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Sociedad
¡A legislar, que el mndo se va a acabar!

por Sergio Rodríguez Castillo
 

Pórtico Luna

Tengo la fortuna que con regularidad me invitan a participar como ponente en foros a fin de abordar uno o varios aspectos jurídicos relacionados con el Internet. Si bien siempre pregunto a que tipo de público va dirigida la charla a fin de adecuar su contenido y alcance, a veces el nombre mismo que sugieren darle me da una idea del grado de conocimiento sobre el tema de mi auditorio. Si hay algo que me hace "prender las luces de alerta" es encontrarme con un programa donde me invitan a hablar sobre los "aspectos legales del Internet". En estos casos, trato de hacer ver a quienes amablemente me invitan que, si bien podría dar una "embarradita" de los múltiples puntos de contacto donde convergen derecho y tecnología, desde protección de marcas, derechos de autor o patentes en el entorno digital, derecho a la privacidad, contratación por medios electrónicos, hasta telecomunicaciones y nombres de dominio, es necesario ser selectivos al tratarlos, pues no a todos les interesan o conocen de todos los temas.

Algo similar ha pasado al conocer diversas propuestas de "legislar en materia de Internet", algunas incluso preparadas por organizaciones o grupos muy serios y respetables. Si bien se trata de propuestas bien intencionadas, no todas son justificadas, se encuentran bien direccionadas, y por ende no todas son necesarias. Permítaseme desde este momento asentar mi postura: Si bien coincido en que es necesario establecer ciertas normas de conducta, debemos resistir la tentación de legislar por el simple hecho de legislar. Internet es un medio tan dinámico que la legislación vanguardista de hoy que pretende fomentar el desarrollo, puede ser la camisa de fuerza del mañana que impida precisamente ese mismo desarrollo.

¿Se acuerdan como se aplaudió el derecho a la educación obligatoria hasta secundaria? ¿Acabó con el analfabetismo el reconocimiento constitucional de este derecho? ¿Y que me dice del derecho a la vivienda digna? ¿Podemos decir con honestidad que hoy en día cada mexicano cuenta con ella? Desgraciadamente, creo que no. Disculpe que utilice estos ejemplos que tanto duelen, pero creo que con ellos queda claro que no es necesariamente legislando como vamos a solucionar los problemas del país. Podría el gobierno establecer en la constitución el derecho de cada mexicano a un nombre de dominio digno, o garantizar el "inglés y computación" para todos, pero tampoco ello —creo yo— es la solución. El papel del gobierno debe ser el de establecer los lineamientos básicos necesarios para permitir a los mexicanos y mexicanas (creo que esto es contagioso), así como a la iniciativa privada utilizar la tecnología para el desarrollo del país y la generación de riqueza.

En honor a la verdad, hasta ahora el gobierno ha hecho precisamente esto. Las reformas se han llevado a cabo de forma selectiva y consultando a las organizaciones interesadas en ello. Tal es el caso de las reformas del 17 de mayo de 1999 en materia penal (para incluir como delito el acceso no autorizado, llamado comúnmente "hackear" sistemas de información), las del 29 de mayo de 2000 al Código de Comercio, Código Civil Federal, Código de Procedimientos Civiles y Ley Federal de Protección al Consumidor (reconociendo la validez de la contratación por medios electrónicos), las del 30 de mayo de 2000 a la Ley Federal del Procedimiento Administrativo (reconociendo la validez de documentos electrónicos en procedimientos de este tipo) o las del 4 de junio de 2001 a Ley de Instituciones de Crédito (a fin de reconocer la posibilidad de hacer operaciones financieras por medios electrónicos). Todas estas reformas han seguido una tendencia "minimalista" buscando establecer sólo las reglas indispensables para permitir a los particulares actuar libremente dentro de un marco jurídico.

Lamentablemente, no todos parecen estar de acuerdo con esto, y hemos comenzado a oír voces que pugnan por mayor regulación, más leyes, más normas, más reglamentos. A veces siento que nos persigue un pasado que no se resigna a acabar de morir.

Gutemberg no se esperó a que hubiera leyes que protegieran los derechos de autor para utilizar la imprenta, tampoco Graham Bell ni Marconi necesitaron la intervención de una comisión de comunicaciones para ser innovadores en estas materias. Ya en nuestros tiempos ¿que hubiera ocurrido si Bill Gates hubiese esperado a que se definiera el tipo de protección que se le debía otorgar a los programas de cómputo antes de comercializar "Windows"? (Como dato curioso, la protección jurídica de los programas de cómputo, aún en nuestros días sigue siendo motivo de debate en el ámbito internacional). No son las leyes las que logran el desarrollo, ese no es su objetivo y, como lo demuestran los ejemplos arriba mencionados, no se les debe utilizar para tales fines.

La ley, por naturaleza, pretende regular la conducta de los hombres en sociedad, no predecir ni adivinar posibles conductas del hombre. No estoy diciendo que ya todo este dicho en materia de regulación e Internet. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado en no legislar simplemente por que se trata de un tema de moda ¿por qué nunca se ha legislado el comercio telefónico ni fue necesario preparar una legislación expresa en materia de grabadoras de video? La razón es sencilla, si bien se trataba de nuevas tecnologías, algunas de ellas con un fuerte impacto social, el derecho, mediante normas generales fue capaz de regular su desarrollo, sin necesidad de normas específicas ni leyes casuísticas. Como decía mi abuelo, no hay que tratar de arreglar lo que no esta descompuesto.

Ojalá nuestros legisladores tomen conciencia de la trascendencia e impacto que legislar sobre estos temas, en momentos en que la tecnología apenas se va desarrollando puede acarrear en el futuro. Ojalá los diversos organismos, la academia, las cámaras y asociaciones piensen dos veces antes de exigir que se legisle en materia de Internet. Como reza el viejo adagio, "hay que tener cuidado con lo que pidas, no vaya a ser que se te conceda".