburrí que se podría dividir en tres grandes grupos definitivos:

*los que uso.

*los que no uso.

*los ausentes

Los que uso son los que uso así sin más ahora porque sí, que no son muchos, porque la lectura últimamente me aburre, será porque ahora leo al revés o porque me quitáis mucho tiempo con la lista de correo esta que engancha, que sois todos unos gañanes y unos sinvergüenzas...

Los que uso se dividen a su vez en otros dos:

*los de uso propiamente dicho, por razones varias, consultillas y demás, están porque están, pero ni fu ni fa. Suelen estar en el suelo, con los apuntes, fotocopias, revistas y fanzines macarras, flyers de estos tan modernos...pero no se mueven de ahí, del suelo.

*los de abuso, que son los más denigrados. No tienen derecho a sitio fijo, los hago viajar sin consentimiento propio, los subrayo, les torturo doblando las puntas, les hago sufrir vejaciones tales como ser abiertos por la mitad sin haber sido empezados previamente, ¡les leo la última página! Y algunos los leo página sí página no...pero se vengan escondiéndome los papelillos de fumar cuando los busco, el abono transportes cuando lo tengo que usar, las llaves cuando la puerta está cerrada, incluso hacen que me olvide de ideas: idea que apunto en un papel y meto en un libro, idea que muere en el olvido sin remedio hasta que la encuentro cuando no la busco, entonces la leo, me acuerdo, acuso al libro y la dejo donde estaba para que se me olvide de nuevo... pero a pesar de todo, leen conmigo, y siempre están ahí, nunca se van ni les pierdo.

Los que no uso son los que tienen sitio "oficial"‚ en la estantería, digamos, en un lugar concreto, cierto y específico. Son los que no encuentro nunca, porque no los busco, o porque creo que los tengo y cuando voy a por ellos recuerdo que alguien se lo llevó pero no se quien, o porqué se lo regalé a alguien cuando me lo había comprado yo para mí en realidad, o porque me lo regalaron, no me gustó y lo perdí, deliberadamente o no, que eso nunca lo sé. Este grupo se divide a su vez en dos:

*los que usé

*los que nunca usé.

Los que usé son los libros con los que empecé a leer propiamente, tanto por gusto, como por deber, siendo éstos últimos los que más me costaron pero que ahora son los que más me gustan de los que usé y ya no uso. Coinciden, aunque es arbitrario, con los clásicos de la literatura española, pero no por patriotismo ni nada por el estilo, que Dios me libre, es que yo soy de las que piensan que eran gigantes de verdad y no molinos, Sancho...

Los que nunca usé. Esto fue un despiste, que basta irte de casa por un tiempo para encuentres al volver "tus" libros‚ multiplicados por tres, comprados por otros como si yo no me hubiera ido nunca, que vale, muchas gracias y tal, pero que nunca pedí...Aún no he abierto ninguno.

En realidad, son los libros ausentes aquellos que realmente me marcaron. Llamo los ausentes a todos aquellos libros que saqué de una biblioteca, o me dejaron y devolví, o perdí, aquellos que durante años busqué, o cayeron casualmente en mis manos...en definitiva, libros que por lo que me marcaron deberían haber sido míos por derecho y no lo fueron. De ellos recuerdo si eran viejos o nuevos, con o sin tapas, si olían, el tipo de letra, hasta de alguna errata...éstos no los tengo, sólo están en mi cabeza...nunca me pertenecieron. Y es por culpa de los ausentes por los que maltrato a los libros que ahora leen conmigo. Porque me abandonaron, pero machacan desde dentro. Y quizás por ellos ya no leo tanto, o tal vez gracias a ellos empiezo a leer lo mío...

Moraleja: nunca dejéis que un libro os haga un examen de conciencia.