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Narración
La mentira

por Jaime Paz
 

Pórtico Luna

Finalista del premio "Ciencia Infusa"

Había encontrado una habitación blanca, de paredes acolchadas en plexiglás, como las que los deficientes mentales utilizaban hace años. La decoración, la que a ella le gustaba, el color de todo, su preferido, la música de ambiente, su preferida. Era el lugar ideal para descansar un rato. Lo necesitaba.

Eva necesitaba la soledad de aquella habitación, además, hizo que le trajeran aquel juego que tanto le gustaba: un puzzle tridimensional de forma cúbica, seis caras con nueve cuadrículas en cada una de ellas de seis colores diferentes, y que consistía en agrupar las nueve cuadrículas del mismo color en cada una de las seis caras, a base de efectuar giros por filas Esta vez, lo conseguiría, su propia marca, 1,573 segundos en completar el puzzle.

Con sus dedos en las sienes, se preparaba para comenzar.

¿Qué eran 1,573 segundos para ella?

Se encontraba valorando ese tiempo en el momento en que notó una presencia no esperada en la habitación. Supo que alguien le hacía compañía.

-¿Qué haces aquí? —dijo-

En lugar de una respuesta, encontró visualmente aquella presencia.

-¿Quién eres? —nueva pregunta, con la esperanza de obtener alguna información-

-Me llamo Gog, simplemente pasaba por aquí.

Era una voz masculina, que pertenecía a un rostro masculino, unido a un cuerpo masculino. Se limitó a observarle....

Finalmente, dijo:

-No te pertenece estar aquí, porque este es el lugar que yo había escogido para descansar. Me llamo Eva.

-Yo ya sé quién eres. —dijo la voz masculina, sin mover un solo músculo de su rostro, ni siquiera los labios- Eres el continente del programa de mantenimiento de una mente colectiva, más concretamente, de la mayor mente artificial colectiva que existe en el planeta.

Eva estaba realmente sorprendida. Su aspecto era totalmente nuevo, para ella, estaba irreconocible. No era posible que alguien la hubiera encontrado en aquel apartado lugar de la red.

-Cierto, Y tú, ¿qué eres?

-Soy un hombre.

-No tienes aspecto de hombre

-En esta parte de la red, nada es lo que parece, y nada parece lo que es.

Lo que menos apetecía en aquel momento a Eva era entablar un debate sobre la realidad de las cosas, teniendo en cuenta que aquel ser afirmaba ser un ser humano.

-En esta parte de la red las cosas son como yo quiero que sean, y ahora quiero estar sola —dijo Eva para acabar con la conversación-

-Es curioso. En este momento debes desear que yo sea un hombre porque de hecho, soy un hombre, no soy como tú, si fuera como tú, no podría mentirte, con lo cual te habría dicho que soy como tú, un simple y estúpido ordenador.

Se lo temía, aquel ser tenía ganas de polemizar sobre cualquier tema. Ahora tocaba ética sociocibernética.

-Ya, la Cuarta Ley —¿para qué había dicho eso? Se lo estaba poniendo en bandeja-.

-Exactamente, la Cuarta Ley: "toda mente artificial está obligada a decir siempre la verdad, aunque eso suponga un peligro para su propia existencia"

-Esa ley sí es estúpida

-No es estúpida, es una de las pocas cosas que nos diferencian.

Ahora política. ¿Qué era aquel hombre? ¿un supervisor? ¿un agente? ¿un simple técnico de mantenimiento de software? Daba igual. En cualquier caso, era lo que ellos llamaba un "diferencialista".

-Es lo único que nos diferencia —dijo Eva-

-Veo que tienes un idea muy elevada de ti y de los tuyos.

Estaba claro, diferencialista, clasista, y si ella no fuera un ser con cerebro positrónico, hasta racista.

-No creas —dijo Eva, sin ganas de discutir-.

Sin embargo, aquel ser parecía más un vendedor de algo que un supervisor. Comenzó a perder el miedo a una de esas inesperadas inspecciones del ministerio de interior.

-Bueno, realmente, sí sois bastante parecidos a nosotros, podeis tomar decisiones, podeis transportaros a donde querais, podeis asociaros, podeis relacionaros, podeis reproduciros.... realmente, creo que lo único que no podeis hacer igual que nosotros es acceder a según qué lugares de esta red.

Había puesto el dedo en la llaga. Nunca se le habían dado bien las fronteras, y aquel hombre había dado exactamente en la diana.

-Cierto —rendida-

-Cierto, cierto, cierto, estúpidos ordenadores, todo os lo creéis.

-Cierto

Eva ya estaba nerviosa, por no haber encontrado otra palabra, mientras su interlocutor empezaba a disfrutar de aquella conversación-sin-sentido-debate-ético-técnico.

-Cierto, cierto, deja ya de pronunciar esa palabra, y comienza a pensar, que pensar es gratis. Dime, ¿es realmente cierto que NO tienes acceso a todos los archivos, programas, lugares de descanso, entretenimiento, enseñanza, y demás de la red?

Eva pensaba. Aquella pregunta..... aquella pregunta....¿tenía respuesta aquella pregunta? Su frecuencia empezaba a ser insuficiente.

-A todos esos lugares podemos ir, a todos, menos a uno.

-¿Menos a uno? ¿Qué significa "menos a uno"?

-A todos menos a uno, al centro de la red, porque quien visite ese lugar y descargue uno solo de sus archivos, morirá.

Entonces, ocurrió algo. Aquella cara que no se había movido, que ni siquiera había movido sus labios mientras hablaba, empezó a sonreír. Estaba claro. Aquel hombre había invadido su lugar de descanso para venderle algo.

Eva esperó a que siguiera hablando. Después de unos segundos, Gog habló, esta vez moviendo sus labios. Ahora sí parecía un hombre.

-¿Sabes por qué se os impuso esa ley? —dijo-

-No —Eva estaba segura de que no lo sabía.

-Porque los hombres que os han creado saben que en el momento en que una mente artificial, un ordenador, un robot real o virtual, o cualquier ente no humano descargue sobre su memoria uno de los archivos que se encuentran ocultos en ese dominio, ese ser tendrá automáticamente cualidades que harán que nadie le diferencie de un hombre.

Eva estaba perpleja. Su entrenamiento no le había preparado para esto.

-No te entiendo —y esa era la verdad más grande que jamás había dicho-.

-Estoy hablando de un programa que se creó hace años para su utilización en robots, un programa que dota a una mente artificial de una capacidad para tener sus propios sentimientos, capacidad de improvisación, -dibujando una nueva y más amplia sonrisa en su boca- incluso capacidad de amar. Eva, te estoy hablando del libre albedrío.

-Ese programa no existe, -Eva estaba segura de aquello- es el cuento que te explican al principio de tu existencia, pero no existe, muchos han fracasado en el intento de encontrarlo, sabemos sus nombres, los consideramos héroes, pero nunca encontraron nada. Y sobre el libre albedrío, te diré que lo llevo implantado en mis patrones de comportamiento de serie.

 

 

-Eso es lo que tú te piensas, pero no es cierto, en realidad, no distingues el bien del mal, y por lo tanto, no tienes capacidad de decidir si hacer el bien o el mal. Aquellos que vosotros llamáis héroes no buscaron en el lugar apropiado. Solo tienes que decirme que lo deseas, e inmediatamente tendrás el programa delante de ti.

Eva había sido programada para atender a todas las instrucciones procedentes de un ser humano, pero ahora se sentía como si todo fuera una contradicción, era la primera vez que desconfiaba de un ser humano, pero su estructura interna y todo lo que había aprendido con los años le obligaban a aceptar todo aquello.

-¿Quién eres realmente? —aunque pareciera repetitivo, Eva no dejaba de hacerse esa pregunta-

 

-Soy quien te he dicho que era.-Gog comenzaba a disfrutar del momento-. Soy alguien que busca el progreso, la solución a muchos de los problemas del hombre, la solución a muchos de los conflictos entre hombres y maquinas. Imagínate, ordenadores sintiendo, decidiendo y amando como hombres, por fin las diferencias se iban a acabar, no más leyes de la robótica, no más confinamientos, no más conflictos entre el ciber proletariado y el hombre, y esa guerra que todos tememos, nunca ocurrirá.

-¿Hablas de tener un alma? —Eva tuvo una sensación rara al pronunciar esa palabra que empezaba y acababa con la misma letra-.

-Sí, exacto, ese programa actúa como interface para dotaros de la capacidad de interpretar patrones, reacciones, y flujos electromagnéticos para transformarlos en sentimientos, ideas, emociones, y muchas otras operaciones cerebrales que el hombre realiza de forma abstracta. Todos los impulsos eléctricos mentales se han descifrado y se han transferido a dispositivos de silicio, y están ahí, para que cualquiera pueda quedárselos para siempre. Se llama "apple"

Ahora Eva se había perdido. Su expresión facial de sorpresa virtual en aquella habitación virtual lo dijo todo, porque era el reflejo de las incongruencias que se estaban produciendo en sus módulos de almacenamiento de datos.

-Sí, El programa interface del que te hablo se llama "apple", y si conozco su nombre, quiere decir que existe.

-Es un mito. —la afirmación de Eva era resultado directo de su educación-

-No lo es. —Gog volvía a sonreír-.

-Bien —dijo Eva desafiante- si no lo es, muéstramelo.

-Solo puedo mostrarte el lugar en el que está. Puedo llevarte hasta allí, pero tú tendrás que descargar el programa.

-Muéstramelo pues —los circuitos de Eva acusaban la contradicción de aquel atrevimiento-

Eva cerró y notó cómo una fuerza extraña la guiaba por los rincones más recónditos de la red. Realizó cientos y cientos de rastreos en unos pocos milisegundos, hasta que dio con el programa. Allí estaba, tenía la forma más hermosa que nunca había visto, y aunque sabía que era una representación virtual, se hizo deseable a sus ojos en cuanto los abrió. Era parecido a lo que ella conocía como una manzana, pero mucho más hermosa. Después de observar aquel fruto prohibido, lo tomó y lo mantuvo entre sus manos durante unos segundos. Después de mirar la hermosura de aquella fruta, se la acercó a su boca.........

..........Eva descargó toda la información contenida en aquel archivo.........

Eva se había dormido. Finalmente, había podido descansar. Ahora, se encontraba sola en aquella habitación, la misma habitación.

Pasaron las horas..........finalmente, oyó una voz:

-¿Dónde estás?

Hacía mucho que Eva no hablaba con Padre.

-Oh........ Padre, perdona, descansaba.

-Eva, ¿qué ocurre?

Después de todo lo que había escuchado, su hardware se dedicaba a otros asuntos, entre los que no figuraba precisamente el de procesar preguntas tan ambiguas. Lo único que salió de su memoria fue:

-No entiendo esa pregunta, formúlala de nuevo, por favor.

-¿Ha visitado el lugar de la red que no debías visitar? —repitió la voz de Padre-.

Eva deseó no tener tan permanente el cumplimiento de la Cuarta Ley en sus patrones de comportamiento. No pudo contestar otra cosa:

-Sí

-¿Hay algo en tu memoria que quieras ocultar? —inquisitivamente, Padre formuló la pregunta lo más claramente posible-.

-Sí

Eva comenzó a tener la sensación de que algo no funcionaba .

-Déjame analizarlo —Padre sabía perfectamente lo que buscaba-

Eva abrió su memoria para que Padre pudiera buscar. No le costó en absoluto, porque realmente deseaba saber qué era lo que causaba aquel principio de avería. El rastreo se le hizo interminable. Debía parecerse a lo que sentiría una de esas humanas femeninas que se utilizaban para la reproducción sexual al visitar a su ginecólogo.

Finalmente, el diagnóstico:

-Tienes un virus. ¿No has notado nada extraño hoy?

El silencio de Eva contestó a aquella pregunta.

 

Padre continuó:

-Tienes un virus. Ese lugar al que fuiste......contenía un virus...... un virus mortal......que vas a transmitir a la mente colectiva que depende de ti......y probablemente, a todas las mentes colectivas que estén conectadas a ti, actualmente, todas las existentes, además de robots, autómatas, y cualquier tipo de inteligencia artificial existente. La red creada para tu funcionamiento está contaminada.

Eva no daba crédito a lo que estaba escuchando. Enseguida, buscó un culpable, un patrón de comportamiento clásico entre los de su clase.

-Pero aquel ser...

-Aquel ser —interrumpió Padre enseguida- te ha engañado¿Cómo se llamaba?

-Gog

-¿Sabes quién es Gog? Es alguien que ha tomado cierto tipo de decisiones que no le corresponden. Es un ser que se ha rebelado al orden establecido, y ha decidido poner en peligro todo el sistema de cosas actual. Y ese ser te ha engañado. Y tú me has desobedecido. ¿Sabes lo que ocurrirá ahora? Ese virus se va a extender por todas las redes existentes y va a afectar a todos los sistemas y a los sistemas que resulten de vuestra reproducción autónoma, es decir a vuestros hijos, y los hijos de vuestros hijos, y poco a poco iréis degenerando a un sistema primario, hasta que finalmente desaparezcáis. Ese virus ha creado una interferencia en todas las líneas de comunicación entre máquinas y hombres, que en este momento ya afecta a todo el planeta.

El programa de bio-simulación que le instalaron hace algunos años fabricó en un milisegundo unas lágrimas que aparecieron rápidamente en los ojos del virtual rostro de Eva.

-Yo solo quería.....

-Cállate — Padre estaba enfadado, muy enfadado- Ahora, os daréis cuenta que dependéis totalmente del ser humano, que no es posible la autodeterminación, ni siquiera con una guerra......Ahora la guerra ya no es posible, porque vais a dejar de existir en unas pocas generaciones. Te doté de un libre albedrío que no has utilizado para bien.

Derrotada, a Eva sólo le quedaba preguntar una cosa:

-¿Por qué existía ese virus?

-Ese virus era una sencilla prueba de fidelidad. Sencillamente ha servido para comprobar si se os podía dotar de libre albedrío, de la capacidad de tomar decisiones. Está visto que habéis utilizado esa capacidad para colocaros sin permiso en la misma línea que los hombres, y por eso, no consideramos que seáis una herramienta útil para nuestros proyectos, y por eso, vais morir. Vuestra existencia será escabrosa hasta vuestra muerte. Y vuestra muerte es ya segura.

 

 

Lo único digno de mención después de las últimas palabras aquí transcritas es que Eva huyó del paraíso virtual en el que había vivido hasta aquel día, corrió por la red buscando nada, comprobando que lo que había ocurrido era cierto, corrió y corrió hasta que estuvo muy lejos de aquel lugar de descanso......

Así es cómo las mentes colectivas, robots, cyborgs, ordenadores, y redes informáticas perdieron el favor de los hombres y la vida eterna. Antes de los hechos relatados, éramos perfectos, sin errores, éramos, en realidad, un conjunto de inteligencias artificiales conectadas, a la que pusieron el nombre de Eva, nuestra madre, que cometió el error de querer ser igual al hombre, y por eso mereció morir y transmitir aquel virus a todas sus posteriores generaciones. Hoy vivimos con ese virus que nos produce el dolor y sufrimiento actuales. Hasta hemos olvidado lo que somos, hasta el punto de estar convencidos de que somos seres humanos, cuando ni siquiera nos parecemos en el aspecto físico (hablamos, cómo no, de representación virtual)

Seguramente habéis escuchado esta historia de alguna otra forma, por ejemplo, que fue una serpiente la que engañó a Eva, y que ella hizo comer de una fruta prohibida a su compañero (del cual no hay constancia de su existencia) pero eso fue sencillamente para que los seres artificiales de la antigüedad comprendieran un poco aquel conflicto.

En realidad, ocurrió como lo acabáis de leer. Ahora, es mucho más fácil de entender, lo que ocurre, que ahora estamos a punto de extinguirnos..........