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"O Rey". de la tranca

 

Pórtico Luna

Porque hoy es hoy y me apetece el guarreo, me dedicaré con furia y lujuria al análisis de un anuncio, promoción, advertising, merchandising, esponsoring o,...yo qué sé, como quieran llamarlo..., que tiene como fin, pretendido o no, subliminal o no, directo o no, la fornicación, el folleteo, la masturbación, el ñikiñiki, la penetración, el "cariño, hazme una guarrería" y, resumiendo, cualquiera de los apelativos o eufemismos que toma nuestro adorado sustantivo "SEXO".

Para mostrarles que me adapto a las mentes simples, o más bien, que soy una mente simple, verán que analizo algo bien sencillito. Veamos...

Al igual que la fémina sufre las hemorroides en silencio, el varón se dedica a sufrir su "ay, cariño, no sé qué me pasa esta noche, debe de ser el trabajo..." bajo un manto de oscuro y férreo secretismo.

Ese "lo siento, nena, esto no me había pasado nunca" tiene un nombre bien concreto. Un nombre que en boca de cualquier macho que se precie produce el pánico y el terror irreversibles. A su vez, este sustantivo es tan temido, que provoca la caída de imperios, la burla segura, la destrucción de imágenes públicas y notorias y, de manera terminal, la conversión de una personalidad de hierro en una miserable pastilla de mantequilla temblorosa y asustadiza. Ese poderoso sustantivo tiene, para más inri, género femenino y se trata, como bien habrán podido deducir, de la temida.....uuummmmm....IMPOTENCIA.

"¿A qué viene esto?" Se preguntarán temblorosos los varones. "¿Es que,...acaso....saben algo de mí?". ¡No!, respiren tranquilos, esto viene, ni más ni menos, al ingenio creativo de un sabio publicitario; a la idea de un especulador de valores que ha conseguido asociar la imagen de "O REY" (y no me estoy refiriendo ni a JuanCa ni a ningún otro ser perteneciente a cualquier monarquía existente) con la imagen del salvador de la potencia masculina.

Para los que aún no lo entiendan, me refiero a una campaña que se ha iniciado para romper la barrera del silencio y conseguir que el varón pilililla vaguilla se desmelene y grite a los cuatro vientos (eso sí, apoyado por Pelé, ese morenito y virtuoso futbolista): "SOY IMPOTENTE, ¿Y QUÉ PASA?"

No es nada complicado lo que este sabio publicitario viene a comunicar. Por un lado, tenemos a Pelé, negro, futbolista, virtuoso y goleador. Por otro, al incauto impotente, oculto, silencioso, avergonzado y humillado por una sociedad que le considera menos hombre por no empinar cuando le toca. Este incauto viene representado por un hombre al cual no podemos identificar, pues se está duchando tras una mampara decorada por un corazón dibujado en el vaho, a la vez que entona cánticos melodiosos...imagínense, ni para imagen de impotente en un anuncio quiere el varón dar la cara.

Parece ser que se ha pasado la noche chingando sin parar y tiene a la parienta contenta. En resumidas cuentas, que esa noche ha trempado y la mañana se presenta llena de renovación, actitud positiva y poder. Después vemos a Pelé dando el mensaje, que más o menos se puede interpretar como lo que sigue: "Si eres impotente, tú tranquilo, habla con tu médico que él será discreto y, aunque sea, te va a dar dos baños de barniz en la tranca para que se te mantenga dura cuando toca y puedas ser el gallo del corral una vez más".

Hasta aquí simple, pero, ¿¿por qué Pelé?? ¿Por qué no Aznar, que a gallo no le gana nadie?, ¿o Mr. Bush, que nos quiere hacer creer que a huevos pelaos no le vencen?.

Pues bien, porque al fin y al cabo, el único ser que puede presentar la virilidad en su potencia supina no puede ser otro que un futbolista, símbolo del macho a nivel mundial, y no uno cualquiera, sino uno negro, ya se sabe: a grande no le ganan; uno virtuoso y goleador: esas jugadas, birguerías y goles, nos sugieren el juego sexual, la potencia y la penetración; uno, encima, brasileño, o sea, símbolo de la sensualidad universal, de las caderas meneantes y de las contorsiones kamasútricas. ¡Sí señor! No puede ser otro que Pelé "O Rey". Si él nos dice: "Señores, vigilen sus rabos" Todo ser viviente de sexo masculino le hará caso y dejará de tener miedo para ir derechito a su médico de cabecera y decirle: "Doctor, Doctor, Pelé me ha dicho que vigile mi pene". Y el doctor contestará, comprensivo y conocedor del problema: "No se preocupe señor, que ya sé que es impotente. Ahora tranquilo, que deja su rabo en buenas manos".