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El Eternauta - 002

 

Pórtico Luna

¡Bienvenidos, queridos lectores, a una nueva entrega de El Eternauta, la columna crítica sobre los medios de comunicación!

Quienes se atrevan, suban al barco de la agonía para iniciar este viaje más allá del umbral del dolor.

¿Cúal es la propiedad más valiosa en todo el mundo en la Era de la Información?

A la espera de que las hordas neoliberales se decidan a privatizar el aire que respiramos, como en Desafío Total, parece que algunos le han echado el ojo a un aperitivo casi igual de jugoso: el espectro radioeléctrico.

Como ya dijimos en la entrega anterior, el espectro radioeléctrico es limitado: no puede albergar un número infinito de señales. Por tanto el gobierno asume su administración como bien común, regulando su uso y explotación comercial.

O así era hasta ahora.

Porque lo cierto es que el sistema vigente, con todos sus defectos, como la concentración de licencias en unas pocas manos, o el abuso de los radiodifusores públicos, al menos tenía la virtud de reconocer que el espectro radioeléctrico era propiedad común, sujeto por tanto a las políticas que decidan los ciudadanos. Y eso es exactamente con lo que quieren acabar.

El 7 de Febrero de 2001, 37 de los principales economistas norteamericanos, entre los que se incluían seis ex-funcionarios de la FCC ( Comisión Federal de Comunicaciones, el organismo que regula las comunicaciones en todos los Estados Unidos ), firmaron una carta conjunta en la que pedían que la FCC permitiera la compraventa del espectro radioeléctrico que actualmente alquilan las empresas de comunicaciones al Gobierno de los Estados Unidos.

Según denunciaba el presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas de Washington D.C., Jeremy Rifkin, en el artículo La venta del siglo, publicado el pasado sábado 5 de Mayo en El País, dicha carta forma parte de un plan de más amplio alcance.

Rifkin aseguraba que hay en marcha una iniciativa destinada a arrebatar el control sobre el espectro radioeléctrico a los gobiernos para entregárselo a las grandes corporaciones multinacionales de las telecomunicaciones.

"Imaginemos un mundo en el que un puñado de conglomerados de medios de comunicación como Vivendi, AOL-Time Warner, Sony, Telefónica, AT&T, BSkyB, Disney, Fininvest, Deutsche Telekom y News Corporation fueran literalmente los dueños de todas las ondas en todo el planeta y comerciaran con ella como propiedad electrónica inmobiliaria privada", decía Jeremy Rifkin en su artículo, y desgranaba las evidentes consecuencias para el conjunto de la población mundial y el interés común de tamaña barbaridad.

Como también señalaba en su artículo, no es esta la primera ocasión en que lo intentan y ya hace unos años se planteó algo similar desde una fundación conservadora próxima al ex-portavoz de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich.

En aquella ocasión, los planteamientos demasiado extremistas de la Fundación para el Progreso y la Libertad (es su nombre, os lo juro) fueron descartados incluso por el mismo Partido Republicano. Pero ahora, sólo un mes después de la toma de posesión de George "Cara de Cuero" Bush, la carta de los 37 economistas ha llegado a la FCC y los de la Fundación para el Progreso y la Libertad han retomado la ofensiva.

En un artículo aparecido en el Legal Times y reproducido en la web de la fundación, Randolph J. May, miembro senior y director de estudios de Política de Comunicaciones de la Fundación para el Progreso y la Libertad de Washington D.C., bajo el título "A leaner FCC" ("Una FCC más liviana"), carga contra la supuesta ineficacia de la regulación gubernamental de las ondas y alaba las virtudes de la mano invisible del mercado como la mejor reguladora de los usos del espacio radioeléctrico.

"La FCC," - sentencia May- "no acierta a reconocer que la competición ha suplantado la necesidad de muchas de las actividades regulatorias de la agencia, y consecuentemente, la necesidad de mucha de su plantilla reguladora.". Continua May con el argumento obvio de que mucho ha cambiado desde la creación de la FCC en 1934, cuando solo tenía que vigilar a AT&T y Western Unión "bajo principios de utilidad pública diseñados para asegurar que las tarifas fueran justas y razonables" y a un puñado de estaciones de radio con licencia para usar el espectro radioeléctrico "sólo si la comisión determina que ese uso sea en interés público.".

Siguiendo la ya conocida cantinela de que la FCC se ha convertido con los años en un leviatán que ha acumulado poderes que no le correspondían y se ha vuelto demasiado pesada y lenta para ser eficaz en la era de la información, May propone no su reforma, sino su virtual extinción; y con ella, la de cualquier autoridad pública sobre las telecomunicaciones.

"Los mercados competitivos no necesitan agencias gubernamentales que actúen como habilitadores de mercado. No tenemos una Comisión Federal de Juguetes o una Comisión Federal de Automóviles para habilitar los mercados para juguetes y coches."

Muy cierto. Casi inobjetable... Casi. Porque lo cierto es que la Primera enmienda no protege el derecho a comprar un juguete o un coche, pero si a la libre expresión y a la creación de los medios para hacerla efectiva. Y dado que la capacidad del espacio radioeléctrico no es infinita, se impone algún tipo de regulación ( algún tipo, no tiene porque ser el vigente). Pero lo que propone el ilustre Randolph J. May, miembro senior y director de estudios de Política de las Telecomunicaciones de la Fundación para el Progreso y la Libertad ( ¡ja! ), no es otra cosa que dejar el espectro radioeléctrico en manos de quien más pague por él. Y estaréis de acuerdo conmigo en que no empezamos con buen pie si para hacer uso del derecho a la libertad de expresión, primero tienes que pagar por el éter por el que viajará tu mensaje.

Y llegado este punto, os estaréis preguntando perplejos: "¿pero acaso no es esto ya así? ¿No están las ondas ya en manos de empresas privadas que pagan una fianza por la licencia?

Si. Y no. Es cierto en España, donde aunque el espectro radioeléctrico es considerado bien público y administrado por las administraciones como tal, se ceden las licencias a operadores privados para su explotación comercial a cambio de una cantidad ridícula, mientras decenas de asociaciones y colectivos solicitan infructuosamente un mínimo espacio en el dial para ejercer su derecho a la libre expresión.

Pero aunque cueste creerlo, venía siendo la situación muy distinta en Estados Unidos, donde la FCC tiene la obligación de reservar el 20% del espacio radioeléctrico (o de la capacidad del cable) para uso de la comunidad. Es lo que se llaman espacios de Acceso Público, gracias a los cuales florecieron en los Estados Unidos las radios libres antes que en ningún otro país.

Y eso es lo que ahora está en peligro. Pero no pensemos que sólo es algo que les afecte a ellos. No dudéis ni por un instante de que si Randolph J. May, la Fundación para el Progreso y la Libertad, "Cara de Cuero" Bush o los 37 sabios economistas se salen con la suya, todos iremos detrás.

"Cuando las barbas de tu vecino veas pelar..."

 

El Eternauta