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Crisis en los quioscos

 

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Hay quioscos por doquier (y papelerías y librerías que venden revistas) bien surtiditos de arriba abajo con sus estanterías y pinzas de las que cuelgan llamativas portadas a color. Son tantos los productos que muchas veces no caben en tan escuetas estructuras y hay que aprovechar la acera para colocar aquí y allá enormes plafones de cartón que encierran curiosos cachivaches con sus correspondientes mini fascículos, o películas en DVD. Una se para a mirar y se encuentra en el paraíso del coleccionismo, el no va más del porno, el último grito en compra y venta de vidas ajenas, la churrería de las noticias diarias.

Hay revistas sobre informática, consejos de salud y belleza, música de los 40 principales, reseñas de best sellers, estrenos de cine, moda con marca registrada, los mil usos de la marihuana, cotilleos a doquier, curiosidades sobre el cerebro humano, famosillas en pelotas, estadísticas económicas o astrológicas, historias de griegos, romanos, egipcios…hay de todo, oigan, manga, pasatiempos, sensacionalismo, prensa de todos los colores; del rosa al amarillo.

Con tanta oferta una se descoloca. A ver, ¿qué quiero? En principio, una revista. Vayamos descartando. Primero las de precio elevado, que para eso me compro un libro. Si hoy no me apetece informarme ni entretenerme mirando hacia un solo lado, descartemos también todas aquellas que se especialicen en un tema concreto, por muchas vueltas que le den. Obviaremos también a la prensa rosa, que ya la ojeo en casa de mi abuela. Y menos mal que no soy una adolescente, porque de un solo vistazo aparto las revistas pretendidamente juveniles, menuda bazofia para mentes curiosas ávidas de respuestas. Quitaremos los periódicos, siempre puedo ver el informativo televisado (total, las noticias son las mismas). ¿Qué más? Pues poco queda. Me falta algo. Tengo morriña. O un antojo. ¡Necesito una revista interesante! Con buenos artículos, firmados por alguien que no forme parte de ese aburrido círculo de periodistas y escritores progres que necesitan pagar facturas. Con recomendaciones de películas, de libros, de teatro, que no haya visto antes en las miles de vallas publicitarias que me acechan. Con entrevistas a gente cuyas vidas no estén secándose en el tendedero y cuyas obras no me sepa de memoria. Si me hablan de moda, de psicología, de inventos, del mundo, que lo hagan sorprendiéndome, por favor, que no me traten como si fuera imbécil o como si fuera una profesora de periodismo que va a ponerle mala nota si no usa "batalla campal", "escenario dantesco" o cualquier otro tópico. Necesito una revista interesante. Con chicha, contenido, algo que me sacie el apetito.

Me voy con las manos vacías. Tal vez en la red encuentre algo que llevarme al gaznate del intelecto. O tendré que pasarme por algún lugar en el que los fanzines asomen entre los posavasos.

El consejito de belleza de hoy: el quiosco está en crisis, señoras y señores, y lo que es peor, si el quiosco, aún así, está lleno, ¿de qué viven todas aquellas personas que no escriben en esas publicaciones? Misterio a resolver. Si a usted no le parece que le toman el pelo y además tiene en su poder una revista que reúna todo lo que pido, póngase en contacto con una servidora y hágame llegar el nombre de tal publicación, será el remedio milagroso que me haga recuperar la confianza en la creatividad y el buen hacer de quienes rellenan las páginas que abultan en los respetabilísimos quioscos que salpican de colorido una ciudad tan gris.