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Miscelánea
Viaje a la photoshopeada Jovovich

por García Macarena González
 

Pórtico Luna

En un avión, en las 16 horas que incluyen aeropuertos, sobrecargas, detectores de metales, cuchillos de plástico e instrucciones para cuando todo sea muy tarde, leo una novela. Para mantenerme ajena a mi compañera de asiento y a su miedo a la altura, he escogido un libro de lectura fácil, he puesto la fe en una historia que me enganche. Y funciona. Es decir, leo, no pienso en el cambio de país, ni se me hinchan los pies, ni atiendo las miradas ahogadas de la madrileña a mi lado. El libro me vende la historia, la compro y me bajo 16 horas más tarde en Santiago de Chile, quizá más paranoica que mi vecina. Ella aliviada va a buscar el equipaje, yo me detengo, no sin escozor, ante los avisos publicitarios.

13,99 euros, es la historia de Octave, un reconocido publicista que decide escribir una novela con la que conseguirá que lo despidan de su empresa. La idea es describir en ella, el asco detrás de cada anuncio, un gran juego de los grupos de poder maquillado con kilos de Photoshop sobre cada modelo. El concepto: mundo y mujeres perfectos, tanto que nadie repara en su irrealidad, sino en la propia incapacidad de conseguirlo. "Hacer que se os caiga la baba, ése es mi sacerdocio. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume". Bombardeándonos con verdades Octave pretende confesarse, a modo de redención describe su parte de culpa en el capitalismo y con ella firma su salida.

Y nos habla, o nos convence que nos habla, de lo que realmente sucede. La novela que escribe Octave es la misma que escribe Beigbeder, su autor, quién debió salir de la empresa en la que trabajaba como creativo meses antes de la publicación. Una historia del intento de renuncia de quién ya está atrapado y nos intenta decir porqué. Y nos lo dice de una forma que le creemos tanto que no despegamos los ojos en 16 horas de vuelo. Y eso que cada día está más lleno de houellebecqs relatando fines de mundo y de morales. Agudo y ágil en la narración, entretenido, documentado, nos va golpeando con ideas y frases de esas que venden. Aforismos de fin de milenio. Publicidad a la carta. Descripción minuciosa del mundo que es incapaz de cambiar.

Cumple su objetivo, pienso después, detenida ante Milla Jovovich que, junto a otras 6 top models, rodea, en dimensiones gigantescas, la Biblioteca Nacional de mi país. Esta vez no estoy horrorizada por el impacto visual de la publicidad que no deja ver el edificio histórico. Esta vez me detengo frente a "L'oreal París que contribuye al embellecimiento de la Biblioteca Nacional", frente a L'oreal que nos reclama agradecimiento por su compromiso con el patrimonio nacional. Me detengo en las letras azules bajo el rostro de Milla: "Cultura: reflejo de nuestra belleza" y entro a buscar libros. Entre todos los acalorados santiaguinos que hurgueteamos esa tarde fichas bibliográficas, nadie podrá ser tan culto como Milla, aunque pienso que quizás comprando L'oreal mejoraremos algo. ¿O no?