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Un planeta lleno de simios

 

Pórtico Luna

La infalibilidad de Tim Burton parece ser comparable a la del Papa. Según sus fans, Tim Burton no se equivoca nunca, todo lo hace bien. Cada dos años entrega una obra maestra del séptimo arte, y cuando no es así, resulta que no es culpa suya, que se trataba de "una película de encargo" (¿Tim Burton haciendo películas por encargo, embarcándose durante dos años en filmar un proyecto en el que no cree? ¡Anda ya!) y que el chico ha hecho el mejor trabajo posible, dadas las circunstancias. ¿Sí? Pues amigos, traigo noticias: El Planeta de los Simios, de Tim Burton, es una catástrofe. Una puñetera catástrofe. Obviamente, como en la mayoría de casos, las comparaciones entre la versión de Tim Burton y el original de 1968, dirigido por Franklin J. Schaffner, resultan odiosas. Sin embargo, en este caso, también se me antojan inapelables. Veamos:

El arranque de la película original, el monólogo de Charlton Heston, reflexionando solo en su nave, perdido ante la inmensidad del espacio, era ejemplar. Fijaba el tono intranquilizador que ya nos acompañaría durante el resto del metraje. El filme empleaba un ritmo pausado, sereno, de película de suspense, que se tomaba su tiempo en plantear el argumento, componer las personalidades de los protagonistas, desplegar todo un entorno hostil a su alrededor y meter el susto en el cuerpo del espectador (el planeta, realmente, daba miedo). El arranque de la película de Tim Burton es plano, insustancial y sin fuerza. En la versión de Tim Burton todo el pescado (la trama) está ya vendido en los primeros veinte minutos. A partir de ahí, Burton se limita a dar paso a un vendaval de dos horas de carreras y explosiones sin demasiado sentido, que aturde y satura.

En la película original, el guión de Rod Serling estaba lleno de guiños inteligentes, de negativos de la sociedad humana (el museo de historia natural, el juicio a Taylor, las teorías evolutivas desarrolladas por los simios...). La película de Tim Burton es burda y ridícula, y desperdicia una cantidad indecente de metraje en banalidades y en chistecillos tan malos que llegan a poner nervioso. Hay cachorros simios jugando a basket por las calles (vestidos como si fueran Michael Jordan), hay bandas callejeras de simios raperos, hay simios que utilizan bisoñé y dentadura postiza...

La película original, sin ser ciencia-ficción dura, guardaba una gran coherencia interna y mantenía perfectamente la "suspensión de la incredulidad". En el film de Burton, los agujeros de guión y las imposibilidades físicas se suceden a una velocidad ruborizante. Creo que fue Groucho Marx quien dijo una vez algo parecido a "nadie se ha arruinado jamás subestimando la inteligencia del público americano". Tenía toda la razón. El Planeta de los Simios de Tim Burton ha arrasado en taquilla, pero es una película para tontos. Los simios de la versión original no eran capaces de mover los labios, pero tenían personalidades y motivaciones bien definidas. Eran personajes complejos, y creíbles. Los simios de Tim Burton son capaces de mover todos sus músculos faciales a la perfección, pero sin embargo, cuando abren la boca tienen muy poco que decir. Son seres de cartón piedra, estereotipados, sin matices, blancos o negros. Los malos, especialmente, son malos las 24 horas del día, malos sin paliativos, malos más allá de la estulticia (uno se pregunta cómo es posible que hayan llegado a ser la raza dominante del planeta, con un comportamiento tan altamente imbécil).

El diseño de producción de la película original era austero, funcional y tremendamente verosímil. Realmente crearon una sociedad simia singular, con apuntes de una cultura, un estilo artístico y un look con personalidad propia, que no recordaba especialmente a nada que se hubiera visto antes. Tim Burton se ha limitado a reproducir unos decorados estilo "Los Picapiedra" y colgar lianas por todas partes. El resultado final es más parecido a una atracción de parque temático, falsa y acartonada, que a una auténtica ciudad simia. Y eso que, como ocurre en la mayoría de películas de Burton, El Planeta de los Simios está "sobreproducida". Todo en ella es "timburtoniano". Hasta la última bombilla de la última farola de la última calle de la ciudad simia, ha sido abocetada previamente por "el genio" y tiene su toque personal (por cierto, que todas las películas de Tim Burton acaban pareciendo iguales, ya transcurran en Nueva Inglaterra, en Gotham City o en un planeta lleno de monos parlantes; los planos generales de la ciudad simia son idénticos a los de Gotham City en Batman, o a los de New York en Sleepy Hollow).

Y de lo que no se da cuenta Burton es de que hay cosas que surgen por pura inspiración; que no se pueden forzar saturando una película de gadgets. La gracia de los films clásicos (de la Hammer y compañía) que tanto parecen gustarle a Burton, radicaba precisamente en el toque casual, el encanto de un diseño de producción casero, improvisado, basado en aprovechar los recursos que el estudio ponía en manos de directores como Terence Fisher, Robert Young o Brian Clemens, con talento para convertir en oro la quincalla. Una calavera por aquí, un arbol de plástico por allá, y ya rodaremos como podamos. Burton no. Sus películas chorrean "toque Burton" por todos lados. Y acaban empachando. Además, los decorados de El Planeta de los Simios quedan especialmente deslucidos por la manía de Burton de acotar gran parte de la acción en planos cortos, cuadrados, que posiblemente nos permiten admirar en todo su esplendor el trabajo del departamento de maquillaje, pero que carecen de ninguna sensación de profundidad.

La película original contaba con interpretaciones excelentes a cargo de todo el casting, desde Charlton Heston como Taylor, el astronauta más cínico y cabreado que ha dado la historia del cine, hasta Rody McDowall (Aurelio), Kim Hunter (Zira) o Maurice Evans (Dr. Zaius). El film de Burton adolece de algo que ya va siendo hora que sea dicho: Tim Burton es un director de actores bastante discretito (baste recordar que Johnny Depp nunca ha estado peor, más hierático, salido y payaso que en Sleepy Hollow). Mark Whalberg, que hasta ahora había conseguido engañarnos en películas no demasiado exigentes interpretativamente hablando, como Boogie Nights o La Tormenta Perfecta, se destapa aquí como un verdadero pedazo de carne con ojos, incapaz de transmitir al espectador ninguna sensación que no esté directamente relacionada con el sopor. Tim Roth, como el villanísimo simio Thade, parece haber recitado todo su papel bajo el efecto de algún medicamento con alto contenido anfetamínico. Y por lo que respecta a Stella Warren, la niña bonita del anuncio de Channel, dota de una nueva dimensión al término "mujer florero" (tiene dos frases en toda la película, no aporta nada a la trama, no reparte mamporros, no se queda con el chico, no se acuesta con nadie, no enseña los pechos... ¿Para que aparece entonces?).

La película de 1968 contaba con uno de los finales más impactantes y maestros que ha dado el cine (y no hablo sólo de cine fantástico, sino de cualquier género). Un final que pasma, sorprende, eriza el pelo de la nuca, y deja sin habla durante bastantes minutos (basta revisarla en video para comprobarlo). Un final que incluso sorprendió al autor de la novela original, Pierre Bouille (el libro no acababa así). Tim Burton ha necesitado filmar tres finales diferentes para conservar el factor sorpresa. Y el resultado final es un chascarrillo cutre, de película de Pajares y Esteso, que dinamita definitivamente la escasa coherencia argumental que a esas alturas le queda ya a la película, que se pasa su última media hora enredada en una maraña de loops espacio-temporales.

Resumiendo, pues, El Planeta de los Simios es peor, mucho peor, infinitamente peor que la original. En todos sus aspectos. Pero eso ya lo sabíamos antes de entrar en el cine, y no nos molesta. Tampoco nos molesta que Burton aparque la reflexión y los simbolismos de finales de los sesenta, en favor de la espectacularidad y la acción del moderno cine de aventuras. Ambos discursos son igualmente válidos, si están bien hechos. No hay uno intrínsecamente mejor que el otro (tanto En Busca del Arca Perdida como La reina de Africa son filmes de aventuras; ambas muy diferentes, y ambas obras maestras). Lo peor de todo es que el Planeta de los Simios, de Tim Burton, es una película insignificante, pequeñita y tontaina (como ya dijo Alex de la Iglesia "blandita como un merengue"). Es una camiseta de moda que la temporada que viene ya no se pondrá nadie. Y eso es raro, muy raro, viniendo de un supuesto "genio". A ver si al final va a resultar que con Tim Burton no hay (nunca ha habido, de hecho) para tanto.

Chema Pamundi y su Yeti