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Armas para la esclavitud: La publicidad

 

Pórtico Luna

Nunca como en estos días navideños, de felicidad enlatada, se puede apreciar el poder en todo su esplendor. En la banda sonora de la película de Alex de la Iglesia "El Día de la Bestia" hay un tema titulado "Feliz Falsedad", del grupo Soziedad Alkohólica. Esta pequeña perla de rebelión nos explica la cruel realidad que se esconde, en algunos casos, tras las sonrisas navideñas.

Cuando hablamos con nuestro padres y abuelos, y nos cuentan el como vivían en su juventud, muchas veces pensamos "¿Cómo podían vivir así?". La respuesta es realmente sencilla "Ojos que no ven, corazón que no siente". Este refrán esta pensado para otras cosas, pero la verdad es que nos viene a las mil maravillas. Una persona no puede echar de menos algo que no conoce. Nuestros abuelos no podían echar de menos la televisión, simplemente porque ni siquiera soñaban con ella. Pero ya por aquellos tiempos las revistas y diarios de la época, aunque leídos solo por unos pocos, se dedicaban a tentar sus mentes y sus bolsillos. Mostraban los últimos modelos de coches, las ultimas utilidades para hacer el trabajo del hogar más cómodo, la mejor moda masculina y femenina, las joyas, y así un sin fin de artículos. La gente descubría el artilugio y se preguntaba como había podido vivir hasta ese momento sin él. Y desde entonces dedicaba sus ahorros, y en muchos casos sus deudas, a conseguirlo.

Al principio la publicidad se limitaba a mostrar la realidad. Explicaba simplemente que existía tal o cual cosa, para que servía y donde se podía comprar. Pero esto era demasiado fácil. Se empezó a manipular un poco el lenguaje, los adjetivos empezaron a emplearse con profusión: Magnifico, útil, imprescindible, asombroso, extraordinario. Y muchísimos más que querían atraer al comprador diciéndole que su producto era mejor que el de la competencia.

Pronto llego un nuevo estilo, ya no se anunciaba algo sólido y tangible, te ofrecían "La Chispa de la Vida", "El aroma de tu hogar", "La fuerza de los campeones", "Dejar de sufrir en silencio". La publicidad había alcanzado un elemento de perfección, porque no se puede acusar de engañosa a una publicidad sobre sensaciones, nadie podría demostrarlo.

Poco a poco la publicidad dejó de vendernos lo que podíamos necesitar, para pasar a hacernos necesitar lo que vendían. Todos queríamos un coche más rápido y grande, un reloj más lujoso y que hiciera más cosas, un ordenador más potente, una televisión más espectacular, y otras muchas cosas que si uno analiza fríamente no necesita, pero que ahora no sabríamos vivir sin ellas. El bombardeo televisivo, radiofónico, en carteles, en prensa, es constante, y se han desarrollado nuevas ideas, como el buzoneo, los limpias de los coches, la publicidad en el cine (ya tardan en hacer un intermedio en la película), o la publicidad pasiva en las series televisivas. Lo que durante un tiempo les estuvo vetado, Internet, se ha convertido en nuevo campo de posibilidades. ¿Sabíais que en los primeros tiempos de las comunicaciones por módem, el mandar un mensaje a un foro con una sutil insinuación de publicidad, podía significar la desaparición de un servidor por la saturación de mensajes de protesta?. Ahora sin embargo estamos deseando que alguien se fije en nuestra pagina y nos ofrezca un banner que nos de pasta.

Además ya no se cortan un pelo en mentir descaradamente, te ofrecen perder tu barriga con solo cinco minutos de un extraño aparato, adelgazar bebiendo agua (aunque la modelo del anuncio este casi anoréxica) , hacer desaparecer tus arrugas con un poquito de crema, y cosas similares.

Y volvemos a la Navidad, la publicidad te OBLIGA a ser feliz, a comprar sin parar. Aunque no tengamos un duro hay que hacer regalos, comer hasta reventar y beber como cosacos. Y lo fácil que olvidamos que estos días nos comemos lo que algunas familias no pueden comer en un mes, o que hay mucha gente que no tiene ni puñeteras ganas, ni motivos para sonreír.

Ayer paseaba por Barcelona acompañado de una amiga y su hija de cuatro años, nos salio al paso un Papa Noel bastante delgado, pero contento de realizar su trabajo con los niños, hurgo en su saco y regalo a Zaira, la hija de mi amiga, un pequeño llavero. Entonces la niña le dijo algo que nos dejo a los adultos sorprendidos y bastante avergonzados "Los niños pobres no tienen juguetes y tienen hambre, les tienes que llevar cosas a los niños pobres". Santa inocencia.

Hoy solo hay dos consejos. El primero es que en estos días reflexionéis un poco. El segundo es que si sois felices os riáis, y si tenéis ganas de ser bondadosos lo seáis, pero no porque os lo diga nadie, sino porque vosotros lo queréis, y hacedlo cualquier día, no solo los días de navidad.

KUNTA KINTE