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Sociedad
¿Dónde está Willy?

por Luis Calonge
 

Pórtico Luna

No estuve en Gotteborg pero he seguido con bastante interés lo que pasó entonces y lo que había pasado antes.

Por que para mi lo que está pasando ya pasó antes. Es el mismo perro, con menos dientes eso sí, con distinto collar. Así que haré un poco de Historia.

En su magnífica autobiografía de sus años como comunista Arthur Koestler nos habla de las andanzas de una persona notable, Willy Muenzenberg, que era el jefe de la sección de Agitprop (Agitación y propaganda) de la Comintern en los años 30. Este hombre sentó las bases de la la propaganda comunista en la Europa de entonces, que fue muy eficaz, y entre cuyos principios había dos que vienen al caso: lograr por medio de la propaganda dar la impresión que los comunistas eran más de los que realmente eran y crear grupos financiados por la Rusia estalinista pero en nombre de buenas causas que hicieran que gente de buena voluntad se adhiriera a ellas cuando en realidad estaba formando parte de la estrategia comunista (tales grupos o comites eran del tipo "Comité de ayuda a las víctimas de los nazis" y similares). Ahora no viene a cuento pero no puedo evitar alargar un poco la historia y mencionar que cuando los nazis llegaron al poder la oposición comunista fue nula y que Willy Muenzenberg acabó sus días asesinado, aparentemente por un camarada comunista.

Ahora la Historia es otra. El comunismo es una reliquia. Pero sus variantes aún dan coces.

Susan George me ha convencido de que ella actuó de buena fe en Gotteborg y que se vio rodeada de una violencia inesperada. Ahora bien, no estoy tan seguro de que todos los que estaban en Gotteborg actuaran con la misma buena fe. Empezando por el señor Hans Abramsonn. Este señor seguramente estaba al corriente de dos hechos: que manifestaciones reivindicativas semejantes (p ej en Seattle) habían acabado como el rosario de la aurora; y que una manifestación pacífica de gente en plan festivo con pancartas no merecería un segundo en ningún informativo de ningún pais. Así que se me ocurren dos lecturas de su actitud: la primera, bienintencionada, que negoció de forma ingenua en nombre y en representación de un conjunto de organizaciones de las cuales él no era el representante y sobre las cuales no tenía ningún control; la segunda, malpensada, que negoció para cubrirse las espaldas aun suponiendo que pasaría lo que pasó.

¿Por que he mencionada a Willy al principio?. Por esto: por que si son tantas las personas de los grupos que defienden una de las supuestas propuestas de esos grupos heterogéneos, cuyas propuestas concretas desconozco pero que parece que coinciden en la perversidad demoniaca de la globalización económica (por la cual no sé qué entienden), la tasa Tobin, creo que deberían emplear los mecanismos que prevé la Constitución (la española al menos) para impulsar una ley por parte de un grupo de ciudadanos. No sé qué número de ciudadanos se necesita para ello, espero que alguien me lo pueda decir, pero sí sé que el mecanismo existe y que no parece que a nadie se le haya ocurrido plantearlo en el caso de la tasa Tobin. ¿Por qué?. También he mencionado a Willy por otra razón, y es por mi creencia de que muchas personas de buena fe están siendo instrumentalizados por otros que de buena fe tienen poca.

Así que ahora soy yo el que se pregunta: ¿Donde está Willy? Y no al que asesinaron sus camaradas en nombre del Gran Día sino su reencarnación presente, que no se dónde está pero me imagino que seguirá usando una camiseta que a estas alturas está algo gastada. Bueno, no algo gastada, gastadísima. Me deja sorprendido que aún exista gente que hable del Gran Día, de reformismo vs. revolución, de Estado = monopolio de la violencia legítima, y expresiones semejantes. Casi diría que me rejuvenece escuchar este lenguaje que parece venir de un pasado remoto.

Pero el caso es que gracias a este gran invento que es el e-mail me entero de que los hay que todavía gustan de emplear este lenguaje tan, ahora, entrañable. Pues bien, Susan George, si alguien tiene la amabilidad de hacerte llegar mi misiva y tu tienes la amabilidad de contestarme me gustaría que habláramos de la tasa Tobin y de la dificultad que existe para imponer impuestos a los movimientos de capital, de la globalización y del desastre que supone que los países desarrollados cierren sus fronteras a las exportaciones agrícolas de los países de Sudamérica, de que las críticas panfletarias al FMI permitan a éste rehuir las críticas verdaderamente relevantes, por ejemplo su inoperancia hace 2 o 3 años a la hora de evitar que las devaluaciones en el Sur de Asia se contagiaran a Sudamérica.

No deseo extenderme más. Seguro que tendremos otro Gotteborg y por tanto más ocasiones de sentirnos extrañados de que haya pasado lo que era previsible que pasase y de volver a hablar de Willy.