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Algunas verdades de mi exclusiva invención

 

Pórtico Luna

(Extracto de la conferencia "Estadística y cálculo moral" impartida por Ion Tichy en la Universidad de Cracovia 20 noviembre de 1975)


…Llevamos 25 ó 30 siglos preguntando por qué. Hemos buscado palabras que saciaran nuestra sed de conocimiento y cuando nos han faltado las palabras nos las hemos inventado. Aún y con todo la mayoría de preguntas quedaban sin respuesta. ¡Eso no podía ser!; e inventamos la estadística para contestar con números a todas las cuestiones que no podíamos responder con palabras. ¡Bien está!. Seguimos sin saber absolutamente nada, pero al menos tenemos un número al que agarrarnos. Lo importante es tener una cantidad, una proporción, un porcentaje. ¿Qué es muy poco?, bien, pues acomodemos el mundo a la estrechez de nuestras miras; convirtámoslo en realidad mesurable; afirmemos que las cosas son lo que valen y nada más que lo que valen y que todo cuanto escapa a nuestras potencias cuantificadoras ni puede, ni tiene razón de existir. Y luego, como colofón a semejante egocentrismo, creámonos a pies juntillas toda esta consoladora macro invención.

La Estadística, ciencia suprema, saber de todos los saberes, medida de cuanto es, criterio de lo que puede o no existir; ella nos somete a la tiranía de la exactitud, con su pragmática vacuidad, aburrida como una ostra birmana en periódo de lactancia.

Estadística: palabra mayor. Estadística; que viene de status , "estado", "estadio", o sea un peldaño del ser; parada y fonda en el "estar", que es un devenir. Estadística: ciencia que fija el continuum numérico; que aprisiona en los límites de la lógica ese flujo indefinido multiforme y caprichoso que es la vida. "Ser viviente, ser moviente", decían los clásicos pero por muy clásico que uno sea el contenido del aforismo sigue siendo inútil. Lo que busca la ciencia es fijeza, estabilidad, valor, unidad, ley general; es decir, status.

De la misma raiz semántico-metafísica procede también "Estado", en terminología política. Ahora nos aseguran que debemos estar orgullosos de que el progreso humano haya acabado por fin con la monstruosa concepción del Estado que ha regido el curso de la Historia. Pero esto es una soberana falacia. El Estado moderno y civilizado del primer mundo encubre al Monstruo. Es un monstruo positivo, universal, tecnológico. La divinización de la Democracia y esa fé irracional en sus dogmas, fe de la que Occidente presume, es la que está escribiendo el guión de un futuro cuyo estreno es inminente; una trama absurda, plana, monocorde como un burócrata de provincias; una obra macabra en la que el papel que interpreta el Estado es el de un simple encauzador de desequilibrios humanos. ¡Encauzador de desequilibrios humanos!. ¡Terrible!. Así nos lo venden y así tragamos. Pobrecito, el Estado; antes tan poderoso, y ahora…naufragando en la simpleza más ridícula y monótona. Han acabado por fin con el terrible Leviathan; ése que asustaba a las viejecitas con su cara llena de excrecencias; el horrible bicho que iba a tragarnos a todos, enteritos; metomentodo sediento de sangre humana…¿Y saben qué cosa nacida de la Madre Ciencia es la que han traido para suplantar al Monstruo?…pues bien, resulta que este nuevo Estado, tan justo, tan objetivo y tan buen encauzador de desequilibrios humanos, no es nada más que un sencillo mecanismo de contabilidad. ¡Terrible!. Le han puesto cara de ángel y ahora ya no molesta. Come hortalizas, bebe horchata y procura pasar desapercibido, temeroso de que cualquier anciana centenaria, armada con un bastón le muela a palos para escarnio de su orgullo. ¡Terrible!. ¡Mil veces mas terrible que el Leviathan!. Un Estado matemático, dedicado por entero a computar y cuya única arma es la Estadística: ¡y aún hay quien grita "albricias"!. ¡Terrible,terrible!. ¡Que no os venza la inconsciencia!. ¡Resistid como punks!. ¡Rebelaos!. ¡Negad el sistema, siquiera sea con berridos!. ¡No lo toleréis!. ¡La inocencia de la criatura es pura ilusión!. La revolución, la primera y única y gran revolución solo se producirá cuando la gran masa acéfala y gris de las clases medias se agite por sí misma. Mientras tanto no nos quedan mas que consoladoras intentonas.

Por que ese Estado ya está aquí. No hay mas que observar cuidadosamente las formas que va adoptando. ¿Qué es un Estado?: básicamente, los Presupuestos generales, o sea, dinero, cantidad, números…¿Y cual es su función?: equilibrar, quitar de aquí para poner allá, o sea, cálculo, mesura (o desmesura, por supuesto). Por tanto, la esencia de esa abstracción amorfa que es el Estado moderno es la de una entidad numérica sometida a las leyes de la aritmética.

Y para dar consistencia a semejante vacuidad, el gobierno de turno aporta la parte material y humana (¡oh, humana!, ¡suena bien!). Puro artificio, porque lo que legitima a un gobierno para ejercer el poder no tiene nada que ver con lo humano: no es una ideología teórica; no es algún modo especial de poseer la verdad, o al menos una mínima representación de la misma, no; ¡es un puro y duro porcentaje de votos!. Más Estadística…Cada voto es un "Sí, quiero". Pero lo que hay detrás de ese "sí", no es la voluntad de un hombre en concreto, con un nombre, con unos apellidos y con una historia, eligiendo la opción que según su juicio se aleja menos de la verdad; tras ese "sí" no hay más que un número que se añade a otros números. Más Matemática…Pero, ¿cómo se gobierna?. ¿Es al menos el hombre quien ejerce el poder?. Gobernar es regir, regular, aplicar reglas, o lo que es igual, leyes. Ahora bien las leyes hay que aprobarlas porque si no valen menos que el teatro de Muñoz Seca. Y las leyes se aprueban en votación numérica. Una proposición se convierte en ley, no por su contenido, sino en virtud de una mayoría, aunque sea de idiotas. Más números…

Y luego está el ciudadano, que, parézcale justa o no esa ley, está en la obligación de cumplirla. Pero no quieran ver en esto un preclaro ejemplo de moral kantiana (El deber por el deber es una reliquia que conservamos en nuestra memoria y que no sirve para otra cosa que no sea ocupar espacio). Si hay que respetar esa ley es porque hay 138 señores que dijeron que sí y 97 que dijeron que no. Más cantidad…Y eso si, procuren cumplir con ella si no quieren que caiga sobre Vds. todo el peso de la Justicia. La Justicia…pero, ¿qué es la Justicia?. Pues la justicia es un aparato punitivo traducido a un sistema de compensaciones. Tal es el delito; tal es el castigo. Todo se mide en años de pena, en cantidades indemnizatorias, en "cálculo moral". Matemática, números, cantidad, estadística, estadística…

¡Hombre!, dirán, pero el ciudadano es además persona. Su vida debe consistir en algo más que en cumplir con este Estado-calculadora (porque a esto no se le puede llamar Sociedad, Comunidad, Organización humana, ni nada parecido). Acepto la objección. Es más: me resisto a negar totalmente la individualidad de cada cuál y me aferro con tesón a creer en un pequeño resquicio de libertad personal, pero…

…el Estado es algo monstruoso y su aparato también

 

Krakow, 20 de Noviembre 1975