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Sociedad
Al que Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos

por La tía Naty
 

Pórtico Luna

Han escuchado es canción que se llama "Me gustas tú". Esa que en sí no dice nada. O tal vez que es una especie de declaración de amor, y un darse a conocer, muy de este tiempo, en el que con oraciones de no más de 10 palabras, uno debe arreglárselas para contar la historia de su vida. Y si no fíjense que, por lo menos por estos australes lados del mundo, una sesión de psicoterapia, ha dejado de durar 45 minutos para ser sólo de 30; sólo faltaría que le hicieran lo mismo al football.

Volviendo a la letra de la canción, entre y otras cosas al muchacho le gusta,..."marihuana, me gustas tú, me gusta ´colombiana´ me gustas tú...", y a decir verdad contra gustos no hay nada escrito.

El caso es que además de una letra sencilla, la melodía es harto pegajosa y para que Manu Chao no se enoje hay una sola cosita que me preocupa de su canción.

Es que tengo una sobrina que recién alcanza los 2 años y medio de edad; esa dulce y simpática humonita (si es que El Largo me lo permite) canta esa canción, tantas veces como la heavy rotation de cualquiera de las señales de música en el cable la pasan (en la actualidad unas 300 veces al día, sin cambiar de canal). Y por supuesto, a la niña, no le gusta marihuana, ni entiende de qué va eso de ´colombiana´, sólo esta cantando y bailando.

Espero que me entiendan amigos, no soy moralista ni nada parecido, y después de tanto preludio, quisiera llegar al grano.

Así como esta graciosa canción, los niños de hoy ven y escuchan una enorme sarta de atrocidades diarias, de las cuales, ni sus padres ni Superman pueden salvarlos. Y con la misma candidez y simulada distracción con que las oyen, las repiten. Pero eso tampoco sería de temer a no ser por una sencilla razón: a su edad, yo también repetía ciertas palabras, pero recién unos 8 años más tarde entendí su significado y "correcta aplicación" en el lenguaje cotidiano.

Sin embargo estas criaturas, Dios nos salve, sí las usan correctamente (aunque mayormente no conozcan la semántica de esos términos), cuando se enojan, cuando están fastidiados de sus mayores, cuando sufren y en otro sin fin de gamas que un ánimo "agobiado" puede tener.

Pero lo que más me atormenta es la duda, esta cavilación diaria que no me permite discernir, cuan bien o mal está que a esa corta edad un niño pueda expresar con libertad sus sentimientos negativos. No digo que les enseñemos el entero repertorio de groserías de la lengua castellana (a lo que Uds. deberían agregarles mucho mas ítems nacionales argentinitos), no digo no llamarles la atención, por una cuestión social, a sus impulsos animales de putear al pediatra, lo mismo que nosotros debemos hacer muchas veces para no arremeter contra la "familia" del dentista.

Digo, como hacer para sociabilizar a una criatura, sin reprimirla. Como hacer para no criar agresivos verbales, ni resentidos por no hacer una descarguilla a tiempo. Como hacer para encontrar el límite entre la sanción y el festejo, de una actitud que nosotros como adultos casi envidiamos. Cómo hacemos, si encima, cuando crezcan quizá sólo tengan 15 minutos para contarles al terapeuta qué represores que fuimos con ellos.

Y bueno, pare ser honesta, agradezco que de estos temas se tenga que encargar mi hermana, para eso es la madre ¿no? Porque si tuviera que hacerlo yo, ¿cómo les explico?...Me la pasaría cantando: qué voy a hacer, je ne sais pas, qué voy a hacer je ne sais plus, qué voy a hacer, je suis perdu...