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Sociedad
NO a la "legalización" de las drogas

por Johnny B. Goode
 

Pórtico Luna

Vale. Esto merece una explicación.

Primero, felicitarte por estar leyendo esto. Eso significa que has conseguido vencer tu estupor inicial ante el título de este artículo y que has considerado que podía merecer la pena ver que había tras una afirmación tan contundente.

Segundo. Es posible que te preguntes como es posible que un tipo como el que subscribe, que se ha manifestado fervorosamente partidario de la soberanía individual, se decante ahora por la represión del consumo de drogas.

Bien, amigo. Si has llegado hasta ahí, has demostrado una capacidad de razonamiento por encima de la media. Que viene a ser lo mismo que decir que tienes más cerebro que el pato doméstico. Pero ya es algo.

Lo que quiero decir es que el titular no expresa ninguna contradicción en mi pensamiento.

Sólo alguien absolutamente convencido del valor de la libertad individual podría llegar a tal conclusión.

El problema con quienes piden la legalización de la droga es que parten de la aceptación de que existe una prohibición.

Y al pedir una legalización, ya sea total o parcial ( ¡ay, los marianos! ), están aceptando la autoridad del estado para decretar qué es legal meterse en el cuerpo y qué no lo es.

¿Acaso hay alguien pidiendo la legalización de la carne roja alta en colesterol? ¡No!

Es que no está prohibida, me diréis.

¡Ajaaá! ¿Y por que no lo está, si es perjudicial para la salud?

Pues porque yo no le he dado al estado autoridad para dictarme la dieta. Se la he dado para que gaste mis impuestos en carreteras, escuelas y hospitales. Ya decidiré yo si me como un chuletón o una ensalada de apio.

Eso es lo que me pasa. Que yo no acepto la autoridad de estado alguno para dictar la prohibición.

Por desgracia, el estado no está constituido de acuerdo con la idea de la soberanía del individuo. Sino sobre una falacia que se llama "soberanía nacional".

Y según esa teoría, la "nación" por medio de sus representantes electos, decidió hace algún tiempo lo que era mejor para mi salud, sin tener en cuenta mi derecho como individuo a decidir por mí mismo.

El problema con el poder, es que tiende a expandirse. Dale a alguien una pizca de potestad para intervenir en un asunto, y al instante siguiente estará ordenando el mundo.

Es por ello que en algún momento, a alguien se le ocurrió prohibir lo que no le gustaba que hicieran sus vecinos. Y claro, para que no se notará que era por motivos egoístas, tenía que ser por el propio bien del desdichado que se entregaba a aquellos vicios depravados.

Se empieza por las drogas y se termina prohibiendo el sexo oral. ¿Crees que exagero? Date un paseo por Arizona y preguntas a las putas lo que cuesta un francés.

Más que la virtud que la legalización pudiera encerrar, en cuanto a seguridad y salud pública se refiere, debiera ser la inmoralidad de la prohibición el estandarte de toda campaña. Al fin y al cabo, la lucha contra los abusos del poder siempre ha tenido mejor publicidad que el discurso de la reducción de daños. Y pegarle una patada en el culo al gobierno es más tentador que sentarse con él a intentar convencerle de que retire una legislación que nunca debió haber promulgado en un principio.

Otro de los problemas que tengo con los "legalizadores" es que, en muchos casos, siguen pareciendo necesitar que papá-estado, de un modo u otro, esté ahí controlándolo todo.

Según ellos, el estado debiera "permitir" que sus ciudadanos consumieran ciertas sustancias, pero controlando su producción y distribución. Un monopolio estatal sobre las drogas, vaya.

¡Eso si que sería un gran avance, sí señor! ¡Del estado-policial al estado-camello!

Bien, señores. Vayamos por partes. Aquí estamos nosotros, en pleno siglo XXI, en medio de la ola neoliberal y privatizadora, y a ustedes no se les ocurre pedir nada más y nada menos que un nuevo monopolio estatal.

Si no existe ya un monopolio sobre el alcohol, o el tabaco, o los fármacos, ¿por qué debería haber uno sobre las drogas recreativas? ¿Porque son "malas"? ¿O porque son demasiado buenas y el estado tiene el deber de asegurar el suministro a todo ciudadano de su respectiva dosis?

Porque si es así, si lo que mueve a estos buenos samaritanos a pedir un monopolio sobre las drogas es asegurar el disfrute y placer de la ciudadanía, ¿a qué esperan para pedir la nacionalización de los prostíbulos?

Por no mencionar el plus de poder que supone conceder al gobierno semejante monopolio. Me imagino los boletines oficiales del estado llenos de ordenes ministeriales regulando la dosis y la pureza de la sustancia que puede consumir cada individuo; la frecuencia con la que se puede colocar; o cual debe de ser el precio de venta al público (con descuentos para la tercera edad, por supuesto. Que para algo ya son los primeros clientes de las farmacias y una considerable fuerza electoral.).

Y si nos dejamos llevar por las habituales tendencias conspiranóicas (magnífico invento, el termino, pero no de mi cosecha.) podemos imaginar la temible arma de control social que podrían ser las drogas en manos de un gobierno sin escrúpulos. Vas al estanco a por tu porrete y te colocan una dosis de háloperidol y ¡ala!, "¡que gobierno más majo! ¿A que nos vas a votar en las próximas elecciones?".

Tampoco hace falta mucha imaginación. Aldous Huxley ya advirtió contra el uso de las drogas por parte de los gobiernos para controlar políticamente a la población en su "Un mundo feliz". Y no somos pocos quienes sospechamos que la heroína primero,y luego el crack fueron introducidos en los barrios negros como parte de un plan para aniquilar a los Panteras Negras urdido por J. Edgar Hoover (el travestí más poderoso de la historia. Y también el jefe del FBI que más duró en su cargo y el que más temible lo hizo.).

No señores, si el estado no tiene derecho a decidir que sustancias puedo consumir, tampoco puede tenerlo a controlar su comercialización. Ya se encargaran otros de ello. Los campesinos de Colombia, quizá. O las tabaqueras. O los fabricantes de licores o medicamentos. O el camello de toda la vida, pero con Seguridad Social y controles de Sanidad y Consumo.

Me da igual, pero si algo deberíamos haber aprendido ya es a no forjarnos nuestras propias cadenas.

¡No a la "legalización"!

¡Sí a la abolición!