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Le llamaban Pedro Jota (IV)

 

Pórtico Luna

¿Qué se debe sentir cuando está rozando el cielo con la punta de los dedos y de repente te encuentras al pie de la montaña?

Se sienta lo que se sienta, debe ser muy parecido a lo que sintió Pedro J. Ramírez cuando a principios de 1989 fue despedido de Diario 16.

¿Acaso no había salvado el periódico? ¿Acaso no lo había convertido en un referente de la prensa española con sus exclusivas? ¿Acaso no tenía entre las manos una importante investigación que apuntaba hacia el Ministerio de Interior?

Pues eso; que no hacía falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que había tocado un nervio.

¿Cómo ocurrió realmente? Probablemente ya nunca lo sabremos. Tras el fallecimiento de Juan Tomás de Salas en Agosto del 2000 sólo nos queda la versión de Pedro J.

Según este, Juan Tomás de Salas recibió una llamada de la Moncloa exigiendo la cabeza de Pedro J. por "terrorista"; y siempre según Pedro J., esgrimiendo amenazas lo suficientemente convincentes como para conseguir su objetivo. Pedro J. nunca ha desvelado la naturaleza de tales amenazas, pero bien podrían guardar relación con los problemas financieros del Grupo 16.

El caso es que el cese de Pedro J. le costó a Juan Tomás de Salsa perder algo más que su director: También le costó enfrentarse con su hermano menor, Alfonso, reputado gestor y que él mismo había introducido en el negocio editorial.

Prácticamente se fueron los dos juntos de Diario 16, y prácticamente desde ese día comenzaron a poner en marcha El Mundo.

Para aquellos que no lo sepan, fundar un periódico y mantenerlo no es nada fácil hoy en día. No ya por la gran inversión que requiere ( imprentas, ordenadores, oficinas, papel, periodistas...) sino por la saturación del mercado publicitario.

Ningún periódico se sostiene con las 150 pesetas que vale cada ejemplar.

Es decir: los periódicos no viven de los lectores. No. Viven de los anunciantes.

Por supuesto, cuantos más lectores tiene un periódico, más anunciantes tiene. O eso dice la teoría, porque lo cierto es que buena parte de los ingresos corresponden a publicidad institucional o de grandes empresas públicas. Y aunque no es de buen gusto hablar de ello en el sector, es conocido que esta se usa como mecanismo de financiación de los medios afines al gobierno de turno.

El mercado de periódicos en Madrid ya estaba copado por El País, ABC, Diario 16 y Ya.

Así pues, Pedro J. y Alfonso de Salas lo tenían bastante crudo para convencer a los bancos para que financiasen un nuevo periódico.

Desde finales de los 80 hasta 1991, nacieron y se hundieron sucesivas cabeceras: desapareció El Sol, pese a estar respaldado por el sector guerrista, (recordemos que entonces Alfonso Guerra era aún el todopoderoso vicepresidente del gobierno); El Observador, impulsado por Lluís Prenafeta y Convergencia Democrática de Catalunya; El Independiente, de Pablo Sebastián...

Pero Pedro Jota tenía confianza en su propio proyecto. No se trataba de un nuevo periódico. Se trataba del mismo Diario 16 que había estado haciendo durante 8 años con éxito. Se trataría de continuar allí donde lo habían dejado.

Tendría el mismo director y uno de los editores. Contaría con Umbral, los humoristas Ricardo y Nacho, su investigador estrella Melchor Miralles y muchísimos de los periodistas con los que había trabajado en Diario 16.

Pero seguía teniendo un problema de dinero. Quien luego sería su némesis, Jesús Polanco, cuenta que por aquel entonces, fue a verle Pedro Jota para pedirle que participara en El Mundo con el argumento de que barrería a Diario 16 en un año, librándole de la molesta competencia para El País que él mismo había levantado.

Finalmente, El Mundo apareció en Octubre de 1989 figurando como fundadores Pedro José Ramírez, Alfonso de Salas, Balbino Fraga y Juan González.

Pero desde el primer día flotó sobre el nuevo periódico la sombra de un supuesto accionista fantasma.

Fantasma al que muchos ponían nombre: Mario Conde.


El Eternauta