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Sociedad
La Mafia, Jeb Bush Y Bacardí

por Jean Guy Allard
 

Pórtico Luna

Universalmente, recibir dinero a cambio de favores para un funcionario lleva el nombre de "corrupción". Pero en Estados Unidos, y más precisamente en la Florida, esta práctica es aparentemente parte de los usos y costumbres del mundo político, por lo menos, según la vocera del gobernador Jeb Bush, quien se sorprende de que pueda escandalizar a alguien el fuerte apoyo que acaba de ofrecer el hermanísimo a sus viejos socios de la firma Bacardí.

La sociedad mixta franco-cubana Havana Club Holdings S.A. depositó, hace unos días, una queja ante el presidente de la U.S. Patent and Trademark Office (el Buró de las Patentes y Marcas de Comercio de EE.UU.) para denunciar una maniobra escandalosa de Jeb Bush, destinada a favorecer la compañía norteamericana en su detrimento, en el diferendo sobre el uso de la marca Havana Club.

Dos semanas después de que el Partido Republicano de Florida recibiera de parte de Bacardí una contribución de 50 000 dólares, el gobernador Bush dirigió una carta al U.S. Patent and Trademark Office, pidiéndole que tomara "una decisión rápida y decisiva" a favor de esta empresa.

Cinco días después de esta intervención, el partido del gobernador recibía un segundo cheque, éste por la cantidad de 25.000 dólares.

Según informa el Washington Post, Elizabeth Hirst, la vocera de Jeb Bush, no se ofuscó en nada del procedimiento, cuando le fue señalado por este diario, pero, al contrario, se sorprendió de que puede escandalizarse de esta manera de actuar, aparentemente común en los círculos políticos de este estado.

"El gobernador Bush escribió esta carta en el marco de sus funciones oficiales", comentó fríamente, al señalar que la Bacardí es una empresa de Florida, empleando "un número importante de personas y generando ingresos para nuestra economía".

También aseguró que "el Gobernador y su personal no tienen conocimiento del momento de las contribuciones".

UNA VIEJA COMPLICIDAD

El conflicto entre Bacardí y Havana Club Holdings S.A. para el uso de la marca famosa dura desde cerca de una década.

Sin embargo, la amistad, si no la complicidad, entre los Bush, padre e hijos, y la Bacardí dura desde mucho más tiempo... y la influencia política de la empresa productora de ron se extiende hoy hasta las esferas más altas de la Administración Bush, gracias a la presencia en la Casa Blanca del cubano-americano Otto Reich, el ex lobbyist de la firma, a quien George W. Bush ha nombrado Secretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental.

Desde el Triunfo de la Revolución en 1959, la Bacardí ha estado siempre entre los elementos más activos de la contrarrevolución, trabajando constantemente con la CIA y sus criaturas. En 1962, Bacardí apoyó los planes de la Central de Inteligencia para asesinar a Fidel Castro y Che Guevara. La firma ha sostenido, secretamente, un sinnúmero de actos de sabotaje y de terrorismo contra Cuba tal cómo se implicó hasta en la campaña rodeando el secuestro del niño Elián González. También dio apoyo a mercenarios tanto en Nicaragua y El Salvador como en Angola.

Bacardí contribuyó a la creación de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), que es considerada el portavoz político de la multinacional. Entre los miembros de su Consejo Ejecutivo se han encontrado el ex presidente de Bacardí, Manuel Cutillas, y accionistas de la empresa como José Bacardí, Clara María del Valle y Lourdes Abascal Quirch.

Fue precisamente a nombre de la Bacardí que Otto Reich contribuyó activamente a redactar la genocida Ley Helms-Burton, aprobada en 1995, que permite la presentación de querellas en tribunales estadounidenses contra compañías extranjeras que invierten en Cuba.

El grupo consultor Brock, del cual Reich era consejero, recibió entonces 110.000 dólares de Bacardí, y luego la multinacional destilería pagó 600.000 dólares a la empresa de "lobby" de Otto Reich, RMA International.

La firma Havana Club, cuya famosa marca es el objeto del actual debate, quebró un año antes de la Revolución Cubana, víctima de la dura competencia de la propia Bacardí, que había mudado su sede a las Bahamas y su producción a diversos países del Caribe, ya en 1957, dos años antes de la Revolución.

Los viejos lazos de Jeb Bush con la Bacardí y su FNCA, tal como las puntuales contribuciones del productor de ron a la caja de su partido, junto a la intervención del Gobernador en el Buró de patentes y marcas de comercio, serían, universalmente, considerados conflictos de intereses caracterizados..., sino actos de corrupción

¿Acaso sería que, en esta esfera cómo en varias otras, la ética del imperio no es la del resto de la humanidad?