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Sociedad
Una democracia Imperial

por Mumia Abu Jamal
 

Pórtico Luna

Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta

Franklin D. Roosevelt, antiguo presidente de USA (sobre el dictador nicaragüense, Anastasio Somoza).

El Imperio, como forma de poder soberano m·s all· de la soberanĢa del Estado-naciŪn, como figura paradŪjica de una acumulaciŪn capitalistas sin fronteras, de una crisis continua y una reconversiŪn permanente:

Toni Negri y Michael Hardt describen el orden global actual menos como una estructura rĢgidamente articulada que como una transiciŪn histŪrica.

La discusiŪn crĢtica adopta una orientaciŪn rigurosamente materialista en la tesis desarrollada en „Imperio, seg™n la cual el Imperio es un paso, una transiciŪn. En tanto que paso, no remite a un fin o a un estado todavĢa no alcanzados, esto es, el orden imperial no es una transiciŪn „a algo. El concepto evoca m·s bien una figura arquitectŪnica. En Čl se asocian fragilidad y estabilidad. Esta construcciŪn del paso al Imperio podrĢa remitirnos quiz·s al concepto esbozado por Walter Benjamin en sus observaciones acerca de los „Pasajes de ParĢs, que representaban para Benjamin uno de los lugares paradigm·ticos del siglo XIX. Tampoco escapa a Hardt y Negri la reestructuraciŪn del espacio y el tiempo que acarrea el Imperio, estrechamente vinculada a la consolidaciŪn del dominio contra la insurrecciŪn.

La transiciŪn imperial se asienta sobre la secuencia y la concatenaciŪn de luchas sociales de liberaciŪn en la segunda mitad del siglo XX, esto es, de las revoluciones anticoloniales en el Tercer Mundo asĢ como de la revuelta mundial de los movimientos antiautoritarios, a la par que de las luchas en el ·mbito de la reproducciŪn y de resistencia contra la sociedad f·brica. Hardt y Negri asocian la descripciŪn de esta cesura histŪrica a la crĢtica de una serie de categorĢas com™nmente empleadas para designar las relaciones dominantes, ya sea como posfordistas, neoliberales o poscoloniales. La objeciŪn a estos conceptos estriba en que de ellos se desprende un pensamiento demasiado centrado en formas de dominio ya pretČritas y que trata ante todo de constatar su persistencia presente. Una perspectiva semejante se muestra adem·s cabalmente retrŪgrada en la medida en que se encamina a una „defensa -o, en el mejor de los casos, una „crĢtica- de lo viejo. Asimismo, se muestra partidaria, en cierta manera como Pierre Bourdieu, del Estado del bienestar nacional o cree encontrar su referente en el trabajo asalariado ligado a la gran industria y en los modelos presupuestarios. Sin embargo, estas relaciones ya no son caracterĢsticas hoy en dĢa del capitalismo globalizado; limit·ndose a Čstas, se corre el peligro de caer en la aŅoranza de un reformismo social al que son concomitantes el resentimiento contra toda desviaciŪn y el rechazo de la diferencia.

En cambio, el rasgo distintivo del orden imperial consiste en que Čste expone a la sociedad en su totalidad a la valorizaciŪn y la explotaciŪn capitalistas. La formaciŪn social resultante reestructura un continuo de producciŪn y reproducciŪn, que Negri y Hardt consideran como una „subsunciŪn de la sociedad -y ya no ™nicamente del trabajo productivo-bajo el capital. De Čsta se desprende un „orden biopolĢtico, que se asienta sobre la regulaciŪn de la vida y de la poblaciŪn. Este orden se esfuerza en intensificar el control sobre todos los aspectos de la vida; pero tambiČn se esfuerza en lo contrario: en excluir a todas las expresiones de la vida del ciclo de valorizaciŪn, poniendo con ello en tela de juicio la vida misma.

La soberanĢa como poder de separar un „dentro y un „fuera, de sancionar la inclusiŪn y la exclusiŪn, de „hacer vivir y dejar morir, ha roto sus ataduras, en el orden del capitalismo globalizado, con el Estado-naciŪn. Antes bien, momentos de poder soberano se diseminan en las instancias y los aparatos del Imperio. Esta diseminaciŪn de la soberanĢa encuentra su correspondencia en la articulaciŪn del espacio social. En el Imperio, segmentaciones flexibles y entrecruzadas superponen y desplazan los modernos procedimientos de la discriminaciŪn y la representaciŪn, recorriendo su ordenamiento y estructurando nuevas discriminaciones y exclusiones. La contienda entre el poder imperial y las fuerzas que le resisten se juega hoy en estos espacios sin lĢmites.

Hay algo surrealista cuando George W. Bush. se dirige al mundo clamando sobre "democracia", "libertad" y la construcciŪn de un sistema "donde cada voto cuente" en la Cuba socialista.

Existe un lugar, 90 millas m·s cercano que Cuba, donde la proclamada "libertad" para participar en "una democracia donde cada voto cuenta" es una ilusiŪn. Nosotros llamamos a ese lugar Florida. Porque este estado del sur profundo ahogŪ la "democracia…" en la jornada electoral, ya que utilizŪ sus tropas armadas estatales, un recuento computerizado intencionalmente defectuoso, y unos secretarios electorales obstruyentes, para suprimir, anular y atemorizar a los votantes afroamericanos, haitianos y liberales judĢos a la hora de ejercer su "libertad" para votar.

A la luz de las acciones que realizŪ Jeb Bush para asegurar que los votos fueran al hermano mayor George, existen sobradas razones para creer que se produjo un fraude electoral. La presente cabeza del imperio estadounidense est· ahĢ a causa de las reglas no escritas de la sucesiŪn din·stica de sangre, no por un sistema "donde cada voto cuenta".

Ni a la AdministraciŪn Bush, ni a ninguna otra administraciŪn estadounidense, le ha importado nada la "democracia", en casa o en el extranjero.

Considerad, por ejemplo, algunos de los preeminentes "aliados" en la guerra declarada por Estados Unidos contra el terrorismo: Arabia SaudĢ, Kuwait, Pakist·n, Jordania..ųhay alguna democracia entre ellos?. ųPodemos esperar que el presidente demande "elecciones libres y abiertas", "libertad para los prisioneros polĢticos" o la creaciŪn de un sistema "donde cada voto cuente" en alguna de esas naciones?. No lo creo.

Porque esos paĢses, gobernados por prĢncipes o por gobiernos militares, mantienen el flujo de petrŪleo hacia los depŪsitos estadounidenses, y donde quiera que haya una disyuntiva entre derechos humanos y petrŪleo, el petrŪleo siempre triunfa.

Cualquier estudioso serio de la historia norteamericana debe reconocer que la observaciŪn de Roosevelt acerca del dictador nicaragøense Somoza, podrĢa ser repetida por cualquier presidente estadounidense hasta la fecha. No ha existido ning™n dictador brutal en el mundo que no haya tenido el apoyo de los Estados Unidos, y que no sirviese a los intereses norteamericanos eliminando los movimientos nacionales democr·ticos, a fin de proteger a los negocios de las empresas estadounidenses. Batista en Cuba, Pinochet en Chile, Fujimori en Per™ (y su jefe de inteligencia y tortura adiestrado en Estados Unidos, Wladimiro Montesinos, quien a la vez era un seŅor de la droga), Mobutu en Zaire, Marcos en Filipinas, Trujillo en la Rep™blica Dominicana, Botha en Sud·frica;si se les nombrara a los Estados Unidos, estos proclamarĢan: todos ellos, en su momento, fueron "nuestros hijos de puta".

"Libertad", "democracia", "elecciones libres y abiertas", son palabras que tienen poco significado para un imperio construido sobre bombas, balas y el terrorismo de la CIA. No es m·s que una democracia imperial.