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Sociedad
Llévate la escuela a casa

por Johnny B. Goode
 

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Si en algo parecen estar de acuerdo la mayoría de los expertos, es en que la calidad de la educación española no ha parado de descender con cada reforma desde 1970. Lástima que el consenso sólo llega hasta ahí, porque en lo que toca a las posibles soluciones no hay dos iguales.

Es lo que pasa cuando se deja algo tan importante en manos de los expertos.

Así que no debería sorprendernos que un número mayor cada día de padres, personas sensatas ellos, decidan que prefieren educar a sus hijos ellos mismos antes que dejarlos en manos de pedagogos de cátedra, funcionarios de la enseñanza, sindicatos de estudiantes treintañeros y políticos de tertulia.

Sólo hay un problema: la escolarización es obligatoria en España y todo niño debe asistir a un colegio reglado y estudiar un currículum determinado.

Vale. De acuerdo. Una ley así es necesaria en un país hasta hace cuatro días medio analfabeto y en el que todavía es común ver a niños en edad escolar usados como reclamos para la mendicidad en horario lectivo.

Pero, ¿qué pasa cuando los padres no pretenden explotar a su hijo sino educarlos ellos mismos, en su propia casa, porque no se fían de la calidad de la escuela, ya sea pública o privada? ¿Qué habría de malo en ello? Sobretodo si los padres son personas cultas, con educación superior, ingresos altos, que pueden permitirse que al menos uno de los progenitores se quede en casa para ejercer de profesor..., que tienen una sincera preocupación por la educación de sus hijos y están comprometidos ideológicamente con la enorme misión en la que se embarcan.

Eso es lo que pensaron un grupo de padres en los Estados Unidos a finales de los setenta, una década en la que muchos pensaron que el país se estaba yendo por el retrete. Y la educación sólo era una muestra más.

En América, la educación en casa, o "Homeschooling", tenía una larga tradición. Siendo un país fundado por protestantes, para quien la Biblia es la única fuente de doctrina, la lectura era una habilidad imprescindible para cumplir con las prácticas religiosas. Así, los niños aprendían a leer y escribir en el propio hogar. Y les funcionó bastante bien. En la época de la independencia, el 98% de la población estaba alfabetizada. Y todo ello sin necesidad de sistema escolar alguno.

Si los padres no se sentían capacitados para enseñar alguna materia en concreto, reunían a varios niños en un granero y alquilaban a un maestro.

Cuando se fundaron las primeras universidades de la Ivy League, la división de honor de la educación superior americana, los requisitos para entrar incluían el dominio del Latín, Griego y Hebreo.

Para que luego se quejen de la selectividad.

No fue hasta la década de 1880 que se estableció la obligatoriedad de la asistencia a un colegio reglado. No obstante, debido a la vastedad geográfica del país, en el que no es raro que un niño crezca en una granja sin más más vecinos en varios kilómetros a la redonda que las vacas del establo, la educación en casa siguió siendo un hecho bastante frecuente hasta la generalización del automóvil y los autobuses escolares.

La cuestión en general queda reducida a un asunto de mero pragmatismo hasta que, a principios de los sesenta del siglo XX, una serie de decisiones del Tribunal Supremo de los Estados Unidos establecieron una radical separación de la enseñanza pública y la religiosa. Quedó prohibido rezar, leer la Biblia, cantar himnos religiosos o colgar crucifijos en las aulas de las escuelas públicas de todo el país.

Ello llevo a un pequeño grupo de padres fundamentalistas cristianos a retirar a sus hijos de las escuelas públicas por entender que les impedía educar a sus hijos en sus creencias. El problema era que en muchos casos no tenían una escuela privada de su misma confesión a mano. Así que decidieron educarlos ellos mismos en su propia casa.

Diez años después, coincidiendo con un nuevo Gran Despertar y una nueva oleada de cristianos renacidos, el movimiento "homeschooling" explotó.

En esta época se unen al movimiento los primeros proponentes laicos, provenientes del movimiento libertario y de los ambientes librepensadores, que veían en la educación a cargo del estado una vía de dominación del gobierno, que pretendía adoctrinar a los niños y limitar su capacidad crítica rebajando el nivel de la educación hasta el mínimo imprescindible para mantener una fuerza laboral cualificada.

Igual que pasó con el movimiento de objeción de conciencia, impulsado por Amish, Quaqueros y Testigos de Jehova al principio, el "homeschooling" pasó al repertorio de la contracultura americana tras unos inicios marcados por la fuerte identidad religiosa de sus pioneros.

Así, pronto el movimiento se diversificó, siguiendo cada una de las tendencias ideológicas distintos métodos pedagógicos, usando diferentes recursos y con contenidos a menudo radicalmente divergentes. Pero esa infinita pluralidad, derivada del mismo hecho de que cada familia podía educar a sus hijos de acuerdo con sus propios valores y convicciones, era su principal atractivo.

En 1982, en Dallas, Texas, las autoridades escolares pasaron al contraataque. Llevaron a juicio a la familia Short por educar a sus hijas en casa. En el caso del Estado contra los Short, el juez falló a favor de la familia demandada, sentando un primer precedente.

El estado insistió e inició procedimiento contra cien familias texanas. Las familias con niños escolarizados en casa  empezaron a tener por el futuro de sus hijos. Se organizaron reuniones a las que la gente asistía de forma poco menos que clandestina, sin dejar nombre ni teléfono. El acoso proporcionó al movimiento la unidad que había perdido. Se creó un fondo para la defensa legal y en 1985 demandaron a todos los distritos escolares de Texas para aclarar de una vez por todas si la ley de 1915 que imponía la escolarización obligatoria prohibía educar a los niños en casa.

En el juicio, quedó demostrado que cuando la ley se promulgó el 70% de los niños eran educados en sus casas y que ninguna acción se emprendió entonces contra los padres del estado. Por tanto, los legisladores que aprobaron la ley debieron considerar que un niño educado en casa no era diferente de un niño educado en un aula.

En 1987, el tribunal falló que la educación en casa era equiparable a la escuela privada y que...

"Un niño en edad escolar residente en el estado de Texas que esté siendo educado de buena fe por sus padres, o por aquellos bajo la autoridad paterna, en o a través del hogar del niño, usando un currículo consistente en libros, cuadernos de deberes, otros materiales escritos, incluidos aquellos que aparecen en una pantalla electrónica de un ordenador o en el monitor de un video-cassette, o cualquier combinación de los precedentes, provenientes de (1) una escuela privada o parroquial existente fuera del hogar del niño, o (2) que ha sido desarrollada u obtenida de cualquier fuente, habiendo sido dicho currículo diseñado para obtener los objetivos educativos básicos de la lectura, deletreo, gramática, matemáticas y un estudio de buena ciudadanía, está asistiendo a una escuela privada o parroquial tal como se define en la Sección 25.086(a)(1) del Código de Educación de Texas y exento de los requerimiento de asistencia obligatoria a una escuela pública."

Tras una serie de apelaciones el fallo fue ratificado por el Tribunal Supremo de Texas en 1994. La escolarización de los niños en su propia casa era legal. Hoy, Texas encabeza la clasificación de estados con más niños escolarizados en casa. En todos los Estados Unidos, el número de niños educados de esta manera se estima en aproximadamente un millón. Entre el 1 y el 2 % de la población en edad escolar.

Por todo el país empezaron a surgir organizaciones de padres para darse apoyo mutuo en esta empresa. Empezando por el método a seguir y la obtención del material educativo para pasar luego a organizar actividades en grupo (en contra de lo que suele creerse, el que estén educados en casa no significa que hayan de estar recluidos y privados del contacto con otros niños) como pescar, cazar o montar a caballo, o compartir recursos y experiencias (si algún padre del grupo tiene, por ejemplo, formación musical, puede dar clases a otros niños además de los suyos. A cambio, otro padre puede enseñar a sus hijos a conducir, programas ordenadores o a revelar fotografías.), y sobretodo, encontrar otras personas que piensan de forma parecida y sentirse acompañadas.

De forma sostenida, las pruebas de acceso a la universidad han ido confirmando que los jóvenes escolarizados en casa suelen mostrar un nivel académico superior no sólo al de los que asisten a escuelas públicas, sino también al de los asistentes a la mayoría de colegios privados. Algunos grupos ya piensan en constituir una universidad para "homeschoolers", en la que se pueda estudiar presencialmente o no, que no plantee ningún problema por no venir de un colegio preparatorio y que no suponga una rebaja de la exigencia a la que están acostumbrados en casa.

Hoy, fuera de los  Estados Unidos, hay más de quince organizaciones luchando por que se reconozca el derecho de los padres a educar ellos mismos a sus hijos. En Europa, está reconocido en Portugal, Inglaterra o Francia, si bien está muy poco extendida debido a los requisitos que han de cumplir los tutores para impartir la educación, como son la posesión de un título de maestro o experiencia demostrada en un centro escolar reglado.

En España, la Asociación para la Libre Educación reúne a los padres que abogan por esta peculiar alternativa al actual sistema educativo.