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Sociedad
Informe 2: Sobre la formación y comunicación de ideas en las sociedades de cazadores-recolectores

por Profesor Kaoru Solomon
Traducción de Traducción de J.M. de la Torre para PórticoLuna
 

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El alimento. Este es el principal motivo de la constitución de las primeras sociedades humanas; las bandas de cazadores-recolectores.

Siendo la más imperiosa necesidad animal, por encima del sueño o el sexo, era de esperar que condicionara especialmente los hábitos humanos. En general el hombre es un mal cazador; sus dotes naturales para esta tarea son nulas. Por ello había de recurrir a la caza en grupo.

Los primeros grupos de cazadores-recolectores estaban formados por grupos familiares relacionados entre si por razones de parentesco. Y establecían entre ellos relaciones de reciprocidad  e igualdad por lo que se refiere al reparto de alimentos.

En una sociedad de esta naturaleza,  el mantenimiento y perfeccionamiento de la ciencia de la caza era el mayor objetivo de la comunicación. De este modo se desarrollan las danzas rituales que reproducían relatos de caza, cumpliendo una función instructiva, al detallar el procedimiento de la caza,  y motivadora, al retratar al ejecutante de la danza como un gran cazador.

Otras formas de comunicación fueron las pinturas rupestres, que también reproducen escenas de caza y supone el primer registro de un código de comunicación, dada la necesaria estilización de las figuras que cabe interpretar como humanos y animales.

El hecho de que unos dibujos tan toscos sean inteligibles en todo el mundo no debe hacernos perder de vista que ningún otro animal hace representaciones de sí mismo o de su vida.

Gracias a esa comunicación era posible adoptar nuevas técnicas de caza más eficaces y desechar las antiguas, algo que no es tan fácil en ausencia de comunicación, cuando un percance puede acabar con el cazador más dotado. La cultura permite su conservación.

Y no es nada desdeñable. El cultivo de las habilidades para rastrear presas, por ejemplo, constituye una poderosa ventaja selectiva evolutiva. Los grupos que no son capaces de aprender estas habilidades y no las desarrollan por sí mismos, consiguen menos proteínas y dejan menos descendencia.

Junto con esas primeras pinturas rupestres, aparecen también los primeros ritos de magia. Para el primitivo cazador, el objeto real y su representación son la misma cosa, lo que le pasa a uno le pasa al otro. Nacen así los rituales de caza. En ellos se representaba al animal siendo cazado para propiciar así su conversión en realidad. El mismo principio subyace hoy en día en la magia con muñecos vudú.

Siendo animistas los cazadores-recolectores, no nos ha de extrañar que prestaran atención al destino de sus seres queridos después de la muerte. Con ellos aparecen los primeros ritos funerarios. Entierran a sus muertos en túmulos junto con sus efectos personales.

En las sociedades de cazadores -recolectores que aún perduran podemos contemplar el uso de otros rituales para marcar las distintas crisis vitales, como el nacimiento o el paso de la infancia a la edad adulta, de suma importancia ya que el muchacho se integra en la banda de caza. Tales rituales de paso parecen comunes a todas las sociedades de cazadores actuales y seguramente lo fueron entre las primeras.

En este aspecto, el ritual funciona como mecanismo de control social, creando cierto “esprit de corps” y trasmitiendo una serie de valores e ideas. Son elementos indisociables del ritual el canto, la danza, el dibujo y la decoración del cuerpo. Todos ellos formas de comunicación.

Otro de los elementos constitutivos de las sociedades de bandas, es la existencia del tabú. Concebido en principio como una forma de autorepresión, en la que el castigo por la violación del tabú era efectuado por una fuerza interior, con el tiempo evoluciona y es la propia sociedad la que toma a su cargo el castigo del transgresor.

Los tabúes más extendidos hacen referencia al incesto y al canibalismo y parecen retraerse en el tiempo hasta los albores de la humanidad.

El tabú es así, pues, una forma de asegurar la cooperación entre individuos por encima de sus instintos.