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Sociedad
Globalifóbicos contra Globalifílicos

por Rodrigo Solís
 

Pórtico Luna

Eso parece anunciar la marquesina de los enfrentamientos sociales de este milenio nuevecito, que sin embargo tiene poco de novedoso. Fóbicos contra fílicos. Los que aman, contra los que odian. Los blancos contra los negros. Los ricos contra los pobres. O estás con los ladrones, o eres policía. Entonces es otro ecuador, una línea imaginaria que se utiliza para dividir cosas y poder aprehenderlas. Análisis. Eso está bien, siempre y cuando a la hora de la síntesis, se borren las rayas imaginarias, junto con las notas y las reflexiones en voz alta, para llegar a la conclusión: somos much@s, y somos diferentes.

Pero órale pues, hagamos suposiciones y conjeturas también con intenciones de analizar un poquito. Globalifóbicos. La primera vez que escuché la palabrita fue en voz de Ernesto Zedillo, presidente de México, y por el contexto general me parece que se refería a "aquellos que tienen miedo de lo global". Es congruente con la declaración de un vocero de la OMC en Seattle: "perdimos la guerra de propaganda". O sea que "ellos" (OMC, FMI, BM, BID, etc.) consideran, respecto a la globalización, que no han sabido explicar sus ventajas a la opinión pública, que la "gente" le tiene "miedo" al cambio.

Por omisión se consideran a sí mismos globalifílicos, defensores de las nuevas relaciones entre los seres humanos, aquellos que vienen a proteger a la humanidad, de la humanidad misma. Pero más allá del marketing, por pura etimología, las palabras dicen otra cosa. Quienes odian al mundo, contra quienes lo aman. Y entonces la cosa se vuelve muy confusa y no sabemos muy bien de qué bando estamos. Por supuesto que todos "amamos" la Tierra (digo, es nuestra). Ni Pinochet, ni Carvallo, ni Ernesto Zedillo, ni Bill Clinton, ni el Subcomandante Marcos se atreverían a declarar que "odian" al mundo. Nadie.

Sin embargo el mundo está hecho pedazos (love hurts!, diría Nazareth). ¿Quién lo rompió? ¿Quién puede traficar maderas finas del Brasil, explotar pozos petroleros en el Mar del Norte, comerciar con obreros, destruir la atmósfera, secar ríos subterráneos, y producir con todo eso millones y millones de personas en la miseria? No es toda la humanidad. No hay posibilidad de encogerse de hombros y decir "es el sistema". Han sido señalados. Son las corporaciones. Un grupo de menos de mil personas, dueños de las grandes compañías transnacionales que supuestamente traen inversión, empleo, desarrollo, y en realidad, por donde quiera que pasan dejan miseria.

Sin embargo, en un mundo de cabeza, a aquellos que han señalado a los culpables directos de la muerte de miles, les llaman "globalifóbicos". ¿Será que "anticapitalista" suena demasiado fuerte?

Pero así es. Nuevamente es el enemigo quien nos define, y nos movemos en su lenguaje. Eso no significa que logre contenernos. Lo mismo que cuando se inventó el cuento ese de ultras y moderados con tanto ingenio, que a fuerza de repetir la mentira se volvió verdad. Así será tal vez. Seremos globalifóbicos. Nos llamaremos a nosotros mismos de esa manera, en el entendido de que los nombres no son las cosas. Globalifóbicos, anticapitalistas, ultras, sociedad civil, o como sea que se le llame a ese enorme grupo de seres humanos que están hartos de que sus destinos estén en manos de una diminuta elite de terroristas financieros.

Y en un mundo de cabeza habrá que voltear las cosas para enderezarlas.