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Carnaval, carnaval

 

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Viejas glorias del izquierdismo sesentayochesco, por poner un ejemplo, me han comentado que para ser una militante de base lo que tendría que hacer es vivir consecuentemente. Yo, que la única base que considero es la del maquillaje, me pregunto dónde encuentran esas personas un hueco en el mundo que les permita llevar a cabo esa consecuencia.

¿Se imaginan?... Es como convertirse al vegetarianismo y no poder hincarle el diente, nunca más, a un sabroso bocadillo de jamón serrano. O como ser humano y no poder imaginar. O como ser joven y no poder cometer errores. O como hacerse mayor y seguir pensando lo mismo que en la adolescencia ( si usted está en cualquiera de estos casos, o en alguno parecido, algodoncito y gel desmaquillante, ¡rápido! ).

Quizás lo mejor sea construirse un decálogo propio y ser intransigentes en esos diez puntos. Según las prioridades de cada cual, la base del maquillaje de nuestra militancia se apoyará sobre los tonos opacos y ocres de una colección de marcas registradas de moda industrial de unos grandes almacenes, sobre los matices color tierra y anaranjados de los titulares de los medios de comunicación de masas o sobre los  rosados púrpuras de un comportamiento social que cuaje, más o menos, con las ideas que propagamos (lo cual podría acabar en paranoia, si no nos cuidamos de salirnos de madre alguna vez).

Tal vez lo mejor sea tirar a la basura ese decálogo. Y de paso, atreverse a usar un negro o azul intenso para los ojos, con los que ver la parte oscura de las cosas (que la tienen), un verde azulado en unos labios cuya lengua viperina se atreve a decir lo que suele omitirse y purpurina provocativa para divertirnos en una fiesta de la vida que, de otro modo, prometería sumamente aburrida.

Todo el mundo, se supone que a través de la experiencia, acaba diseñando un código de valores propio con el que salir a la calle sin sentirse desnudo. Pero, ojo, hay quienes se aferran a ese disfraz con desesperación y además pretende que los demás no somos auténticos si elegimos otro. "Auténtico", qué palabra más absurda en este carnaval urbano.

El consejito de belleza de hoy: No se avergüence de su máscara, no hay quien no la use. Pero eso sí, hágame el favor, elija lo más extravagante y espectacular que vea, ser una fotocopia no es glamuroso, ya sabe que van perdiendo calidad a medida que van reproduciendo el original, y no están los tiempos como para que siga ocurriendo tal cosa. Diviértase, experimente, sea como quiere ser y, a ser posible, cuando abra el baúl de los disfraces, no vaya a por el uniforme. Hay más opciones.