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Ensayo
La transmisión de la ignorancia

por Obelix
 

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Lo que llamamos conocimiento no es, de momento, más que adaptación al medio. La situación oficial de la humanidad es la ignorancia. Debido a esto la educación debería asentarse sobre dos pilares básicos:

- la transmisión de la capacidad de adaptación al medio, tanto natural como social etc..

- la transmisión del desconocimiento, de la falta de una referencia absoluta y por tanto de la necesidad de su búsqueda.

Sobre el primer punto, mal que bien, vamos tirando. Pero en lo que se refiere al segundo, la realidad profunda de esta afirmación es ocultada y deformada por una severa falta de humildad por parte de aquellos que están en posición de educar. Se prefiere  recurrir a explicar absurdos, mentiras y respuestas obsoletas. Todo con tal de no admitir delante de su progenie su propia inseguridad, llegando a castigar a sus pupilos si señalan la incoherencia y a ensañarse si además proponen una alternativa ingeniosa. Con lo cual, el proceso educativo se limita a cultivar la sumisión al orden establecido. Un niño educado es aquél que no pone en aprietos a sus mayores y que llegando a la edad adulta asume con alegría todos sus deberes y es especialmente torpe e indolente en lo que respecta a reclamar sus derechos.

Llevamos veinticinco siglos citando a Sócrates y aún pensamos que su famosa afirmación no era más que una pose de tío listo para hacerse el humilde. Aún, hoy en día, piensa el ser humano que sabe por el mero hecho de sobrevivir con cierta dignidad. Asumir la magnitud de lo que ignoramos nos puede dar la esperanza de lo que nos queda por descubrir, o el terror del abismo ante el cual nos encontramos. Pero no asumir la realidad de nuestra situación pone en jaque nuestro único valor, es decir, cierta capacidad para la supervivencia.

En definitiva, hasta el día de hoy, la historia del pensamiento humano sólo ha dado tres pasos significativos:

         * Darse cuenta de la realidad de la ignorancia.

         * Valorar que el único referente del que está cierto es de sí mismo. 

         * Y que esta referencia que es sí mismo y única fuente de certeza le dice que lo otro que él también existe.

Todo lo demás son ristras de causas y efectos con aplicaciones técnicas que pueden ser deslumbrantes pero que no aportan nada decisivo al esclarecimiento de lo real en su conjunto. Eso si, la cantidad de datos es tan abrumadora que uno puede invertir perfectamente toda una vida de estudio  en los detalles sin llegar a enfrentarse nunca a su radical desorientación. Es precisamente la erudición del dato vacío de contenido la que se significa frente a la población y asume las riendas del sistema educativo con prepotencia, orgullo y crueldad, pues sus impracticables caminos y sus órdenes desprovistas de auténtico sentido destruyen la integridad psicológica y moral del ser humano, único referente que tiene este para acceder al conocimiento y a la libertad. Una libertad que no se entiende  sin la capacidad para conocer y asumir las consecuencias de sus actos.

Si analizamos bien la cuestión nos daremos cuenta del titánico esfuerzo que supone confeccionar, asimilar y mantener una telaraña de imposturas y datos sueltos frente a la sencillez natural de nuestra desnudez cognoscitiva. Muchos prefieren no tirar de la manta, simplemente, porque bajo ella no está el conocimiento, con lo cual, la maravillosa aventura del saber, que daría una unidad de propósito a la humanidad y una plenitud de significado a su existencia se posterga dejándonos en una deriva que empieza apuntar la tragedia de un escorbuto moral por falta de nutrientes esenciales para el espíritu.

En síntesis reconozcamos frente a las generaciones que nos siguen que no sabemos, pero que nos hemos embarcado en la increíble odisea de llegar a saber, excitante empresa para la que contamos con ellos desde el momento en que comiencen a respirar.