corner
a
 



 

 

 

 
Le llamaban Pedro Jota (II)

 

Pórtico Luna

En nuestra anterior entrega de El Eternauta nos quedamos en 1980, cuando Pedro J. Ramírez se hace cargo de Diario 16 con sólo 28 años, lo que inevitablemente ha de acarrear efectos secundarios sobre el ego del sujeto.

En 1980, los propietarios de Cambio 16 decidieron aprovechar el tirón de la revista como estándarte de la apertura para impulsar un nuevo periódico que contaría con las firmas de prestigio que ya tenían en nómina.

Sin embargo, el proyecto parecía gafado desde el principio. A la fuerte compertencia que suponía El País como órgano de la izquierda, se sumó la perdida de su primer director nada más empezar la andadura.

Le sustituyó Miguel Ángel Aguilar, que aportó un tono decididamente íncisivo, pero escorado al populismo, lo que le restó prestigio a los ojos de la intelectualidad de izquierdas.

En los meses en que Miguel Ángel Aguilar se mantuvo al frente de Diario 16 no consiguió captar al público que leía la revista y dilapidó el crédito que esta se había granjeado al escoger un formato muy parecido al de los tabloides sensacionalistas, con titulares inmensos y abundante material gráfico. No sólo eso, sino que los malos resultados del lanzamiento estuvieron en el orígen de los problemas financieros que a la postre acabarían con el Grupo 16.

Cuando despidieron a Miguel Ángel Aguilar, Diario 16 vendía 15000 copias y los hermanos Juan Tomás y Alfonso de Salas decidieron concederle la oportunidad al joven Pedro Jota de poner en práctica sus teorías sobre el periodismo de investigación y la prensa como contrapoder.

Y Pedro Jota decidió que si Diario 16 parecía un tabloide, lo sería con todas las consecuencias.

Los titulares a cinco columnas y con toda la intención del mundo se convirtieron en marca de la fábrica. También importó de E.E. U.U. el fenómeno del director con personalidad propia, que aparecía en radio y televisión, dando su propia opinión.

Frente a periódicos más despersonalizados, Diario 16 era un producto con la marce Pedro Jota escrita por los cuatro costados. Su huella era reconocible en la composición, los titulares, los editoriales, y por supuesto, sus columnas.

Y funcionó. Las ventas empezaron a subir como la espuma.

En aquella época empezaron sus contactos con la alta política. Se declaraba seguirdor del líder liberal Joaquín Garrigues-Walker, que infructuósamente intententó levantar un partido liberal y que finalmente fue fagocitado por UCD. Trás su muerte prematura, su hermano Antonio heredaría el proyecto e impulsaría los Clubes Liberales, donde Pedro Jota conocería a futuros prohombre como Pedro Pérez, productor cinematográfico y primer presidente de Vía Digital (plataforma de televisión de pago impulsada por Telefónica), o Florentino Pérez, constructor y presidente de cierto club de fútbol.

Pese a ser un liberal convencido y no ocultar sus simpatías por UCD, da cobijo en Diario 16 a numerosos escritores de izquierdas, llegando a arrebatarle a El País su columnista estrella, Francisco Umbral.

Pero pese a todo, tenía una espina clavada.

Aún no había encontrado su Watergate particular.


El Eternauta