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MALA EDUCACIÓN

 

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Las buenas notas no son sinónimo de buenas maneras. Las mejores escuelas no enseñan a ser mejores personas. Las carreras son maratones de obstáculos más que caminos hacia el conocimiento. Y de la misma forma que la buena educación esconde muchas veces las peores intenciones, las personas maleducadas resultan de lo más divertido y epatante en según qué ocasiones.

La educación docente y familiar es, sin duda, básica, esencial, importantísima. Pero, ¿quién educa al educador?, ¿quién me puede asegurar que aquella persona que se me presenta como guía se ha tomado la molestia de educarse a sí misma antes de decirme cómo debo hacer las cosas? Ah, ahí reside, queridos y queridas amantes de la estética como resultado de un refinado trabajo de estilismo del alma, el mayor conflicto humano de la historia. El ser humano se ve antes capaz de enseñar a otros que a sí mismo, pues esa es una elección mucho más ardua que aprenderse de memoria un libro y luego hacer un resumen para el examen.

¿Se imaginan un test en el que las preguntas fueran, en vez de datos y más datos, puras reflexiones? No, porque quién corrige encontraría acertadas las que coincidieran con su propia opinión. Y así sucesivamente. Propongo un cuestionario que suba nota en la escuela de la vida: ¿has cometido algún error alguna vez?, ¿qué has hecho con él; te lo has comido, lo has modelado, lo has tirado a la basura o has intentado que no vuelva a ocurrir?, ¿sabes distinguir entre tu ombligo y el de los demás?, ¿confundes la autoestima con el orgullo, la humildad con la falsa modestia?, ¿sabes dar y recibir amor?, cuando miras por encima del hombro, ¿lo estás haciendo hacia los demás o es tu pequeño ego el que, asustado, reclama tu atención desde el suelo?

¿Pasaríamos la selectividad?

¿Dónde se aprende a contestar con sinceridad todas estas preguntas?

¿Es imprescindible para vivir saber alguna cosa más que los nombres de los ríos?

¿Qué maestro es más estricto, justo, severo, ecuánime que un espejo mirado con realismo?

El consejito de belleza de hoy: consígase uno que no deforme, que no engrandezca ni empequeñezca, que no esté distorsionado por los complejos, la vanidad ni la indulgencia. Y véase. Si usted decide, en ese momento, salir corriendo, ha suspendido. Si decide ponerse manos a la obra, está usted entre los escasos miembros de una extraña Universidad en la que todos los profesores llevan su cara. Felicidades.