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Antena 3: ¡No hacer prisioneros! (y 5)

 

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Las primeras escaramuzas de la Guerra del Fútbol proporcionaron momentos inimaginables unos meses antes, con dos periódicos ideológicamente afines como El País y El Periódico atacándose fieramente en sus respectivos editoriales. Los medios de Polanco hacen uso de su estrategia favorita: airear los problemas económicos del Grupo Zeta, hasta entonces algo desconocido para el gran público. En efecto, el holding empresarial de Asensio, en el que se mezclaban las empresas de comunicación, editoriales y constructoras, había acumulado una importante deuda y de repente, aparecer como el Polanco del PP no le debió parecer mala idea, para bochorno de empleados suyos como Franco (Antonio), que se encontraron de repente en la misma trinchera que José María Aznar y recibiendo el "fuego amigo" de Prisa.

Todo cambio la Nochebuena de 1996, cuando en una cena secreta, Polanco y Asensio sellaron la paz en un pacto que conmovió los cimientos del mundo de la comunicación en España. Básicamente, Asensio se pasaba con armas y bagajes (esto es, sus derechos sobre el fútbol) al enemigo. A cambio, conseguía el efectivo que necesitaba para enjugar sus deudas y mantener a flote su imperio editorial y de TV... por el momento.

El llamado Pacto de Nochebuena cogió con el paso cambiado al resto de los participantes. De repente, se habían quedado sin el gancho más atractivo ( o eso creía ellos) para conseguir abonados. Y por si fuera poco, Canal Satélite Digital, la plataforma de televisión de pago de Polanco, empezó a emitir casi enseguida, aprovechando la tecnología del antiguo proyecto Cablevisión (abortado por la Comisión Europea por considerar que abusaba de posición dominante), el fútbol en monopolio (que gestionaban Pisa y Asensio a través de Audiovisual Sport), y la cartera de clientes de Canal Plus, a los que se ofreció todo tipo de facilidades para pasarse a la nueva plataforma (a eso se le llama mercado cautivo).

El Gobierno, como era de esperar, sufrió un ataque de cuernos, y reaccionó con la denominada Ley del Fútbol, que venía a declarar el fútbol materia de "interés general" y a regular el uso de los derechos de transmisión, en un intento desesperado de dar cancha a la plataforma Vía Digital, ahora impulsada casi en solitario por Telefónica. En aquellos días, semejante injerencia mereció las críticas unánimes de la prensa e incluso el grupo Prisa lanzó una efectiva campaña de victimismo que parecía revivir la época del diario Madrid, dinamitado (literalmente) por el régimen franquista.

Sin embargo, la experiencia posterior parece haber avalado aquel primer intento de regulación, aunque por motivos espurios, en vista de la multitud de directivas y regulaciones para la protección de la competencia que se han adoptado en toda Europa para prevenir el surgimiento de nuevos casos como el de Berlusconi o Rupert Murdoch, que empezaron efectivamente por monopolizar un segmento de la oferta para luego extenderse a todo tipo de ocio.

De todos modos, con el Pacto de Nochebuena, Asensio se despidió de la posibilidad de convertirse en el empresario mimado del PP y en poco tiempo los problemas económicos volvieron a apretarle. Su nuevo socio, Polanco, se ofrecía a comprarle la joya de la corona del Grupo Zeta, El Periódico de Catalunya, el más leído de esa comunidad y altamente rentable. Semejante operación hubiera puesto en manos de Polanco casi el 90% de la opinión pública catalana (ya posee una participación en La Vanguardia y la edición catalana de El País es el tercer periódico más vendido, por delante del nacionalista Avui.), pero se le adelanto Juan Villalonga, el flamante presidente de Telefónica, que había iniciado una arriesgada política de compras con vistas a dotar de contenidos tanto Vía Digital como su portal de Internet, Terra. Siguiendo la estela de AOL al comprar Time-Warner, Telefónica había comprado Pearson (editora del Financial Times y propietaria de Recoletos, editora a su vez del diario económico Expansión.) y la productora holandesa Endemol (propietaria del formato Gran Hermano) por un precio exagerado incluso en aquella época de vacas gordas. Pero el gran movimiento llegó el 24 de Julio de 1997 cuando le compró a Antonio Asensio su participación en Antena 3.

Se supo entonces que Asensio había estado violando la ley de Televisión privada al controlar, mediante testaferros, más de un 25% del capital de la emisora. Para no violar a su vez esa ley, Telefónica llegó a un pacto de sindicación con el BBVA y el BSCH  por el que los bancos se comprometían a comprar una parte de las acciones con opción a revenderselas a Telefónica una vez la ley hubiera sido cambiada. Y por supuesto, con el gobierno favoreciendo la operación, la ley se cambió y se eliminó el tope del 25% (lo que de paso favoreció también a Silvio Berlusconi, que por fin podría aparecer de nuevo como el propietario real de Telecinco).

Para su proyecto, Villalonga apenas realizó cambios respecto a la anterior etapa, salvo en los servicios informativos, a los que dio un sesgo más progubenamental fichando a Alberto Sáenz de Buruaga, el primer director de Informativos de la televisión pública bajo gobierno del PP.

Pero con el estallido de la burbuja bursátil en 2000, la política de compras de Villalonga se vio cuestionada en la propia Telefónica y, peor aún, en el gobierno. En Moncloa no había sentado muy bien que Villalonga se tomase ciertas libertades negociando con Polanco una posible fusión de Vía Digital y Canal Satélite (el negocio no había resultado tan lucrativo como había podido parecer y se resentía de los altos precios que se había pagado por los contenidos). Otras fuentes aseguraban, en cambio, que Ana Botella, al esposa de Aznar, católica devota, no había visto con buenos ojos el divorcio de Villalonga de su primera esposa, amiga suya, para casarse con la viuda de Emilio Azcarraga, El Tigre, dueño del imperio Televisa en México.

Así que ese mismo año, Cesar Alierta sustituía a Villalonga al frente de Telefónica y empezó a poner orden en las cuentas, minimizando perdidas y deshaciéndose de los ambiciosos planes multimedia de su predecesor. Así, el 16 de Junio de 2003, vendió Antena 3, que comprendía también las emisoras de radio de Onda Cero, a Planeta-DeAgostini, la mayor editorial española y que llevaba ya unos años intentando montar un grupo multimedia. Con Planeta, aterrizó como Consejero Delegado Maurizio Carlotti, el antiguo hombre fuerte de TeleCinco. Con el nuevo propietario, vino la reestructuración. Sin el músculo financiero de Telefónica, se hacía necesario adelgazar la plantilla y reducir costes, lo que se tradujo en multitud de despidos, incluidos los de algunas de las caras más reconocible de la cadena durante años, como Olga Viza o Pedro Piqueras.

Poco a poco, Antena 3 fue recuperando terreno hasta llegar finalmente, a disputar en rediñísima competición con TeleCinco y TVE, el primer puesto del ranking de audiencias.

¿Será este el último cambio enla agitada historia de Antena 3?